“Durante el año 2008 hubo poco cambio en este ámbito y sólo un 25% de empresas aumentaron su compromiso con la RSE”, ha asegurado Carreras, quien apunta que la responsabilidad social empresarial “ha aguantado con entereza en un complejo escenario económico y, aunque también le ha afectado, las empresas que llegaron a la crisis con una RSE estratégica y fuerte, la siguen teniendo”. Según el directivo de ESADE, “las empresas han invertido sobre todo en medioambiente, porque es el factor con mayor retorno a corto plazo”.
Igansi Carreras ha aportado una visión pragmática del papel del liderazgo responsable en las empresas y la competitividad que promueve la responsabilidad. Para el director del Instituto de Innovación Social de ESADE “las responsabilidad social avanza por muchos factores, pero sólo un buen liderazgo es capaz de unir responsabilidad con competitividad”.
Carreras ha afirmado durante su ponencia que “estamos en la gran década de alcanzar la absoluta conciencia de la responsabilidad social”. Sin embargo, durante mucho tiempo ha habido una gran cantidad de publicidad engañosa alrededor de la responsabilidad social, que según el directivo “ha generado una importante desconfianza en la sociedad hacia las empresas”.
En un contexto como el actual, “de una grave crisis económica que está desvirtuando los valores fundamentales de la sociedad, es importante el esfuerzo que empresas, líderes sociales, económicos y políticos pueden aportar para recuperar estos fundamentos”. En este sentido, Carreras afirma que algunos de los argumentos fundamentales de la responsabilidad “son la transparencia y crear un círculo de confianza”, y que las empresas, a través de la responsabilidad, “están generando un importante desarrollo social y económico que repercute en todas las escalas”.
La responsabilidad social y la competitividad dentro de la empresa
Ante esta apuesta, cada vez mayor por parte de todas las compañías, Carreras afirma que “la RSE supone una transformación del modelo actual, a través de la generación de valor económico de forma compartida con el valor social”. Ante un interés cada vez mayor y presión por parte de los ciudadanos y consumidores, ha crecido también la regulación en este ámbito.
Así, tal y como ha apuntado Carreras “una parte de la RSE está relacionada con el compromiso social y medioambiental; y un segundo pilar tiene que ver con la competitividad que ha movido a las empresas a la filantropía y a mover la autorregulación e incorporar medidas relacionadas con la eficiencia, el gran activo de la RSE, que genera beneficios de responsabilidad a corto plazo”.
En este sentido, el directivo apuesta por un liderazgo responsable apto para generar competitividad. De esta manera, según Carreras, “estos líderes cuentan con varios activos: la capacidad de generar visión para crear valor económico, social y medioambiental; la capacidad de promover cambios internos y externos; la capacidad de lograr victorias a corto y largo plazo; y la capacidad de promover la transparencia y rendir cuenta de los resultado generados”.
Ante la afirmación de que cambiar es complejo, Carreras ha apuntado que “dos terceras partes de los cambios que impulsan las compañías no llega a ser exitoso porque no se introducen en la cultura de la propia empresa”. La respuesta a esta evidencia pasa según Carreras por “asegurarse que las personas vean claro el objetivo que se persigue; aportar formación, recursos y herramientas para alcanzar este destino; y otorgar reconocimiento y recompensas”.