José Mª Tortosa, catedrático de Sociología de la Universidad de Alicante, empezó su análisis con los problemas que la actual economía todavía no ha resuelto: “Un mundo viviendo por encima de sus posibilidades económicas, ecológica y sociales”. En primer lugar, el ponente destacó el enorme endeudamiento de los países, pero también de las familias y las empresas. “EEUU tiene un Producto Interior Bruto de 14 billones de dólares, y en 14 billones se estima también su deuda pública”, lo que supone un tercio de la deuda pública mundial estimada en 38 billones de dólares.
Vivimos por encima de nuestras posibilidades económicas, ecológica y sociales
En segundo lugar, vivimos por encima de nuestras posibilidades ecológicas. “El concepto de huella ecológica es muy discutible, y los métodos de medición del mismo también, pero lo que no es discutible es que estamos dejando una huella que puede poner en peligro no la supervivencia del planeta, sino la supervivencia de la especie humana”. Y un mundo también que vive por encima de sus posibilidades sociales. “El problema del hambre y de la pobreza no es un problema de producción sino de reparto”.
Ante esta situación parece incuestionable la necesidad de aumentar el crecimiento. ¿Lo es? Es importante el crecimiento, destacó Tortosa, “para resolver el problema del empleo, desde luego, y también si queremos resolver el problema de la alimentación, si no cambiamos de modelo”. “Pero hace falta decrecer para resolver el problema medioambiental. El planeta es finito, y la huella ecológica es real, se calcule como se calcule”.
“Pero también podríamos pensar en decrecer para solucionar el desempleo y la alimentación a través de la repartición del trabajo y la reducción del consumo. Ese es el dilema. La respuesta convencional ha sido más crecimiento, porque vemos la crisis como decrecimiento, recesión: decrecimiento del empleo, lo que conlleva decrecimiento de inclusión social, y de otras necesidades básicas como el bienestar, la libertad, la seguridad, etc.”.
El decrecimiento se plantea como una alternativa
El decrecimiento se plantea como una alternativa, según Tortosa, “sin poder de decisión”, pero que puede ayudarnos a pensar y reflexionar sobre modelos alternativos a la reduccionista visión dominante. El principal obstáculo al que se enfrenta es la falta de casos prácticos de éxito. Aunque existen ejemplos como Sarvodaya Sramadana, en Sri Lanka o el proyecto actual de Salinas de Guaranda, Ecuador, “sería muy difícil, por no decir improbable, poder exportarlo a escala mundial”.
A estos obstáculos se suman: la lógica de la competitividad, sin cabida para los sentimientos morales; el individualismo y el cortoplacismo; que los efectos del cambio climático son menores para los países desarrollados; la falta de percepción de la gravedad y dudas sobre el cambio climático; que las personas no se reconocen como seres eco-dependientes; la necesidad de tomar decisiones colectivas y que “se necesita tiempo para el cambio, aunque es poco el tiempo que queda para actuar”.
La responsabilidad ética de cada cual, más clara que nunca
“Las características del problema mismo son demasiado complicadas para mentes tan primitivas como la nuestra”, sentenció Tortosa, “hay otras posibilidades, no es impensable, aunque no sea probable, una economía basada en el beneficio mutuo, una política fundada en la colaboración una cultura orientada la intercambio de culturas, y un sistema militar que no amenace a nadie”.
“Estamos no en una época de cambios sino realmente en un cambio de época”, concluyó el ponente, en un sistema muy alejado del equilibrio y con fuertes fluctuaciones, es decir, impredecible. Pero la gran ventaja que tiene un sistema así es que es más fácil actuar sobre él que en momentos de estabilidad, “por lo que la responsabilidad ética de cada cual es ahora más clara que nunca, porque la decisión de cada uno ahora puede tener efectos sobre el sistema que antes no tendría”.