En diciembre, la Comisión Europea estableció que las empresas europeas que exportaran sustancias susceptibles de utilizarse en una inyección letal debían asegurarse de que no fuera así. Por su parte, otros productores como la estadounidense Hospira y la india Kayem Pharmaceuticals también retiraron sus productos del mercado para evitar suministrar fármacos que se utilizaran en ejecuciones.
Según informa BBC Mundo, diversas investigaciones sugieren que la pena de muerte es mucho más cara para los contribuyentes que la cadena perpetua, debido sobre todo al largo proceso legal que conlleva. Es el caso de un informe publicado en 2009 por el Centro de Información de la Pena de Muerte (DPIC, en sus siglas inglesas). Este estudio afirma que la pena de muerte en los Estados Unidos es un programa muy costoso sin beneficios claros: “Todos los estudios sobre el coste de la pena capital concluyen en que es mucho más cara que un sistema con la cadena perpetua como máximo castigo. Además, teniendo en cuenta la situación económica de crisis, es apropiado considerar si mantener el costoso sistema de la pena de muerte es inteligente”.
En Estados Unidos, la pena de muerte se aplica en 35 estados. Según Amnistía Internacional, en la década de 2000 a 2009 hubo una media de 59 ejecuciones al año, de las que Texas, Virginia y Oklahoma acaparan más de la mitad. Actualmente, sólo 16 estados han abolido esta ley. Aunque los críticos de la pena capital la califican como un proceso legal bárbaro y anticuado, no correspondiente al sistema legislativo sofisticado de la que se define como la primera democracia del mundo, todas las revisiones de la pena que se han generado se focalizan exclusivamente en la cuestión económica. Richard Dieter, director ejecutivo del Centro de Información sobre la Pena de Muerte en Washington D.C., declaró a la BBC que “en un análisis costo-beneficio, la balanza se inclina en contra del mantenimiento de la pena capital”. Probablemente, la actuación de la Comisión Europea y otras empresas farmacéuticas del resto del mundo no pretendían generar un debate económico, sino ético.