12/03/2014 12:46:37

Mil millones de personas permanecerán en la absoluta miseria si no se hace nada

Un informe alerta que las iniciativas para reducir la extrema pobreza son insuficientes

En 2030 habrá mil millones de ciudadanos viviendo en la extrema pobreza si los países no se centran en las desigualdades ni combaten los problemas sociales, económicos y culturales que bloquean su escape o hacen recaer a los que se han conseguido librar.

Hay mucha gente capaz de superar el umbral de la pobreza (cifrado en 1,25 dólares al día, poco más de 90 céntimos), pero la fragilidad de su situación hace que cualquier episodio de sequía, enfermedad, inseguridad o conflicto les sumerja otra vez en la miseria, según afirma el informe de la Red Asesora de la Extrema Pobreza (CPAN, en sus siglas en inglés) “Camino a cero extrema pobreza”. El rotativo británico The Guardian publica que durante la primera década del siglo XXI, en algunas partes de Kenia y Suráfrica el 30-40% de los que escaparon de la pobreza volvieron a caer en ella. El porcentaje todavía es más alarmante en Etiopia (60%) e incluso en algunos países con un mayor índice de desarrollo, como Indonesia o Vietnam, donde esta regresión incumbe a una de cada cinco personas.

En el informe se nos presenta a Amín, de 61 años, proveniente de una zona rural de Bangladesh, que ha visto disminuir radicalmente su calidad de vida debido a su enfermedad y la de su esposa, a la boda de su hijo y la muerte de su padre. También conocemos a Lovemore, un zimbabuense de 74 años que habiendo perdido su trabajo se ha convertido en uno de los más pobres de su pueblo. Por si no fuera poco, debe cuidar a sus cinco nietos desde que sus hijas fallecieron.

Andrew Shepherd, investigador en el Instituto de Desarrollo de Ultramar (ODI) y autor principal del informe, alerta que demasiadas familias están dando dos pasos adelante y uno hacia atrás: “tenemos que asegurarnos que las personas que salen de la pobreza se mantengan por encima del umbral de ésta de forma permanente”. También critica que los gobiernos se conformen con que los ingresos de alguien superen los 1,25 dólares al día.

Podemos enderezar el mal camino
La ONU considera que la coyuntura actual puede permitir que se cumplan los objetivos de desarrollo del milenio: eliminar la pobreza extrema para el año 2030 está a nuestro alcance. Sin embargo, si seguimos como hasta ahora no vamos a conseguir nada. Es cierto que la pobreza extrema ha caído de casi 2.000 millones a 1.200 en dos décadas, pero, como asegura el informe, el progreso en los próximos quince años será mucho más difícil.

El informe aboga por un cambio de pensamiento global: tendríamos que centrarnos en la pobreza crónica –aquellos que son pobres durante muchos años o toda la vida–, y procurar su descenso. Shepherd explica que la acción de los gobiernos ha consistido en sacar de la miseria las personas que estaban justo por debajo de la línea de la pobreza, lo cual es relativamente fácil. “Pero se han negado –añade el investigador– a afrontar la pobreza crónica”. Es por eso que desde CPAN se propone un plan de acción con los objetivos definidos: hacer frente a la pobreza crónica, detener el empobrecimiento y mantener los escapes de la pobreza. Destacamos un trío de políticas que requieren una inversión global masiva.

La primera es la asistencia social, para que las personas más pobres puedan tener un nivel de vida digno (como un programa implantado en Etiopía que permitió que miles de familias vulnerables resistieran la sequía sin ver recortado su gasto en educación). La segunda es la educación desde la niñez hasta la edad de trabajar, una herramienta que permite escapar de la pobreza y mantenerse por encima del umbral. Por último destacan las políticas de crecimiento económico pro pobres, las medidas que aseguren que los beneficios de aumentar la prosperidad nacional llegarán a los más necesitados.

“Tenemos que generar empleo decente y no trabajo precario”
Explica Andrew Shepherd que el crecimiento económico es muy importante, pero no cualquier tipo de crecimiento: “tenemos que generar no sólo empleo sino empleo decente, en vez de trabajo precario y mal remunerado”. El informe evidencia que la actuación que se debe llevar a cabo requiere una altísima inversión económica, y es que actualmente muchos países en vías de desarrollo invierten menos de 360 euros al año en cada uno de sus ciudadanos. También sostiene que de abordar las desigualdades que afectan a las personas más pobres se podrían matar dos pájaros de un tiro: se reduciría tanto la pobreza crónica como la desigualdad.
Finalmente, los autores instan a los gobiernos a establecer un plan nacional de desarrollo inclusivo para no plantarnos en 2030 con mil millones de personas en la extrema pobreza sin esperanza alguna de salir de ella.

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