La sensación de que Río+20 sería decepcionante surgió desde el inicio desde su inicio, el pasado miércoles. En cuanto empezó a circular el texto final, “El futuro que queremos”, afloraron las opiniones de que más que unos objetivos innovadores que marcarían el desarrollo sostenible mundial, se trataba de una versión muy similar a la aprobada en la Primera Cumbre de la Tierra de 1992. “Un acuerdo es mejor que un fracaso”, declaraba a Libération Brice Lalonde, coordinador de la Conferencia para la ONU.
El texto elaborado por Brasil subrayaba la necesidad de adoptar una convención para la protección de los oceános, el 45% de la superficie del planeta, cuya biodiversidad no está protegida por ninguna norma. Pero los Estados Unidos, Canadá, Japón, Rusia y Venezuela no aprobaron el proyecto.
Desde el presidente de la ONU, Ban Ki-Moon, hasta los representantes nacionales como la ministra de ecología francesa, Nicole Bricq, han señalado que el texto es poco ambicioso.
Decepción y rabia entre las ONG
“Las palabras no bastan”, afirmó ayer en Río la Red Acción Climática, que agrupa a 600 ONG mundiales, entre las que se cuentan Oxfam, WWF y Greenpeace. Las organizaciones no gubernamentales está profundamente decepcionadas y consideran que los líderes mundiales “han dado una nueva definición de hipocresía”, según recoge The Guardian.
“Esperábamos una conferencia sobre la vida, sobre el futuro de nuestros hijos. Y hemos tenido una demostración de burocracia de la ONU”, declaraba paraLibération Lasse Gustavsson, director ejectivo de WWF. Los Estados han ido a Río “con las manos vacías, sin dinero ni compromiso”, afirmaba Daniel Mittler de Greenpeace. “Culpan a la crisis de que no haya dinero para el desarrollo sostenible, y aunque nos prometieron ‘El futuro que queremos’ (título del documento final), continuaremos siendo una máquina contaminante que destruirá el planeta, vaciará los océanos y desforestará las selvas amazónicas”, añade Mittler. Por su parte, Barbara Stocking, directora ejecutiva de Oxfam, denuncia que los países ricos no hay mantenido sus promesas de ayudar económicamente a los países que lo necesitan. “Los líderes políticos tienen los medios de reconstruir la confianza creando una tasa sobre las transacciones financieras y dedicándola al cambio climático y al desarrollo”, apunta Stocking.
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