La respuesta está en el hielo: los hidratos de metano, un hidrocarburo diferente a todos los que conocemos, se presentan bajo profundos lechos marinos como cristales de hielo con gas metano natural encapsulado en su interior. Se forman por una combinación de bajas temperaturas y alta presión, y se encuentran principalmente en los bordes de las plataformas continentales donde el lecho marino se precipita abruptamente hacia el profundo suelo oceánico, tal como explica la BBC.
Chris Rochelle, del Servicio Geológico Británico, asegura que de esta energía hay más reservas que de petróleo, carbón y gas juntas: al bajar la presión y subir la temperatura el hidrato se descompone en agua y mucho metano (para hacernos una idea, cada metro cúbico en combustión libera 160 metros cúbicos de gas). El problema viene a la hora de extraer esta fuente de las profundidades marinas: estas plataformas oceánicas obligan a operar a bajas temperaturas y a una presión extremadamente alta. Además, corremos el riesgo de desestabilizar el lecho marino, lo que podría provocar deslaves submarinos.
Esta práctica tiene mucho camino por delante, y todavía hay que indagar en todos los posibles escenarios que nos podemos encontrar. Pero hay una cosa está clara: el peligro fundamental que comporta la extracción de metano es, precisamente, la fuga del gas. Éste es 30 veces más dañino que el CO2 para la capa de ozono, de modo que si no se controla puede tener consecuencias devastadoras para el medio ambiente.
Al mismo tiempo, la naturaleza del fenómeno quizás nos permitiría matar dos pájaros de un tiro: una forma de extraer el metano atrapado en el hielo es inyectando CO2 para reemplazarlo, lo que podría ser una solución al problema de cómo almacenar de forma segura este gas de efecto invernadero. También se podría dar el caso de no llegar a tiempo, y que el calentamiento global haga que suba la temperatura del agua: el deshielo liberaría el metano encapsulado y éste aumentaría todavía más la calidez del océano, que a su vez liberaría más gases.
En definitiva, que la energía oculta en el hielo puede ser la gallina de los huevos de oro o la Caja de Pandora, depende de cómo avancen los acontecimientos. Estados Unidos, Canadá y Japón ya han invertido millones de dólares en la investigación y han realizado varios proyectos de prueba. Corea del Sur, India y China, por su parte, también están analizando cómo hacer uso de sus reservas.