En su opinión, “mientras que el comportamiento del español medio ha sido cívico, el de los intelectuales, basado en una visión a corto plazo, dominada por la ideología y la anécdota personal, ha sido muy poco razonable”, y de ahí que, según Gomá, se necesite una visión culta que, “no consiste en saber historia, sino en tener una conciencia histórica capaz de relativizar todo lo humano y crear un mundo simbólico propicio a la convivencia. A partir de esta conciencia histórica, el ensayista y director de la Fundación Juan March constata que “hay razones para creer que vivimos en el mejor momento de la historia universal. El progreso moral vivido desde hace quinientos años nos obliga a pensar así, el estado de Derecho, de bienestar, la igualdad, la democracia…”.
“La democracia precisa una visión culta —continúa—, es el gobierno de la imperfección, de lo contingente y lo relativo, que precisa de un corazón educado que comprenda que no existen verdades absolutas, que todo es falible”. Por eso, para Javier Gomá, es vital formar los anhelos y desterrar el actual sentido existencial de la democracia: “Educar el corazón es reconciliarse con la imperfección propia y ajena, no podemos proyectar sobre las instituciones algo que no dan, no pueden ni deben dar”.