“La crisis en el Congo es peor de lo que ha sido en años”, explica para The Guardian un consejero político de Oxfam en Goma, Samuel Dixon. “La actividad de los grupos armados se ha incrementado, y están sembrando el caos entre la población local. Algunas localidades son acosadas por varios bandos, lo que supone que puede haber hasta cinco grupos luchando por el poder”.
Según informa The Guardian, las luchas entre el ejército (FARDC) y un grupo de amotinados liderados por el fugitivo y criminal de guerra Bosco Ntaganda ha aumentado exponencialmente desde abril. Las milicias que participan en los enfrentamientos también incluyen a otros grupos como el FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda). “La población está sufriendo una violencia extrema, se enfretan al riesgo de masacre, violación, abducción, mutilación, trabajo forzado o extorsión. En menos de dos meses, más de 100.000 personas se han visto obligadas a huir”, afirma Dixon.
Acnur ha denunciado que miles de refugiados están llegando a Uganda, donde los grupos armados también han forzado a muchas personas a desplazarse. Melissa Fleming, portavoz de Acnur, ha declarado que la mayoría de los desplazados dicen haber sufrido extorsión, trabajo forzado, reclutamiento forzado de menores o palizas. Los cooperantes declaran que la inestabilidad dificulta las tareas de ayuda y provisión de alimentos y medicamentos a quienes más lo necesitan, que se refugian en lugares remotos y casi inaccesibles.
El motín en North Kivu es sólo una parte del contexto de inseguridad que ya vivía el Congo. Sin embargo, el hecho de que el ejército se haya desplazado para combatir al grupo de amotinados ha provocado que otros grupos armados quieran ocupan el vacío dejado por el ejército. A pesar de las voces que alertaban sobre el peligro de que el ejército congolés atacara a los grupos armados, Naciones Unidas apoyó la actuación y se enfrenta ahora a la controversia.