En Barclays, los accionistas abuchearon al director general, Robert E. Diamond Jr., en la reunión anual de la organización, aunque luego sólo el 26,9% votó en contra de que su retribución salarial ascendiera a los 29 millones que se habían propuesto.
El 50% de los accionistas de Aviva también han votado contra el plan retributivo de la compañía. El director ejecutivo, Andrew Moss, había intentado calmar los ánimos renunciando a un 4,8% de su remuneración de 960.000 libras anuales. Pero los accionistas también estaban molestos con el salario pagado al director ejecutivo de la compañía en Reino Unido, Trevor Matthews, que se incorporó en diciembre con un sueldo de 720.000 libras y ese mismo mes recibió un bono de 45.000 libras.
La normativas estadounidense y británica aprobadas en 2011 establecen la obligatoriedad de que las empresas permitan a sus accionistas votar sobre la compensación de sus ejecutivos por lo menos cada tres años, en lo que en el mundo anglosajón se llama `say-on-pay´. Sin embargo, los comités de dirección pueden hacer caso omiso de esas votaciones, puesto que no son vinculantes.