El costo
En un país con grandes deficiencias en salud pública y educación, que –de momento– se hayan destinado unos 11.000 millones de dólares para organizar la Copa del Mundo es visto como una broma de muy mal gusto. Por si fuera poco no se han respetado las partidas originales, y en algunos casos se ha gastado dos o hasta tres veces más de lo previsto. Esta cifra todavía puede aumentarse si contemplamos la construcción de estructuras temporarias en torno a los estadios.
La presentación
Alberto Almeida, experto en opinión pública del Instituto Análise, asegura que el gobierno no supo ‘vender’ el evento a los ciudadanos: “La presidenta Dilma (Rousseff) tendría que haber defendido continuamente la Copa en Brasil, explicando por qué es buena para el país: da visibilidad, va a traer turistas, ha generado empleos…". En vez de eso, argumentó la celebración del torneo haciendo referencia a la pasión de los brasileños por el fútbol y alegando que ésta sería la “Copa de las Copas”.
La FIFA
Muchos brasileños se han crispado en exceso en vistas de la actitud del máximo órgano del fútbol internacional con su país: el secretario general de la FIFA, Jerôme Valcke, declaró hace un año que Brasil necesitaba “una patada en el trasero” para acelerar todo el proceso preparatorio. La indignación aumentó cuando la FIFA exigió a las autoridades sudamericanas que permitieran excepcionalmente la venta del alcohol en sus estadios, atendiendo así a los intereses de una empresa cervecera patrocinadora. La sensación de que el Mundial se estaba organizando dando prioridad a los negocios se extendía: “Ser ‘el país del fútbol’ no significa ser sumiso a la FIFA”, declaró a la BBC Jose Sergio Leite Lopes, antropólogo brasileño que ha escrito sobre fútbol y clases sociales.
Los precios
Aunque la FIFA asegure que se trata de la Copa del Mundo con “las entradas más baratas de la historia”, seguramente no sea suficiente en un país cuyo salario mínimo equivale a unos 226 euros. "La gran mayoría de los brasileños que querían asistir a la Copa no puede", afirmó Christopher Gaffney, profesor visitante de la Universidad Federal Fluminense que investiga el impacto urbano y social de macroeventos deportivos.
Todo esto ha contribuido a que una parte de la sociedad brasileña vea la Copa como un espectáculo inaccesible desde el punto de vista financiero y potencialmente negativo para sus bolsillos, concluye la BBC.
Los transtornos
Las obras que ha provocado la llegada del Mundial, junto a la celebración de los Juegos Olímpicos en 2016, han alterado la vida de muchos habitantes de ciudades sede. "Los brasileños están bien ambiguos sobre la realización de la Copa porque están viendo sus ciudades totalmente modificadas para beneficio de otros", dijo Gaffney.