Al contrario que Alemania, que ha decidido adelantar el cierre de todas sus plantas nucleares, el Gobierno ruso apuesta por mantener en funcionamiento una generación de reactores nucleares iguales al que explotó en 1986 en Chernóbil.
En concreto, Rosatom, el grupo público que controla todas las centrales rusas, ha ampliado hasta los 45 años la vida útil de los once reactores de este tipo que hay en el país, pese a que los ingenieros de la Unión Soviética que los diseñaron establecieron en los 30 años su actividad máxima.
Cuatro de estos once reactores, conocidos como RBMK, están ubicados a menos de 80 kilómetros de San Petersburgo, con cerca de cinco millones de habitantes. Otros tres se encuentran cerca de la ciudad de Smolensk y cuatro en las proximidades de Kursk, informa el diario 'Expansión'.
La Unión Europa ha solicitado insistentemente a Rusia y a otras repúblicas exsoviéticas el desmantelamiento de todos los reactores puestos en marcha en tiempos de la URSS, particularmente los RMBK. Como resultado, Ucrania y Lituania han cerrado sus antiguas centrales, pero Rusia ha ignorado las advertencias.