El impuesto bancario reclamado por Oxfam recaudará un mínimo de 200.000 millones de dólares anuales en todo el mundo, una suma destinada a paliar el impacto que ha tenido la crisis en los países más pobres, así como las consecuencias del cambio climático. De la misma forma, el impuesto posibilitará la recaudación de una suma similar para solucionar problemas en el plano nacional de los países ricos.
Jaime Atienza, portavoz de Intermon Oxfam, ha afirmado que el G20 tiene por delante una oportunidad única para reorganizar la economía mundial a favor de los países pobres. "Independientemente del modelo tributario que elija el G20, no debería favorecer económicamente a los bancos, sino a las poblaciones más pobres del planeta", ha añadido. Según Atienza, la aplicación del impuesto es la mejor vía para obtener los recursos necesarios y de este modo, salir de la crisis.
El pasado mes de Abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) entregó a los ministros de Economía del G20 un informe preliminar sobre la aplicación de un impuesto financiero. Su propuesta consiste en el establecimiento de dos impuestos con el fin de rebajar el impacto de la crisis económica mundial, así como para afrontar futuras crisis: por un lado, una tasa que deberán pagar todas las instituciones financieras; y por otro lado, un impuesto tanto sobre sus ganancias como sobre las pagas de sus empleados.