Según los investigadores del NIH, de las 1.437 muestras de fármacos antimaláricos analizados en el Sudeste asiático, un tercio no superó los análisis químicos, casi la mitad no estaba correctamente empaquetado y el 36% era falso. En África se analizaron 2.634 medicmentos, de los cuales más de un tercio no tenía la calidad adecuada y el 20% se correspondía con falsificaciones.
Aunque desde finales del año pasado la cifra de víctimas y pacientes de la malaria parece reducirse, el número de personas que presentan resistencias al tratamiento está aumentando. Esto se debe a que la creciente cantidad de fármacos que no cumplen los estándares de calidad “suponen una amenaza urgente para las poblaciones más vulnerables, y ponen en peligro el progreso y las inversiones para luchar contra la malaria”, afirma un artículo de The Lancet Infectious Diseases.
Los fármacos contra la malaria suponen un cuarto del consumo total de medicamentos en los países en los que la enfermedad es endémica, según recoge el diario El Mundo. Por ello, muchos países los adquieren en las compañías farmacéuticas establecidas en China o India, donde los autores del estudio sugieren que las leyes son más laxas y los controles poco habituales. Para los autores, el problema reside en que grupos criminales de estos países se estén dedicando a la falsificación de fármacos, ya que los incentivos económicos superan los riesgos de su fabricación y venta. La calidad de estas falsificaciones varía, pero suele realizarse etiquetando de nuevo medicamentos caducados o adulterando otros con sustancias inactivas o tóxicas.