Siguiendo la actual dinámica, el consumo de energía en la edificación aumentará en un 50% para 2050. Sobre todo para satisfacer la demanda de habitabilidad de la población mundial: se calcula que en menos de 40 años, la población mundial crecerá de los 7.200 millones de habitantes a los 9.000 para 2050, “un aumento equivalente a la suma de las poblaciones de China e India”, destaca el informe. Este crecimiento de población se dará sobre todo en ciudades y en los países en vías de desarrollo: 8 países, 6 de ellos africanos, como Nigeria, Tanzania, Congo, Níger, Uganda, Etiopia o India, entre otros. También en Estados Unidos. A su vez, esto requerirá ampliar el número de hogares hasta los 3.200 millones en 2050, aumentando el parque de viviendas hasta los 300.000 millones de metros cuadrados, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (IEA) de 2013. A su vez, el área edificada para edificios de servicios (no residenciales) se estima que aumentará un 70% respecto la superficie actual, cercana a los 38.000 millones de metros cuadrados.
Según apunta Albert Cuchí, presidente del WSB14 Barcelona y autor del informe, el sector de la edificación ha ido mejorando mecanismos para paliar “las repercusiones ambientales de la edificación desde su trabajo cuotidiano”, a través del uso de nuevos materiales, medidores de calidad ambiental, estándares de construcción y medio ambiente o gracias a su adaptación a las condiciones locales de cada zona. Sin embargo, se plantean dudas sobre si esa velocidad de cambio es suficiente para los retos globales. Mientras que aumentar en 2ºC la temperatura global sería el “escenario deseable”, apunta Cuchí que, de seguir tal y como estamos actualmente, la temperatura aumentará 6,8ºC. Por eso, el punto de partida del congreso surge de la cuestión ¿Nos movemos todo lo rápido que deberíamos?
Aunque debamos esperar hasta la celebración del congreso para poder dar respuesta a esta pregunta, no hay duda de que el crecimiento de la población y, por consecuencia, del consumo, puede tener efectos devastadores para el clima global. El informe cifra en un 40% el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero ligados al sector de la edificación. Sin embargo, el sector de la construcción no sólo demanda energía para las actividades sociales que se desarrollan en los edificios, sino que también lo hace a través de la manufactura de los materiales para tal edificación. El estudio apunta a que esta demanda puede suponer la emisión de media tonelada de CO2 por metro cuadrado. A su vez, cabe destacar que la demanda de materiales, los procesos de construcción y de urbanización o la demanda local de recursos para usar en edificios generan importantes alternaciones en el entorno, el paisaje, los recursos, demandando grandes cantidades de agua, y los ecosistemas.
Por todo ello, el informe considera al sector de la edificación esencial para dar respuesta a los retos globales relacionados con el cambio climático, la accesibilidad de energía, el crecimiento de la población o la pérdida de la biodiversidad a escala mundial. “Estamos trabajando a corto plazo y debemos levantar la mirada porque, tal y como estamos avanzando, no respondemos a los retos globales”, apunta Cuchí. En este sentido, es necesaria una visión global para adecuar las estrategias para paliar sus efectos negativos sobre el planeta, adecuándolas a nivel regional y siguiendo la máxima de “pensar globalmente, actuar localmente”.
Las soluciones: eficiencia energética y cambio en las fuentes de energía
En este contexto, el informe apunta a dos estrategias principales para paliar las consecuencias del sector: la eficiencia energética y el cambio en las fuentes de energía. De hecho, se estima que se podría reducir un 24% la demanda de energía en la vivienda y un 27% la demanda en edificios de servicios gracias a la implementación de estrategias de eficiencia energética. Algunas de estas pasan por la optimización del diseño de los edificios, informándose de las oportunidades a nivel local, adaptar cada lugar a sus condiciones sociales o integrando sistemas de eficiencia energética en los edificios. Según indican, si nuestras viviendas fuesen de “clase A”, nos ahorraríamos 15.000 millones de euros al año, “la cantidad exacta que el gobierno recortó el pasado año en materia de educación y sanidad”. El cambio hacia la eficiencia energética, según indican, también implica “redefinir nuestras necesidades considerando los recursos. Por tanto, no es una cuestión solamente de ingeniería y de máquinas, sino de mucho más”.
En relación al cambio en nuestras fuentes de energía, el informe aboga por una "descarbonización” de nuestra “dieta”, abandonando el uso de combustible, desde el carbón hasta el gas natural, y redirigiendo la producción de energía hacia las renovables y los recursos de cero emisiones. En este sentido, destacan la necesidad del sector de cooperar, reduciendo sus demandas de energía al medio ambiente.
Con todo, cubrir las mejoras ambientales necesarias supondría una inversión de 31 billones de dólares de los cuales 19 se destinarían al sector residencial y 12 al sector servicios. A su vez, esto podría generar 10 millones de puestos nuevos de trabajo.