Según recoge BBC, la imagen verde que algunas petrolíferas se habían forjado podría desmoronarse a causa de la situación económica mundial y los crecientes precios del crudo, a pesar de que las petrolíferas aseguren estar invirtiendo en nuevas tecnologías y prácticas más limpias. Además, muchas organizaciones medioambientales sostienen que a las petroleras, que en su opinión no pueden ser ecológicas, ya no les preocupa presentarse como sostenibles, sino como generadoras de empleo e impulsoras de la economía.
Cuando la opinión pública comenzó a percibir las consecuencias de la dependencia de los hidrocarburos para la producción de energía, las petroleras empezaron a limpiar su imagen. BP se definió como “Beyond Petroleum” (más allá del petróleo) en lugar de British Petroleum, y comenzó a invertir en biocombustibles y energía solar y eólica. Shell también trató de expandirse hacia las energías renovables. Por su parte, el Instituto Estadounidense de Petróleo (API), publicó una lista de principios medioambientales para guiar a sus empleados en la búsqueda de mejores prácticas. Según recoge BBC, un documento sobre la inversión ambiental del API pone de manifiesto que la industria petrolera estadounidense ha invertido 209.000 millones de dólares desde 1990 en mejorar el rendimiento ambiental de sus instalaciones.
Las organizaciones medioambientales critican que “la industria petrolera quisiera que creyéramos que se están volviendo más cuidadosos y limpios, pero esa industria es inherentemente contaminante, no puede dejar de serlo si sigue quemando productos cuyos gases salen a la atmósfera”, explicó para BBC Kert Davies, director de investigaciones de Greenpeace. Davies añadió que las políticas ambientales de las petrolíferas serán positivas si implican una reducción de los gases emitidos, pero señala que las actuaciones realizadas por estas compañías no son más que una apariencia de sostenibilidad. Así, explica que las petrolíferas han bloqueado en varias ocasiones los esfuerzos por la estandarización de los productos verdes. “Bajo esos estándares, los bitúmenes de Canadá recibirían una calificación menos por ser tan contaminantes”.
En su opinión, a las petroleras ya no les importa tener esta imagen verde, pues en el actual ambiente financiero, donde el interés por la protección ambiental disminuye, les resulta más rentable lanzarse como creadoras de empleo y motor económico.
De hecho, Shell está a punto de perforar tres pozos en el mar de Chukchi, en Alaska. Según informa Greenpeace, esta perforación será devastadora. La cantidad hipotética que Shell puede encontrar alcanza para abastecer la demanda mundial de tres años, pero es extremadamente peligroso, sería fatal para el cambio climático y podría evitarse si fabricaran más vehículos eficientes. Se trata, además, de unos pozos especialmente difíciles de perforar, de los que si se perdiera el control sería prácticamente imposible frenar el vertido o recuperar el crudo, ya que no pueden usarse barreras ni otros métodos conocidos.
Por otra parte, no hay capacidad suficiente para una respuesta rápida en caso de vertido, ya que la disponibilidad de naves en el Ártico es mucho menor que en otras zonas del globo. Además, la falta de luz solar en invierno y el frío extremo son factores que influyen negativamente sobre la velocidad de degradación del petróleo. Más de 20 años después del desastre de la Exxon Valdez en Alaska, todavía se puede encontrar petróleo entorno al Prince William Sound. Si además se tiene en cuenta el elevado precio de esta operación, parece dar la razón a las organizaciones ecologistas, que alertas sobre la posibilidad del completo fracaso de los dispositivos de seguridad de esta operación.