El CEO de la compañía, Andrew Moss, trató de apaciguar a los accionistas renunciando a un aumento del 4,8% de su sueldo, cifrado en 960.000 libras esterlinas anuales, es decir, más de un millón de euros. Pero esto no fue suficiente para evitar una revuelta de accionistas por las remuneraciones que se atribuyen los gestores.
Por ejemplo Trevor Matthews, que lidera la empresa en el Reino Unido, y al que se le pagaron 578.000 euros en efectivo y también 2,5 millones en acciones para asegurar de la aceptación de su nuevo empleo. De momento, la votación en la Junta General de Accionistas no es vinculante pero los propietarios están mandando un claro mensaje de aviso a los gestores de Aviva.
Los inversores en otras empresas también han expresado su descontento hacia grandes recompensas en ejecutivos de los que se esperaba un mayor rendimiento. Por ejemplo, más de un tercio de los accionistas de UBS votó en contra de su reciente política de remuneración, mientras que en Barclays poco más de un cuarto rechazo los planes de la entidad bancaria.