Tras definir la responsabilidad social como “un acto de justicia social”, consideró que “hay una responsabilidad social de tipo decorativo, inspirada por actos de caridad, para obtener una adhesión del consumidor” pero que “se debe aspirar a la segunda etapa, la responsabilidad social como acto de solidaridad con la sociedad” a través de la responsabilidad financiera, con la sociedad y con el medio ambiente.
Iglesias reconoció el buen estado que atraviesa América Latina y consideró que se vive “la década de las oportunidades”, un momento que se debe aprovechar.
El jefe de responsabilidad corporativa y medioambiente de Iberia, Ignacio García-Sieiro, quiso aprovechar el foro para mostrar su disposición a la colaboración con México. Dado que la aerolínea apuesta por el uso de biocombustible para la aviación, siempre y cuando se asegure su suministro y sea rentable económicamente, y que “México tiene la posibilidad de convertirse en gran productor de biocombustible, Iberia estará abierta a todo tipo de colaboración”, si bien afirmó que “para lograrlo hay que apostar por alianzas público privadas”.
El embajador de México en España, Jorge Zermeño, consideró deseable “crear una segunda etapa donde empresas españolas aumenten su consolidación hacia un desarrollo económico”, ya que si bien la responsabilidad social “la tenemos todos”, “debe recaer especialmente en quienes generan riqueza” y recordó que España es el segundo inversionista extranjero en México con un monto superior a los 38.000 millones de dólares.
El vicepresidente comercial de Grupo Modelo, José Parés, destacó su deseo de “sumar esfuerzos con empresas españolas por ampliar recursos e impacto en nuestras intervenciones” y confió en que “tras un reconocimiento mutuo de compararnos como empresas y países, nazcan nuevos proyectos en el ámbito de la responsabilidad social”.
En opinión de Benita Ferrero-Waldner, presidenta de la Fundación Euroamérica, “para obtener prácticas responsables habría que desarrollar una serie de impulsos tanto en la sociedad civil como en políticas públicas, medios de comunicación, competencia, empleados y directivos”.
Una implicación de todos los agentes con la que coincidió Rosa Conde, directora de la Fundación Carolina, quien afirmó que “la responsabilidad social no es una moda es algo que ha venido a quedarse”, y recordó que “muchas empresas españolas obtienen sus beneficios de América Latina”.
Integración de los discapacitados
Durante el desarrollo de esta jornada, lapresidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de México, Rosario Green, reconoció el importante papel que han llevado a cabo las empresas españolas para introducir en el mercado laboral a las personas con discapacidad, “un contingente importante” y que lamentablemente en México “son consecuencia de discriminación”. “España está mucho más avanzada” mientras que en México “no hay conciencia social de las necesidades” mientras que en España “esta responsabilidad social ha sido ya asumida por las empresas”.
Así, pidió que las empresas españolas en México, que tienen esa experiencia, puedan intensificar su esfuerzo a partir de su experiencia, “que diferenciaría a la empresa española en México de las demás empresas y a la larga sería pionera”.
Por último propuso la construcción de un proyecto de desarrollo para las personas con discapacidad, en el cual además de empresas de España y México confluyan las agencias de cooperación de ambos países.
María Luz Rodríguez, secretaria de Estado de Empleo del Ministerio de Trabajo e Inmigración, aceptó el reto de Green y reconoció que “es verdad que poco a poco se han ido desarrollando políticas de inserción laboral en la empresa para discapacitados” y que “sería un placer incorporar las políticas públicas de inserción a las personas con discapacidad” al trabajo de colaboración que España y México llevan a cabo así como “contribuir a que las empresas españolas en México puedan llevar ese valor y esa política allí donde están arraigadas”.
Apoyo a la educación
En opinión de José Juan Ruiz, subdirector general y director de estrategia y análisis de la división América del Banco Santander, la responsabilidad social empresarial debe crear valor para el accionista, el empleado, el cliente y los países en los que se opera y que “tiene que tener un foco claro”, en su caso se han centrado en la educación, en las universidades”. A lo largo de 2010, Banco Santander ha invertido 100 millones de euros en su programa Universia, en el que “los protagonistas y propietarios son los actores”, de tal forma que “las universidades tienen la mayoría de los derechos, con alrededor del 80%”.
Esta idea de propiedad es “absolutamente esencial”, y que “los programas se involucren en las necesidades reales y que contribuyan a crear un bien superior”. Concluyó reseñando que hay que tener en cuenta algo muy importante en la responsabilidad social: “no hacer daño”, “comprometerse con el ejercicio del negocio a no generar daños, y es algo que hemos tenido muy presente”.
Antoni Ballabriga, director de responsabilidad corporativa de BBVA, destacó como importante eje de su actuación en México los programas de compromiso con la comunidad que se focalizan en el ámbito de la educación. Así, mencionó, el programa de becas “por los que se quedan”, que viene becando desde 2008 a 15.000 niños y niñas de colectivos desfavorecidos en comunidades migrantes en su ciclo de educación secundaria. En 2010 BBVA Bancomer invirtió en programas sociales cerca de 15 millones de euros.
En otro sentido y de manera más modesta, Manuel Arturo Soto, de la Fundación de Empresarios mexicanos en Guatemala, expuso su apuesta por las alianzas de la sociedad civil”. Así fue como nació Fundamex, organización benéfica que se dedica en exclusiva a mantener en Guatemala un colegio para niños sin recursos, “un ejemplo extraordinario con distintas alianzas” que se maneja con membresías, donaciones de toda clase o apadrinamiento de algún niño. “Estos jóvenes capaces van a ser una gran diferencia, es gente que no va a ser delincuente, que van a hacer un bien al país”.