Un sistema laboral flexible debe facilitar, entre otros, el cambio de los trabajadores de una actividad económica a otra rápidamente y a un coste bajo, algo muy necesario en tiempos de crisis, a la vez que debe permitir que los salarios fluctúen. Un mercado de trabajo eficiente también tiene que ofrecer incentivos para que los empleados desarrollen todas sus capacidades y puedan ascender en sus carreras profesionales y velar por retener a las personas con talento.
Muchos países de la UE-28 no destacan por una excesiva eficiencia de sus mercados laborales, aunque hay excepciones notables. En la lista de los diez primeros países sólo figura el Reino Unido, entre los europeos, siendo Singapur, Suiza, Hong Kong y los Estados Unidos los mejores. Estonia, Dinamarca, Irlanda, Suecia y Finlandia están entre los veinte primeros, mientras que los Países Bajos, Luxemburgo y Letonia ya se quedan entre los treinta mejor clasificados. Alemania ocupa el puesto 41 y Austria el 42. De ahí ya pasamos a Bélgica (64), Francia (71) y Hungría (85), entre otros.
A pesar de las reformas laborales realizadas en España, el ranking del Foro Económico Mundial nos coloca en el puesto 115, una de las peores clasificaciones entre los países de la Unión Europea. En España no funcionan bien, según este ranking, ni la cooperación entre empresarios y trabajadores, ni la flexibilidad en la fijación de salarios, ni el despido, ni la relación entre paga y productividad, a la vez que la economía española no es capaz ni de retener a los talentos ni de atraerlos. El hecho de que por detrás de nosotros figuren Portugal, Grecia e Italia no puede servir de consuelo en un país con un nivel tan elevado de paro.