Los caminos propuestos hacia esa meta requerirán cambios fundamentales en las estructuras de gobierno, recursos energéticos y planteamientos económicos, tanto en los negocios como en los comportamientos humanos.
Escasez de recursos y cambio climático, los principales enemigos
Está claro que por el camino que vamos parece un afán imposible llegar a una sostenibilidad y a una economía segura que conlleve un progreso social para todos, más bien tendimos a todo lo contrario. El cambio que se propone tendría que ser radical y debe empezar desde ya, para qué en el 2050 alrededor de 9 billones de personas puedan vivir bien dentro de los límites de un planeta sano. Los principales problemas que nos amenazan frente a este aumento galopante de la población y el abuso infringido al planeta, serán la escasez de recursos y el cambio climático.
Así mismo, hará falta también una mentalidad holística de interconexión entre varios temas fundamentales como el del agua, la energía y la comida, acompañada de una educación medioambiental a todos los niveles para que todo el mundo asuma el hecho de que no podemos seguir con este ritmo trepidante que nos lleva necesitar 2.3 planetas.
Ecología y sostenibilidad, las claves
Las nuevas oportunidades irán desde el desarrollo y el mantenimiento de un mundo bajo en carbono, a conseguir ciudades con emisión cero, una movilidad sostenible en el transporte, y la creación de infraestructuras que mejoren la bio-capacidad, los ecosistemas y las formas de vida de todos los habitantes del planeta. Esto implicaría una nueva agenda común para los líderes empresariales y políticos, que a partir de ahora considerarían la escasez de recursos y el cambio climático como un problema económico y no sólo como uno medioambiental.
El modelo de crecimiento económico deberá basarse ahora en el uso de recursos renovables y en el reciclaje, y en formas de hacer las cosas que nos lleven a una nueva raza verde, que respete las regulaciones del mercado en términos globales y la claridad en cuanto a beneficios y pérdidas, siempre sin perder de vista los límites reales de nuestro planeta. Mientras que es importante alcanzar convenios globales, también es necesario desarrollar políticas regionales, nacionales y locales, ya que la problemática causal y de impactos del cambio global varía a todas las escalas.
Hacia un nuevo modelo energético
Las líneas de actuación se encaminarían hacia conseguir una cantidad de energía suficiente y limpia para bajar la huella de carbono hasta lograr una reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero del 80%. Desde ahora hasta el 2050 las emisiones globales que provienen de este sector deberían reducirse a 14 gigatoneladas de CO2 por año, con un mix energético del 50% de energías renovables y un 25% respectivo para la nuclear y los combustibles fósiles, equipados además con mecanismos de captura y almacenamiento de emisiones a partir del 2030. Esto requería un consenso global con un precio fijado para las emisiones de CO2, la eliminación de subvenciones para los combustibles fósiles, y una regulación generalizada de normas para los que contaminen e incentivos fiscales para los más limpios y ahorradores.
Actores de cambio
Es evidente que las nuevas políticas del cambio global con importantes retos económicos y tecnológicos, deben también promover procesos educativos y participativos que incrementen la percepción social de la interrelación entre los ecosistemas y el bienestar humano. La educación medioambiental, tanto dirigida a los adultos como a los escolares, estrechará la brecha y mejorará las condiciones necesarias para alcanzar la sostenibilidad a través de un cambio profundo de actitud y estilo de vida. Está en nuestras manos que los tiempos que vienen cumplan la 'Visión del 2050' que propone el WBCSD o que una buena parte se quede en una mera utopía.