Bajo esta premisa, BBVA y Compromiso RSE reunieron a responsables de Sostenibilidad de compañías referentes en sectores de actividad clave en la exposición climática como Valentín Alfaya, Sustainability Director de Ferrovial en el sector de infraestructuras; María Colom, Senior Director Client Decarbonization Accelerator (CDA) de Engie, en el energético, o Álvaro Cangas, Climate & Sustainability Practice Leader de Marsh en el sector asegurador. demás, a nivel institucional, participaron Rodrigo Robledo, Director de Política Financiera y Tesorería de la Comunidad de Madrid, Administración pionera en España y en Europa en la gestión de este tema y Antonio López Martínez, Energy Specialist Projects Directorate del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Todos ellos compartieron frenos y palancas de la adaptación al cambio climático y las principales iniciativas desarrolladas en este tema por sus organizaciones.
El encuentro arrancó con una radiografía de la situación, en la que la financiación para la adaptación al cambio climático sigue siendo una asignatura pendiente del capital privado. Pilar Mas, Executive Economist de BBVA, contextualizó el desafío señalando que, a diferencia de la mitigación, la adaptación responde a impactos ya materializados que afectan directamente a infraestructuras, sistemas productivos, cadenas de suministro y estabilidad financiera.
"Invertir en adaptación no es solo una respuesta climática -señaló Mas-, sino una condición necesaria para proteger el valor económico, ser resilientes y dar continuidad al negocio a medio y largo plazo” y destacó que la brecha de financiación es significativa: "En la COP30 los países coincidieron en la necesidad de acelerar y escalar la financiación en adaptación, comprometiéndose a triplicar los flujos globales hasta 2035”, dijo. “La adaptación ha ganado visibilidad y empieza a consolidarse como una línea de inversión reconocida dentro de la financiación climática, pero la brecha de financiación es significativa y la inversión debería de multiplicarse por entre 8 y 20, dependiendo de los escenarios valorados”, concluyó.
Es precisamente en esta brecha donde se concentran las oportunidades de inversión: reducción de pérdidas futuras, protección de activos, mayor resiliencia de infraestructuras críticas y estabilidad de flujos financieros en sectores expuestos al riesgo climático.
Por su parte, Elvira Calvo, responsable de Sustainability Business Transformation de BBVA, puso el foco en la estructura del capital y en la necesidad de transformar la ambición climática en proyectos financiables. "Actualmente -explicó-, cerca del 90% de la inversión en adaptación proviene del sector público, lo que evidencia la necesidad de movilizar capital privado de forma estructurada".
"El modelo debe ser mixto -señaló Elvira Calvo-; el sector público debe asumir el papel de anclaje y catalizador, pero necesitamos que los planes de adaptación sean bancables, que se traduzcan en proyectos con métricas claras de riesgo y retorno".
Desde una perspectiva sectorial, la adaptación climática avanza especialmente en ámbitos con elevado impacto sistémico, como infraestructuras, energía, agroindustria y gestión del agua, actividades intensivas en capital y altamente expuestas al riesgo físico. Hablamos de redes energéticas, activos críticos de transporte, sistemas hídricos o cadenas agroalimentarias cuya continuidad operativa depende cada vez más de su capacidad para resistir eventos extremos y cambios estructurales en el clima. En este contexto, la combinación de inversión pública, banca de desarrollo y capital privado resulta determinante para estructurar iniciativas que puedan atraer financiación a largo plazo.
La oportunidad de inversión en adaptación climática existe, pero -como apuntó Elvira Calvo-, activarla requiere un entorno que permita transformar la ambición en decisiones de inversión concretas. Ello implica mejorar la disponibilidad y el uso de datos sobre riesgo físico, reforzar la planificación y la gobernanza público-privada, dotar de mayor claridad y consistencia a los marcos regulatorios y en desplegar instrumentos financieros que faciliten la movilización de capital a escala. El reto no es reconocer la necesidad de adaptación, sino integrarla de forma estructural en la lógica económica de los proyectos.

Uno de los puntos del debate fue la dificultad de encajar los proyectos de adaptación en la actual taxonomía europea, diseñada principalmente para la mitigación de emisiones. En ese sentido, Rodrigo Robledo, Director General de Política Financiera y Tesorería de la Comunidad de Madrid, afirmó que ya hay proyectos de adaptación, "aunque no se estén identificando como tales”. Y explicó que, por ejemplo, en el tema del agua, el Canal Isabel II ha modernizado toda la red de suministro de agua de Madrid, eliminando una gran parte de las pérdidas de agua en el transporte desde los embalses a la ciudad. "Se ha realizado, en parte, gracias a la financiación del Banco Europeo de Inversiones, que, sin embargo, lo ha catalogado como financiación verde y en ningún momento se ha hablado de adaptación. ¿Y por qué creo que no se ha catalogado como adaptación?” -se preguntó-, “en gran parte, porque tenemos una regulación muy compleja; soy muy crítico con la regulación
uropea de la taxonomía, además no existen KPIs medibles cuando hablamos de adaptación. En mitigación, el estándar son las toneladas de CO2 evitadas, pero, ¿dónde están las KPIs en adaptación?”, interpeló.
A pesar de las dificultades, el Director General de Política Financiera y Tesorería destacó el éxito de la Comunidad de Madrid al acudir a los mercados de capitales con productos sostenibles verificados: "Cuando el año pasado emitimos el primer bono verde en Europa bajo el estándar EU GBS, la respuesta fue magnífica. Hubo un ‘Greenium’ (prima verde) porque había una demanda específica de inversores que necesitaban esos activos para sus carteras".
Desde el sector de las infraestructuras, Valentín Alfaya, Sustainability Director de Ferrovial, coincidió en el diagnóstico sobre la "hipertrofia regulatoria" de la Unión Europea y algunas dificultades que plantea la taxonomía, como que las infraestructuras de transporte, por ejemplo, no sean ni tan solo elegibles, cuando son las que más financiación necesitan, a escala global, para adaptarse.
Alfaya abogó en el encuentro por un enfoque pragmático basado en la ciencia y la ingeniería. “En Ferrovial -explicó-, evaluamos y monetizamos desde hace aproximadamente tres años los riesgos físicos de todas nuestras infraestructuras a través de Adaptare, una herramienta desarrollada conjuntamente con la Universidad de Cantabria, que nos permite proteger nuestra cuenta de resultados y el servicio que ofrecen estas infraestructuras a través de las medidas de resiliencia que debemos adoptar”.
Y continuó: "Si no somos capaces de aterrizar la exposición y vulnerabilidad de los riesgos climáticos a un valor monetario, no vamos a avanzar. Hay que monetizar esos riesgos, aún con cierta incertidumbre, porque ahí es donde están los catalizadores de la inversión", sentenció Alfaya.
Por último, destacó como proyecto de adaptación al cambio climático que están desarrollando en Ferrovial el nuevo muelle de graneles líquidos del Puerto de Huelva. “Hemos llegado a un acuerdo con la Administración para recrecer el muelle y protegerlo de las subidas que hemos estimado del nivel del mar en el período de vida útil del muelle”, explicó. También destacó, como oportunidad de negocio, el estudio que están realizando para desarrollar nuevos betunes asfálticos que permitan dotar de una mayor elasticidad a los pavimentos ante temperaturas extremas. Estos son aplicados a sus propias infraestructuras, pero también son comercializados a terceros.
María Colom, Senior Director Client Decarbonization Accelerator de Engie, aportó la perspectiva del sector energético e incorporó otra dificultad a las mencionadas en la adaptación al cambio climático: su experiencia en la relación con el cliente final.
“Aunque muchas corporaciones muestran una buena ambición en descarbonización, resiliencia y autonomía, en el día a día muchos clientes industriales todavía toman decisiones muy condicionadas por el coste inmediato”, señaló. Explicó que esta visión a corto plazo es habitual en entornos competitivos. “Contar con una hoja de ruta global y coordinada ayuda a evitar decisiones aisladas y permite priorizar mejor, tomando decisiones económicas más sólidas”, añadió Colom.
No obstante, señaló que la innovación es la vía para diferenciarse: "Todo lo que es adaptación y mitigación abre oportunidades al que quiere innovar. Si eres capaz de ofrecer una solución que asegure la continuidad operativa, puedes diferenciarte, aunque requiere una notable labor didáctica”, concluyó.
En este punto, la intervención de Álvaro Cangas, Climate & Sustainability Practice Leader de Marsh, introdujo una dosis de realidad sobre los límites del mercado. Cangas advirtió que los modelos predictivos tradicionales están fallando ante la volatilidad climática y que el mercado asegurador está reaccionando ante lo inevitable.
Las aseguradoras necesitan fiabilidad del dato para calcular riesgos y utilizan cálculos actuariales mediante modelos estocásticos, utilizando datos históricos. Estos recogen muchos factores y deberían cruzarse con modelos climáticos determinísticos, que tengan en cuenta el aumento de temperatura debida al cambio climático", ilustró Cangas, subra-yando la dificultad técnica de prever eventos loca¬les extremos.
Cangas lanzó un aviso claro sobre el futuro de la asegurabilidad de ciertos activos: "En el momento en que no hay riesgo, porque se trata de una certeza, no es asegurable. Es un tema financiero de retener y mantenerlo bien". Como ejemplo, citó la tendencia en Estados Unidos, donde "grandes patrimonios están montando sus propias cautivas (aseguradoras propias) para retener riesgos porque el mercado tradicional se retira".
Antonio López Martínez, representante del Banco Europeo de Inversiones (BEI), aportó la visión de la banca multilateral, que actúa como punta de lanza con el objetivo de destinar el 15% de su financiación a la adaptación. Sin embargo, reconoció la dificultad de justificar los costes iniciales frente a clientes que buscan el precio más bajo, especialmente fuera de Europa.
"Tratamos de ver estas acciones no como una penalidad o un sobrecoste, sino como un beneficio a largo plazo. Pero nos falla un poco el argumento al venderlo en mercados donde competimos con precios de derribo", explicó López Martínez.
El representante del BEI subrayó la importancia de cambiar la mentalidad del diseño de proyectos: "Nos encontramos con clientes que han considerado los riesgos, pero no los etiquetan como adaptación. Falta estandarizar buenas prácticas y herramientas que materialicen en cifras los beneficios de un diseño robusto".
La adaptación al cambio climático deja de ser un concepto abstracto cuando se traduce en proteger la rentabilidad y la continuidad del negocio. Para Ángel Giménez, Energy & Sustainability de BBVA, el enfoque de la entidad es eminentemente práctico: identificar y evaluar los riesgos geográficos y sectoriales asociados a eventos climáticos —como sequías, inundaciones u olas de calor— y convertir ese análisis en decisiones financieras concretas. En sectores especialmente expuestos, como el agroalimentario, el hotelero o el energético, BBVA ya está financiando soluciones de eficiencia hídrica, mejora de infraestructuras y desarrollo de variedades más resilientes, contribuyendo a reducir la volatilidad de los ingresos y a reforzar la estabilidad financiera a largo plazo.
Ante la incertidumbre de los modelos que mencionaba Álvaro Cangas, de Marsh, Giménez destacó el potencial de los seguros paramétricos, que permiten pagos rápidos tras eventos extremos y garantizan la liquidez necesaria para mantener la actividad. Además, subrayó que los proyectos alineados con la Taxonomía europea pueden acceder a condiciones de financiación preferenciales y, en el caso de determinadas infraestructuras, incluso reducir los requerimientos de capital —a través del Factor de Soporte de Infraestructuras—, lo que facilita ofrecer financiación más competitiva a los clientes. la banca es actuar como traductor técnico y financiero: “Nuestra labor es acompañar al cliente para convertir la resiliencia en proyectos atractivos para el inversor y sostenibles para el territorio.

Elvira Calvo,
BBVA
“Necesitamos que los planes de adaptación sean bancables, con proyectos en los que invertir”

Pilar Mas,
BBVA
“Invertir en adaptación es proteger el valor económico y dar sostenibilidad al negocio”

Rodrigo Robledo,
COMUNIDAD DE MADRID
“Ya hay proyectos de adaptación, aunque no se estén catalogando como tales”

Valentín Alfaya,
FERROVIAL
“En Ferrovial evaluamos y monetizamos los riesgos físicos de todas nuestras infraestructuras”

María Colom,
ENGIE
“La adaptación y mitigación abre oportunidades a todo aquel que quiera innovar”

Álvaro Cangas,
MARSH
“Las aseguradoras necesitan fiabilidad del dato para calcular riesgos”

Antonio López Martínez,
BANCO EUROPEO DE INVERSIONES (BEI)
"Es necesario estandarizar buenas prácticas y herramientas de adaptación"

Angel Giménez,
BBVA
“Convertimos la resiliencia en proyectos bancables mediante asesoramiento especializado"