Los invitados, en palabras del moderador, el profesor Antonio Argandoña, provenían de una empresa con vocación social, una fundación volcada en la promoción social y una fundación que tiene que funcionar como una empresa. Con este atractivo panorama, Sergio Loughney (Abertis), José Ignacio González-Aller (Codespa) y Manuel Almirall (Fundació Futur) plantearon los distintos enfoques de las relaciones y los mostraron con ejemplos concretos.
Sergio Loughney abrió su intervención explicando que una fundación dependiente de una empresa no está “para lavar la cara de la empresa”, sino que han de tener entre ambas una relación muy transparente. Un problema de las ONG es la falta de profesionalización, pero sin perder la vocación de voluntariado corporativo. Esta distinción voluntariado corporativo-profesionalización se quedó en el ambiente durante toda la sesión, pues nadie dudó de la dificultad de mantenerlos ambos sin que el crecimiento de uno afecte negativamente al otro.
José Ignacio González-Aller mostró cómo Codespa es una de esas “ONG profesionalizadas”, porque “la lucha contra la pobreza es una tarea en la que hay que estar muy preparado”. Codespa se dedica a promover el tejido económico en poblaciones extremadamente pobres, haciendo el papel de “inversores sociales”: canalizan “la generosidad de personas e instituciones” para sacarle el máximo rendimiento y lograr un retorno social importante.
A Manuel Almirall le costaba sentirse cómodo como empresa, pero igual de incómodo se sentía como ONG. En Fundació Futur se dedican a dar trabajo a gente que se encuentra en situaciones de exclusión social, y para esto, durante sus quince años de existencia, se han visto obligados a redescubrirse continuamente: confección, “restauración sostenible”, catering, comedor escolar saludable… Y también se han visto obligados a ofrecer algo más, a ir siempre un paso por delante: por ejemplo, ofreciendo un producto “ecológico, local y de temporada” hasta en un 50% de su oferta. Pero el problema es la falta de capital; al funcionar con criterios de empresa se autofinancian, no viven de subvenciones, como dice que hay otros en el sector que sí lo hacen.