Y es que, tal y como indica el Panel Internacional sobre Cambio Climático, las construcciones residenciales y comerciales contribuyen con cerca del 25% de las emisiones globales de CO2 cada año. El problema es que la mayoría de ellos son viejos e ineficientes en cuestiones térmicas, y cerca del 60% de los edificios actuales estará aún aquí en 2050, condenándonos a esta ineficiencia por décadas.
Como derrumbarlos a todos y comenzar de cero no es una opción, modernizarlos -agregando dispositivos y tecnologías de gestión que ahorren energía- es la única alternativa. Hablamos de reformar los edificios íntegramente dotando a su arquitectura y la diseño de una funcionalidad ecológica más allá de la estética, pero también de generar energía mediante la instalación de paneles solares o triple vidrio para un mejor aislamiento, pasando por reducir el consumo doméstico de energía a través de sistemas de calefacción e iluminación más eficientes.