El trabajo parte de la base que existe una importante actividad por parte de los grupos de presión y de los reguladores, que obliga a los empresarios a adoptar "cada vez más la sostenibilidad medioambiental" en sus estrategias. Marsh argumenta que esa presión sumada a una falta de cambio por parte de las empresas puede provocar que los productos que éstas fabrican acaben retirándose por el riesgo medioambiental que suponen, con los consecuentes aumentos en los costes de producción.
Por este motivo, el libro ofrece a los empresarios soluciones para una producción más sostenible sin que repercuta en los beneficios. Para ello, según Marsh el primer paso es identificar los riesgos de los procesos productivos, no tan solo ambientales, sino también en la cadena de suministro, de reputación u operacionales. Para mitigar esos posibles riesgos, el libro aconseja la intensificación del uso de la tecnología ecológica y las fuentes de energía renovables, la gestión eficiente de residuos y reciclados y el ahorro de recursos naturales.
Una vez se han tomado las medidas de identificación y de mitigación de riesgos, Marsh expone los siguientes beneficios que la gestión de riesgos aporta: La reducción de los costes de producción, el incremento de las ventas, la emancipación con respecto a los grupos de presión, la captación de atención de nuevos inversores y la protección de la marca. En relación a la marca, el informe recomienda la vigilancia de los estándares éticos y medioambientales de los proveedores, así como la viabilidad futura de las materias primas.
"Se trata de aplicar los principios de una buena economía doméstica"
"La adopción de una estrategia de sostenibilidad no requiere poner el negocio del revés ni deteriorar su rentabilidad", explicó Cliff Warman, líder de la Práctica Medioambiental de Marsh para Europa, Africa y Oriente Medio (EMEA). "Puede implementarse en forma de pequeños y progresivos cambios en los procesos, como recortar el uso de una materia prima en particular, mantener un mejor control sobre el consumo de agua y energía o reciclar y reutilizar mejor determinados bienes. En el fondo, se trata de aplicar los principios de una buena economía doméstica".
"Gobiernos de todo el mundo han establecido ambiciosos objetivos medioambientales respaldados por la legislación, como la Directiva de la Unión Europea sobre Responsabilidad Medioambiental", anadió Warman. “Bajo esta normativa, las sanciones por causar daños al Medioambiente pueden ser graves tanto para las finanzas de la empresa como para su reputación. Hay que tener en cuenta que, más allá de la conciencia social, la sostenibilidad es un buen negocio. Muchos inversores, clientes y reguladores están tomando sus decisiones basándose en el compromiso de las empresas con la sostenibilidad”.
Como recordó Ramón Canosa, director de la Unidad de Medioambiente de Marsh España, en nuestro país las sanciones por infringir la Ley de Responsabilidad Medioambiental pueden alcanzar los dos millones de euros, a los que habría que sumar los costes de reparación y restauración del daño medioambiental y la posibilidad de que la empresa vea suspendida su actividad durante un plazo de hasta dos años.
Además, el experto de Marsh alertó de que los siniestros medioambientales también pueden ser considerados como delito penal, con penas de entre 6 meses y 4 años de cárcel. “Con la reforma prevista del Código Penal, la situación puede agravarse, porque se contemplan penas de entre 2 y 5 años de cárcel para los delitos medioambientales. La pena mínima por la vía penal, por lo tanto, implicaria prisión”, sentenció Canosa.