Este fenómeno se debe a que con la llegada de las vacaciones y la falta de políticas de Conciliación de la vida familiar, personal y laboral las familias se ven obligadas a contratar a profesionales para que acompañen y atiendan a sus seres más queridos.
La situación económica actual y el enorme desempleo que tenemos en nuestro país, hace que este fenómeno social se convierta en un auténtico yacimiento de empleo. De hecho, en la AESP (Asociación Española de Servicios a la Persona) abogan por un cambio en la situación laboral de los trabajadores que se dedican a los cuidados a la persona, ya que en su mayoría trabajan en economía sumergida.
Javier Benavente, presidente de la AESP y de Grupo Alares, afirma que “sería muy positivo que las autoridades prestaran más atención al enorme volumen de economía sumergida que existe en torno a los servicios a la persona. De ello dependería la posibilidad de crear empleo deslocalizable y aumentar la Calidad de Vida de las personas”. Prueba de ello es el estudio realizado por la asociación en 2010, donde se afirma que se podría llegar a crear hasta un millón de empleos si se trabajara para regular el sector de servicios a la persona.