09/05/2011 13:28:18

En France Telecom, `todo está pensado para destruir las relaciones humanas´

Un empleado de France Telecom explica el mal trato que reciben

Estuvo años sin hablar. Un nódulo de temor, angustia y vacío le obstruía cuerpo y alma. Su mutismo duró años pero hoy Joel Peron ya no tiene miedo. Quiere que conste su nombre, alto y en mayúsculas. Valiente, quiere dar a conocer qué pasa en las oficinas de France Télécom. `Soy responsable de mis palabras. Ya no tengo miedo´, confiesa el empleado al portal 'Elmundo.es'.

Este `casi prejubilado´ de 59 años se ha pasado media vida en los pasillos de la mayor operadora de telefonía de Francia. La misma que arrastra una lista negra de 60 suicidios, varios intentos fallidos y decenas de bajas laborales. La última víctima, Rémy L., la segunda en lo que va de año, fue compañero de Joel. Éste confiesa que pensó muchas veces en compartir el mismo destino.

`Hubo momentos en los que quise suicidarme. Sentía que no servía a nadie, que nadie me necesitaba. Pensaba que era un inútil que molestaba a todo el mundo y quería desaparecer, quitarme de en medio. Es una tortura mental, un proceso de destrucción espiritual que te corroe poco a poco, con reflexiones y malos pensamientos´, confiesa. Su infierno particular comenzó en 2005, ocho años después de que la empresa pública pasara a manos privadas.

De las privatización al `todo vale´
`Querían quitarse de en medio a los funcionarios del Estado, lastres para el crecimiento de la compañía´, explica el entonces jefe de un equipo de más de 10 personas que hoy trabaja en Bordeaux como empleado de almacén.

Primero le anunciaron que su puesto ya no existía y le ofrecieron uno como teleoperador. Tras la evidente negativa, le relegaron a un despacho, en el que se pasó meses solo, `sin puesto ni tarea´. `Fue la primera fase de un largo proceso de desvalorización. Estaba solo en un cuarto, no me daban trabajo y nadie venía a verme´, explica.

Aunque la alternativa a esa soledad, el contacto humano, tampoco era muy reconfortante. `En cada reunión con mi superior, éste me hacía sentirme desplazado, que ese no era mi lugar. Me decía que todo lo que hacía estaba mal. Después de años así, llega un momento en el que crees que no vales nada´, explica.

Después llegaron el infarto, una baja de más de 10 meses, los problemas en casa, la depresión, la petición de traslado `rechazada una y mil veces´ y la supresión de las primas y de los aumentos salariales. `Mi cuerpo reaccionó mal a todo eso. Es una tortura mental. Es un comportamiento criminal´, asegura.

Una lista negra de 60 suicidios
`Cada muerte es un golpe que no deja impasible a nadie. Tras el suicidio de Rémy muchos no pueden pasar por el edificio donde trabajaba ni por su mesa´. La que suscribe el testimonio prefiere guardar su anonimato. Conocía al último de la lista y, como él, ha padecido los métodos de gestión destructiva.

`Soportas desvalorizaciones y humillaciones constantes. En las reuniones te dejan en ridículo en público, haciéndote preguntas para pillarte y tendiéndote trampas. Mi superior me decía que todo estaba mal y cuando hacía algo bien se lo atribuía a otro´, narra esta veterana anónima con más de 20 años en la operadora.

Como Joel y `decenas de compañeros´, también ella tuvo que parar durante varios meses para desatascar el nudo que comenzaba a asfixiarla. `En todos los departamentos hay o ha habido bajas. El ambiente es pesado, las relaciones humanas malas. Muchos sufren en silencio, porque quejarse es ponerse en el blanco de la diana y convertirte en presa fácil´, explica.

Lo más difícil de llevar, para ella, es la soledad. Después de años de veneno esparcido, en los pasillos de France Télécom impera la ley del sálvese quien pueda. `Te sientes terriblemente solo. Cada uno va a lo suyo, hay poco apoyo y la gente no habla porque tiene miedo. Cuando llegas a un nuevo equipo hay desconfianza. Todo está maquinado para dividir y destruir las relaciones humanas, es un auténtico desastre´, confiesa.

Tiempo y paciencia
Esta enfermedad colectiva empezó a mostrar sus síntomas en 2008. La empresa, privatizada en 1997 y que cuenta con 100.000 empleados en Francia, suprimió 22.000 puestos de trabajo y se intensificó, según denuncian los sindicatos, "la política del beneficio a toda costa". Los trabajadores no asumen el cambio de rumbo: `Yo tengo compañeros que siguen sufriendo y están hoy como yo estaba hace años. Se necesitará mucho tiempo para que las heridas cicatricen´, explica Joel.

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