Estos datos de la OIT suponen que 3 de cada 1000 personas en todo el mundo se encuentran en situación de trabajo forzoso. La mayoría (un 90%) trabajan para la economía privada, con una presencia notable de la explotación laboral con fines sexuales (4,5 millones de personas afectadas) y fundamentalmente para la agricultura, la construcción y el trabajo doméstico (14,2 millones de personas afectadas).
Según declaró la directora del Programa Especial de Acción para Combatir el Trabajo Forzoso de la OIT, Beate Andrés, “hemos recorrido un largo camino en el curso de los últimos siete años, desde cuando presentamos las primeras estimaciones sobre el número de personas en trabajo o servicios forzosos en todo el mundo. También hemos progresado en asegurar que la mayoría de los países tengan una legislación que penalice el trabajo forzoso, la trata de seres humanos y las prácticas similares a la esclavitud”.
Aunque su incidencia sea mayor en los países empobrecidos, los trabajos forzosos también existen en las economías desarrolladas. En la Unión Europea hay al menos 1,5 millones de trabajadores forzados, y los países de Europa Central, europa Sudoriental y la Comunidad de Estados Independientes registran 1,6 millones más.
Andrés señaló que la atención internacional debería dirigirse hacia una mejor identificación y persecución del trabajo forzoso y de los delitos relacionados, como la trata de seres humanos. “Aún es complicado tener éxito en un proceso judicial contra individuos que ocasional tal sufrimiento a tantas personas. Esto debe cambiar. Debemos garantizar que el número de víctimas no aumente durante la actual crisis económica, en la cual las personas son cada vez más vulnerables a esta práctica nefasta”.