La presión sobre los recursos, la volatilidad de los costes y el impulso regulatorio están acelerando este cambio. En este escenario, las compañías no solo buscan reducir su impacto, sino también replantear procesos, materiales y modelos de negocio para mantener el valor de los recursos durante más tiempo.
Para muchas organizaciones, la economía circular ha dejado de ser una línea de actuación aislada para convertirse en un eje central de su modelo. Ya no se trata solo de gestionar mejor los residuos, sino de repensar el ciclo completo de los productos y servicios, desde su diseño hasta su reutilización o reciclaje.
Este giro implica analizar el ciclo de vida con el objetivo de mantener el valor de los recursos durante más tiempo y reducir la dependencia de materias primas vírgenes. Un modelo en el que la circularidad es clave, tanto para avanzar en los objetivos climáticos como para reforzar la fortaleza de las organizaciones.
La concreción del concepto de circularidad varía según los sectores. Por ejemplo, en sectores industriales y energéticos este planteamiento se traduce en la incorporación de criterios de eficiencia material, reutilización y valorización a lo largo del ciclo de vida de las infraestructuras y procesos productivos. Al mismo tiempo, abre nuevas oportunidades de negocio vinculadas al aprovechamiento de residuos, la generación de nuevos recursos o el desarrollo de soluciones más eficientes y sostenibles.
Este cambio de paradigma marca el paso de una sostenibilidad centrada en la reducción del impacto a una lógica más ambiciosa, basada en la transformación del propio modelo productivo.
La transformación se vuelve especialmente visible cuando la economía circular deja de formularse en términos generales y empieza a materializarse en proyectos concretos capaces de cerrar ciclos de materia y energía. Es ahí donde el concepto gana credibilidad empresarial: cuando demuestra que puede mejorar la eficiencia, reducir consumos, abrir nuevas vías de valorización y reforzar la competitividad industrial.
En este tipo de soluciones, el papel del sector energético resulta especialmente relevante como facilitador de modelos industriales más circulares. Es el caso de ENGIE España, que impulsa proyectos orientados a transformar residuos en recursos y optimizar el uso de la energía dentro de los procesos productivos. Un ejemplo es el desarrollado junto a Viscofan en su planta de Cáseda (Navarra), donde la compañía ha instalado una caldera de biomasa de 5 MW térmicos que permite generar vapor renovable para autoconsumo industrial a partir de deshechos celulósicos del propio proceso y biomasa forestal local certificada.
Esta instalación genera cerca de 7,5 toneladas de vapor por hora, valoriza alrededor de 4.000 toneladas anuales de subproductos y contribuye a reducir en unas 9.000 toneladas al año las emisiones de CO2, sustituyendo parcialmente el consumo de gas natural. Se trata de una solución pionera por la integración de distintos combustibles en una misma infraestructura y refleja cómo la colaboración entre industria y sector energético puede acelerar la transición hacia modelos más eficientes, circulares y descarbonizados.
Otro modelo es el que está aplicando la compañía alemana Covestro en España, donde su planta de producción de cloro en Tarragona se ha convertido en la primera a nivel mundial en emplear la tecnología de cátodo de oxígeno despolarizado, que reduce un 25% el consumo energético y evita la emisión de unas 22.000 toneladas de CO2 al año. Esto se suma a la utilización de contenedores fabricados en un 30% con polietileno reciclado en las plantas de Barcelona y Parets del Vallès.
Su director general, Andrea Firenze, subraya que el objetivo a largo plazo de la compañía es convertirse en una organización “totalmente circular”, lo que implica transformar el ciclo de vida completo de los materiales, desde su origen hasta su reincorporación al sistema productivo.
No solo la energía. Todos los sectores buscan cómo aplicar la circularidad adaptándola a su realidad, a sus necesidades y a sus procesos. En alimentación, por ejemplo, ElPozo subraya que es un pilar estratégico apostando por optimizar al máximo los recursos y aprovechar mejor la energía, el agua y las materias primas.
Una decisión que se traduce en iniciativas como la reutilización de aguas depuradas para riego, la generación de biogás a partir de residuos orgánicos, la gestión de materiales como el plástico (lo que les ha permitido acceder a la certificación Retray de Ecosense Foundation) o proyectos como la producción de heparina a partir de subproductos animales. A ello se suman medidas de ecodiseño, reutilización de materiales, recuperación de calor y reducción de emisiones en sus procesos productivos.
Si seguimos en el sector alimentario hay más ejemplos como Damm, que aplica estos principios en todo el proceso, desde el diseño de los envases hasta la gestión de los residuos. La compañía centra sus esfuerzos en maximizar el aprovechamiento de los recursos y reducir el uso de materias primas vírgenes, con el objetivo de mejorar la eficiencia operativa y reducir el impacto ambiental de sus procesos.
Son varias las iniciativas concretas que Damm ha puesto en marcha, como la valorización de subproductos del proceso cervecero, como el bagazo o la levadura, que se reutilizan como alimentación animal, así como la valorización de más del 90% de los residuos generados en sus fábricas, evitando su envío a vertedero. A ello se suma el impulso de envases 100% reciclables y, en muchos casos, reutilizables, especialmente en el canal de hostelería, junto con estrategias de ecodiseño orientadas a reducir materiales y alargar el ciclo de vida de los productos, reforzando así la eficiencia operativa y la competitividad del negocio.
Estos proyectos concretos son la base sobre la que se debe construir el cambio de modelo productivo. A medida que evolucionan, la economía circular deja de percibirse como una suma de iniciativas puntuales y empieza a configurarse como un modelo capaz de escalar a nivel sectorial. El verdadero salto se produce cuando la lógica circular no se aplica solo a un residuo, una planta o una línea de producción concreta, sino que pasa a influir en la organización del sistema industrial en su conjunto, en la vida útil de los productos y en la estructura misma de las cadenas de valor.
En ese punto, la circularidad deja de ser una mejora operativa para convertirse en una nueva forma de entender la producción. Sectores especialmente intensivos en materiales, componentes e infraestructuras, como la automoción, están empezando a explorar esta lógica de una forma más ambiciosa, integrando reparación, reutilización y reciclaje dentro del propio proceso industrial.
En este sentido, algunas iniciativas empiezan a anticipar cómo podría organizarse esta transformación a gran escala dentro de sectores complejos. En automoción, Renault ha desarrollado en Sevilla uno de los proyectos más avanzados en este ámbito a través de Refactory, un ecosistema dedicado a la reutilización, reparación y reciclaje de vehículos y componentes. Este modelo permite alargar la vida útil de los productos y reducir la necesidad de nuevas materias primas, integrando la circularidad en el propio corazón de la actividad industrial.
Otro sector clave para avanzar en la transición hacia modelos más circulares es el de la distribución, ya que actúa como punto de conexión entre producción y consumo y facilita la recogida, reutilización y reciclaje de productos. Pero su relevancia va más allá de esa función de enlace, ya que tiene la capacidad para influir sobre proveedores, rediseñar envases, ordenar flujos de residuos, impulsar la segunda vida de los materiales y, sobre todo, acercar la economía circular al día a día del consumidor.
Eso convierte a la distribución en uno de los espacios donde la circularidad se vuelve más visible y, al mismo tiempo, más compleja. Aquí no se trata solo de optimizar procesos internos, sino también de introducir nuevos hábitos de compra, de devolución, de reparación o de reaprovechamiento. En definitiva, de traducir una estrategia empresarial en prácticas comprensibles y tangibles para millones de personas.
Dentro de este marco, algunas compañías del sector están avanzando en la integración de estos principios en su operativa. El Corte Inglés sitúa la economía circular como uno de los pilares centrales de su estrategia ambiental incorporándola a su Plan Director de Sostenibilidad 2025-2030, extendiendo criterios ASG a todo el negocio.
Esta estrategia se traduce ya en iniciativas concretas como el Proyecto Residuo Cero, implantado en más de 330 centros en España y Portugal, que prioriza la reutilización, el reciclaje y la valorización frente al vertido. También la participación en sistemas de Responsabilidad Ampliada del Productor, que garantizan la correcta gestión de residuos como envases, productos electrónicos, luminarias o textiles; o el desarrollo de un Plan de Packaging Sostenible centrado en el ecodiseño, la reducción de materiales y la optimización de recursos.
A estas propuestas se suman otros proyectos, como los de valorización alimentaria que transforman excedentes en nuevos productos, reforzando la lógica de aprovechamiento dentro del propio negocio.
Alcampo también apuesta por llevar la circularidad a toda su operativa. Yolanda Fernández, directora de RSC, Calidad y Comunicación y Relaciones Externas, explica que la compañía articula este objetivo a través de la reducción y correcta gestión de los residuos, el impulso de envases más sostenibles, la lucha contra el desperdicio alimentario, la promoción de iniciativas de segunda vida y el desarrollo de productos circulares que aprovechan subproductos o residuos.
Un pilar de esta estrategia es su programa ‘Alcampo y tú, sin desperdicio’, que se establece como un plan de acción integral contra el desperdicio alimentario. En el ámbito de la prevención, la compañía impulsa acciones de formación y sensibilización que combina con herramientas tecnológicas como Smartway, que utiliza inteligencia artificial para anticipar excedentes. También lleva a cabo actuaciones cuando las medidas preventivas no han sido suficientes como las donaciones a bancos de alimentos, iniciativas propias como las Happy Box, la colaboración con Too Good To Go o el reaprovechamiento de productos en los bistrós.
También en este sector es notoria la apuesta de Consum por la circularidad, tanto de forma preventiva, a través de medidas de ecoeficiencia como la reducción en el consumo de materiales o su sustitución por otros más sostenibles; como al final de su vida útil, asegurando la recogida selectiva y la posterior valorización de todos los residuos generados, alcanzando cerca del 99% de reciclaje o valorización en sus plataformas.
Entre sus iniciativas más representativas destaca, por ejemplo, el proyecto que transforma el poliestireno expandido recuperado de su actividad en mobiliario para la sección de horno de sus tiendas, una medida pionera en el retail alimentario que ya se ha implantado en más de un 70% de su red comercial. La compañía subraya además que este enfoque le permite mejorar la eficiencia de la cadena de suministro y sostener certificaciones como Residuo Cero de AENOR en todas sus plataformas logísticas.
En el ámbito logístico, la economía circular empieza a consolidarse como un elemento clave para optimizar recursos y reducir el impacto ambiental. Arianne Muñoz, directora de Marketing y RSC de NACEX, explica que la compañía integra criterios de ecodiseño en sus envases y embalajes, reduciendo materiales y mejorando su reutilización.
Entre sus avances destaca la reducción de 30 toneladas de plástico mediante la optimización de sus envases, así como la sustitución progresiva hacia soluciones más sostenibles como el Paper Pack. Además, iniciativas como los envases isotérmicos reutilizables PHARMA BOX o el proyecto Bag Back, que permitió recuperar más de 3.000 kg de materiales en un año, refuerzan su apuesta por alargar el ciclo de vida de los recursos. A ello se suma la dimensión social de proyectos como la recogida de tapones solidarios, que ha permitido reciclar más de 140 toneladas desde 2018, integrando sostenibilidad ambiental y compromiso social en su modelo de negocio.
En una línea similar, Kenia Saldaña, Sustainability and Quality Manager de EccoFreight, explica que la compañía concibe la circularidad como un modelo basado en la eficiencia y la transparencia, donde el transporte más sostenible es aquel que se gestiona con la mayor precisión posible. Su planteamiento se apoya en la desmaterialización y el uso del conocimiento como recurso, facilitando que la información fluya a lo largo de toda la cadena de suministro y permitiendo a los clientes elegir las opciones más eficientes desde el punto de vista ambiental. En este marco, la compañía ha desarrollado herramientas como Carbontech, una calculadora de huella de carbono de Alcance 3 certificada y alineada con estándares internacionales, y trabaja en la estandarización de reportes que permiten transformar datos logísticos complejos en indicadores de sostenibilidad claros, facilitando su integración en modelos de economía circular y en los sistemas de reporte ambiental de sus clientes.
Como veíamos antes, el sector alimentario está avanzando hacia modelos más circulares que combinan eficiencia operativa, innovación y sostenibilidad. En una industria donde convergen el uso intensivo de agua, energía, materias primas, envases y logística, la circularidad no puede limitarse a un único ámbito. Su desarrollo exige actuar de forma simultánea sobre procesos productivos, desperdicio alimentario, diseño de envases, aprovechamiento de subproductos y relación con proveedores y distribuidores.
Por eso, en alimentación la economía circular adquiere una dimensión especialmente estratégica. No solo permite reducir impacto ambiental, sino también optimizar recursos, contener costes y reforzar la competitividad en un entorno cada vez más exigente, tanto desde el punto de vista regulatorio como desde la presión social y del mercado.
Así, el sector avanza en la integración de la circularidad en toda la cadena de valor. Es el caso de Danone, donde, según explica Borja Lafuente, director de Asuntos Públicos y Sostenibilidad de Danone Iberia, este enfoque se aplica desde el ecodiseño de envases hasta su recogida y reciclaje, con el objetivo de reducir el uso de recursos y mantener los materiales en el ciclo productivo durante más tiempo.
Entre las iniciativas desarrolladas destaca el modelo de producción de la planta de Aldaia (Valencia), donde aplicamos un ecosistema circular que abarca desde la llegada de leche fresca de granjas locales hasta la producción, el envasado y la logística, lo que nos permite producir el yogur en un radio de 25 kilómetros, reduciendo en un 30% las emisiones de CO2. Lafuente subraya que Aldaia “es el modelo perfecto de economía circular aplicada, permitiendo procesos más eficientes, ágiles y sostenibles”.
Danone también impulsa otros proyectos orientados a la reutilización y recuperación de envases, como el impulso del vidrio retornable o iniciativas como Re- Nueva, centrado en recuperación de envases del hogar, y Reciplan, en colaboración con Serunion, que recupera envases de comedores escolares y los transforma en mobiliario para los propios centros educativos.
También Nestlé ha integrado la economía circular como un eje dentro de su estrategia de sostenibilidad conectándola con su hoja de ruta hacia las cero emisiones netas en 2050.
La compañía impulsa proyectos que materializan este enfoque, como su fábrica de café en Girona, donde una segunda caldera de biomasa permite revalorizar el 100% de los posos de café como biocombustible. Gracias a esta iniciativa, el 80% del vapor utilizado en la planta procede de fuentes renovables y se evitan más de 36.000 toneladas de CO₂ al año, reduciendo además la dependencia del gas natural. Este modelo permite optimizar recursos, reducir emisiones y reforzar la resiliencia industrial, al tiempo que contribuye a la descarbonización y a la construcción de sistemas alimentarios más sostenibles.
Campofrío avanza también en la integración de la economía circular como un elemento estructural dentro de su estrategia de sostenibilidad. Clara Hernández, Environmental & Climate Change Director at Sigma Europe, grupo matriz de la marca, destaca que este enfoque actúa como una palanca estratégica para impulsar un crecimiento sostenible del negocio, mejorar la eficiencia operativa y avanzar hacia un modelo productivo más resiliente.
La compañía integra la circularidad de forma transversal en toda su cadena de valor, desde el diseño de productos hasta la gestión de residuos, con el objetivo de optimizar el uso de los recursos y reducir el impacto ambiental de su actividad. Este compromiso se refuerza además con su adhesión a iniciativas como el Pacto por la Economía Circular en Castilla y León, donde se concentran sus principales centros productivos.
Entre sus iniciativas destacan proyectos como la recuperación de PET en su planta de pizzas de Ólvega, que permite reducir el uso de plástico virgen y minimizar residuos, la certificación en Ecodiseño conforme a la norma ISO 14006 o la generación de más de 16.000 MWh de energía solar en sus centros en España. A ello se suma un plan específico de prevención del desperdicio alimentario, que prioriza la valorización de subproductos a través de su uso como alimentación animal, producción de biogás o compostaje.
Por su parte, David Casañ, director corporativo de Galletas Gullón, señala que la compañía pone el foco en la optimización de procesos y materiales para reducir el impacto ambiental y mejorar la eficiencia.
Entre sus iniciativas se encuentra el uso de materiales reciclados en envases, como el rPET, la reducción del desperdicio alimentario mediante la donación de excedentes y la mejora de la eficiencia energética en sus instalaciones. Este enfoque no solo contribuye a reducir el impacto ambiental, sino que también permite reducir costes y aumentar la competitividad en un mercado global.
Otro actor importante en el sector alimentario como Hero ha situado la economía circular como un pilar de su estrategia de sostenibilidad. Dolo Iniesta, Head of Country Quality & Corporate Affairs SE de Hero, señala que este enfoque se materializa en iniciativas concretas como la transición a envases monomaterial reciclables en sus productos de alimentación infantil. En 2025, la compañía ha adaptado todas sus líneas de producción para permitir este cambio, de modo que el 100% de los pouches pueden fabricarse ya en formato reciclable y el 89,2% de las unidades vendidas en España utilizan este tipo de envase.
Además, Hero avanza en la reducción del peso de los envases, el uso de materiales reciclados y la mejora en la gestión de residuos industriales, priorizando la prevención, reutilización y valorización. Este enfoque no solo reduce el impacto ambiental, sino que también impulsa la eficiencia operativa y refuerza la resiliencia del modelo de negocio ante los retos regulatorios y de mercado.
En el sector textil, la economía circular implica repensar el diseño de las prendas y su ciclo de vida completo. Se trata de uno de los ámbitos donde la transición resulta más compleja, porque no basta con reciclar más: es necesario revisar materiales, patrones de consumo, recogida del residuo textil, trazabilidad, durabilidad y capacidad real de reutilización o reciclaje al final de la vida útil del producto.
Esto obliga a las compañías a actuar desde el origen, incorporando criterios de circularidad ya en la fase de diseño y extendiéndolos a toda la cadena de valor. La moda circular no consiste solo en gestionar mejor el residuo, sino en producir de otra manera, con más calidad, mayor duración y un mayor control sobre el impacto de cada prenda.
Andrés Fernández, director de Sostenibilidad y Sourcing de MANGO, explica que la economía circular es una parte estructural de cómo la compañía entiende la sostenibilidad, especialmente desde el diseño de producto, donde se determina gran parte del impacto.
La compañía trabaja bajo tres líneas claras: facilitar el reciclaje de las prendas, alargar su vida útil y reducir la generación de residuos desde el origen. Este enfoque se traduce en avances concretos, como que en 2025 el 30% de sus prendas ya incorporan atributos de diseño circular, más del 80% de las fibras utilizadas fueron de menor impacto y más del 32% tuvieron origen reciclado.
Además, MANGO impulsa iniciativas orientadas a cerrar el ciclo del textil, como la inversión en The Post Fiber, una start-up especializada en la gestión y reciclaje de residuos textiles posconsumo para transformarlos en nuevas fibras, así como la incorporación de fibras recicladas en sus colecciones. Todo ello refuerza un modelo que combina circularidad, innovación y resiliencia en el uso de materias primas.
Desde Tendam, Rocío López Santuré, responsable de Sostenibilidad y RSC, explica que la circularidad es un pilar fundamental en la estrategia de la compañía y una forma de trabajar que guía todo el proceso, desde el diseño hasta la producción y la gestión de las colecciones.
Este enfoque apuesta por una moda atemporal, de mayor calidad y durabilidad, pensada para generar menos residuos y aprovechar mejor los recursos disponibles. Entre sus iniciativas destaca la creación, junto a otras grandes compañías del sector, de Re-viste, el primer SCRAP textil en España, o el Tendam Sustainability Lab, orientado a impulsar la innovación en sostenibilidad y circularidad dentro del sector.
La economía circular también implica un cambio en la forma en que se diseñan y utilizan los productos tecnológicos. En un momento en el que la tecnología está cada vez más presente en todos los ámbitos de la vida, el volumen de dispositivos y su ritmo de renovación plantean un desafío creciente en términos de consumo de recursos y generación de residuos.
La obsolescencia, tanto tecnológica como percibida, se convierte en uno de los principales puntos de tensión del modelo, impulsando la necesidad de avanzar hacia productos más duraderos, reparables y capaces de mantener su valor durante más tiempo. En este escenario, la circularidad empieza a perfilarse como una vía clave para equilibrar innovación, sostenibilidad y uso eficiente de los recursos.
Gema Escudero Samaniego, directora de Sostenibilidad & Gobierno, Riesgos y Cumplimiento de Canon España y Portugal, destaca la responsabilidad de la compañía en liderar el cambio hacia un modelo más circular.
Para Canon, esto implica abordar todo el ciclo de vida de sus productos, transformando progresivamente los procesos de diseño, fabricación y gestión de recursos. Entre sus iniciativas destaca el programa de refabricación de equipos de impresión, que permite reutilizar hasta un 90% de los componentes y reducir significativamente el consumo de recursos y las emisiones asociadas.
En esta misma línea, Miguel Ángel Fernández, director de Marketing de LG Electronics España, señala que la compañía apuesta por la calidad, la durabilidad, la eficiencia y la reparación como elementos clave para reducir la generación de residuos.
La estrategia de LG se apoya en la idea de que el producto más sostenible es el que más dura, y se concreta en iniciativas como la garantía de por vida en distintas gamas de electrodomésticos, una red de servicio técnico altamente especializada y tecnologías como Smart Diagnosis o ThinQ, que permiten anticipar fallos, optimizar reparaciones y alargar la vida útil de los equipos.
Esta visión no solo contribuye a reducir el impacto ambiental asociado a la sustitución prematura de productos, sino que también cuestiona directamente la lógica del usar y tirar y refuerza una relación más duradera entre producto, consumidor y servicio.
En el ámbito energético, la economía circular abre nuevas oportunidades para optimizar recursos y reducir emisiones. Pero su relevancia va más allá del aprovechamiento puntual de residuos. En un sector intensivo en infraestructuras, materiales críticos y activos de larga duración, la circularidad empieza a entenderse como una condición necesaria para que la transición energética sea no solo baja en carbono, sino también eficiente en el uso de recursos.
Esto implica incorporar criterios de reutilización, valorización y eficiencia material desde el diseño y la operación de las instalaciones hasta su desmontaje o renovación. La circularidad, en este contexto, no es un complemento de la transición energética, sino uno de los elementos que puede hacerla más robusta, menos dependiente de materias primas vírgenes y más resiliente frente a futuros riesgos de suministro.
Actualmente, algunas compañías energéticas están explorando nuevas vías para integrar la circularidad en sus operaciones. Es el caso de Enagás, donde, según explica Natalia Latorre, directora general de Transición Energética, este enfoque ocupa un lugar central en su estrategia de sostenibilidad, impulsando la reducción, la reutilización de materiales como materias primas secundarias y la promoción de un equilibrio entre sostenibilidad ambiental y competitividad económica, contribuyendo así a un futuro más responsable y resiliente.
La compañía ha avanzado en una gestión orientada a residuo cero, alcanzando niveles de valorización superiores al 90 % de los residuos generados, e incorpora además la digitalización como palanca para mejorar la eficiencia en el uso de recursos. A ello se suman iniciativas como el aprovechamiento del frío residual en procesos industriales o su apuesta por los gases renovables y el hidrógeno verde, que conectan la lógica circular con la transición energética.
También Naturgy avanza en esta línea, como explica Núria Rodríguez, directora de Medio Ambiente y Responsabilidad Social, quien apunta que en un sector intensivo en infraestructuras como el energético, la circularidad implica incorporar criterios de eficiencia de materiales, reutilización y valorización a lo largo de todo el ciclo de vida de las instalaciones.
Así, la empresa trabaja en la valorización de residuos orgánicos para la producción de gases renovables como el biometano, integrándolos en la red energética y contribuyendo a la descarbonización. Además, impulsa iniciativas orientadas a la reutilización de materiales, la recuperación de equipos y la optimización de residuos en sus operaciones, reforzando la idea de que la economía circular puede convertirse en una fuente de nuevas oportunidades dentro del propio sistema energético.
Rodríguez afirma que este enfoque contribuye a fortalecer la resiliencia del modelo energético, a reducir riesgos asociados a recursos y a cumplir con las crecientes exigencias regulatorias y sociales en materia de sostenibilidad.
La transición hacia modelos circulares requiere también nuevos instrumentos financieros y un enfoque que integre el impacto social. Escalar la economía circular no depende solo de la voluntad de las empresas o de la existencia de soluciones tecnológicas, sino también de la inversión, del acompañamiento experto y de la capacidad para integrar nuevos modelos de negocio en entornos productivos reales, conectando innovación, regulación y rentabilidad.
En este entorno, la financiación sostenible se convierte en un acelerador clave. No solo canaliza recursos hacia proyectos circulares, sino que permite trasladar estos modelos a la competitividad empresarial, impulsando sectores estratégicos y facilitando la transición desde procesos intensivos en recursos hacia otros más eficientes y resilientes.
A partir de ahí, el papel de las entidades financieras resulta determinante para escalar estas soluciones. BBVA lo sitúa como una de sus prioridades estratégicas, impulsando la economía circular dentro de su actividad de financiación sostenible y desarrollando soluciones específicas para apoyar proyectos que contribuyan a modelos productivos más eficientes. La entidad se ha marcado el objetivo de canalizar 700.000 millones de euros en negocio sostenible entre 2025 y 2029, en el que la circularidad ocupa un lugar relevante como palanca de competitividad empresarial.
Iratxe Garay, responsable de proyectos de Datos ESG y Capital Natural en BBVA, destaca que la entidad identifica un alto potencial en ámbitos como las nuevas tecnologías de reciclaje, la reutilización de agua, la construcción sostenible o la modernización del sector agroalimentario, incorporando instrumentos financieros adaptados que permiten avanzar en la circularidad de la cadena de valor.
Además, la entidad desempeña un papel activo como catalizador de esta transición, no solo canalizando financiación, sino también acompañando a sus clientes con asesoramiento especializado y soluciones adaptadas. BBVA ha desarrollado instrumentos financieros específicos para impulsar modelos de economía circular, incluyendo apoyo a nuevas tecnologías de reciclaje, soluciones para mitigar la volatilidad de materias primas secundarias y herramientas que permiten integrar criterios de sostenibilidad en toda la cadena de valor, reforzando así la competitividad de empresas y pymes.
A este ecosistema se suman también actores especializados en la gestión de residuos y en la articulación de soluciones que permiten avanzar hacia modelos circulares más integrados. Mercedes Puerta, directora de Excelencia y Sostenibilidad de ILUNION, destaca que, en los últimos años, la economía circular en España ha pasado de ser un concepto aspiracional a convertirse en un eje estratégico real para empresas y administraciones.
A través de ILUNION Economía Circular, la compañía ofrece soluciones en todas las fases del residuo, acompañando a empresas y administraciones en su transición hacia modelos más circulares, eficientes y responsables. Este enfoque combina la gestión avanzada de residuos con la generación de empleo inclusivo, aportando un valor diferencial en términos sociales.
Asimismo, Andreu Vilà, director general de ECOTIC, defiende que la economía circular ha evolucionado en España desde un enfoque centrado en el reciclaje hacia una visión más completa, que incorpora prevención, reparación, reutilización, ecodiseño, trazabilidad y valorización de los recursos.
Este avance refleja una mayor implicación de empresas, administraciones y ciudadanía, aunque todavía en una fase de consolidación en la que el reto pasa por convertir la circularidad en un criterio estructural de competitividad.
En este contexto, Vilà añade que uno de los principales desafíos en la actualidad es pasar de iniciativas puntuales a modelos verdaderamente escalables. Así, defiende que es fundamental mejorar la coordinación entre regulación, mercado, capacidades industriales y hábitos de consumo. “En España existe una base cada vez más sólida, pero todavía necesitamos acelerar su aplicación práctica, homogeneizar criterios y reforzar instrumentos que favorezcan la prevención, la reutilización y el uso de materias primas secundarias”, subraya.
En una línea similar, Puerta incide en que el principal reto para que la economía circular escale en España es, precisamente, pasar de iniciativas puntuales o proyectos piloto a una implantación estructural y generalizada en el tejido productivo, para lo que considera necesario avanzar en una mayor estabilidad y armonización regulatoria, reforzando los incentivos al uso de materias primas secundarias y reduciendo la brecha existente entre la ambición normativa y la capacidad real de ejecución.
Este avance de la economía circular no es solo una percepción empresarial, sino que empieza a reflejarse también en análisis sectoriales. ReHubs, en colaboración con Boston Consulting Group (BCG), ha compartido recientemente el informe Advancing textile circularity Europe’s textile waste surge: The case for system-level scale-up, que pone el foco en uno de los ámbitos donde esta transición resulta más urgente.
El estudio estima que en 2025 se generaron 15,2 millones de toneladas de residuos textiles en Europa y advierte de que esta cifra podría crecer un 76% de aquí a 2035 si no se producen cambios estructurales. Este incremento responde tanto al aumento del consumo como a la reducción del tiempo de uso de las prendas, y pone de relieve la presión creciente sobre unos sistemas de recogida, clasificación y reciclaje que todavía presentan importantes limitaciones. A ello se suma el hecho de que producir fibra reciclada sigue siendo hasta 2,5 veces más caro que utilizar materia prima virgen, lo que condiciona la viabilidad económica de muchas de estas soluciones.
En este escenario, el informe subraya que el reto no reside tanto en la ausencia de iniciativas como en su capacidad de escala. Alcanzar un objetivo de reciclaje del 15% en 2035 exigiría movilizar hasta 11.000 millones de euros en inversiones y avanzar en una coordinación regulatoria mucho más sólida. De lo contrario, el crecimiento de los residuos textiles podría alcanzar un volumen equivalente a llenar cerca de 80 estadios de fútbol cada año, una referencia que ilustra la dimensión del desafío al que se enfrenta el sector.
Como explican los expertos, a pesar de los avances, la transición hacia una economía plenamente circular sigue planteando retos relevantes. La necesidad de inversión, el desarrollo tecnológico, la adaptación de las cadenas de suministro o la evolución del marco regulatorio marcarán el ritmo de este proceso en los próximos años. A ello se suma la importancia de avanzar en la coordinación entre los distintos actores implicados, así como en la generación de capacidades industriales que permitan escalar las soluciones ya existentes.
En este contexto, la economía circular se configura cada vez más como un elemento que conecta competitividad, sostenibilidad e innovación. No se trata únicamente de reducir impactos, sino de rediseñar el funcionamiento del sistema productivo en su conjunto, incorporando criterios de eficiencia, reutilización y valorización desde el origen.
La tendencia, en cualquier caso, es clara. La circularidad ha dejado de ser una línea de trabajo aislada para consolidarse como un cambio estructural en la forma de producir y consumir. Un proceso progresivo, todavía en construcción, pero cada vez más presente en la estrategia de las empresas y en la lógica de los mercados, en el que el residuo empieza a entenderse no como un final, sino como el punto de partida de un nuevo ciclo.

Andrea Firenze,
director general de COVESTRO
“La ambición es convertirnos en una empresa totalmente circular.”

Yolanda Fernández,
directora de RSC, Calidad y Comunicación y Relaciones Externas de ALCAMPO
“Impulsamos nuevas formas de consumo más responsables, con iniciativas como ecoparques, recogida de ropa usada o espacios de tecnología reacondicionada.”

CONSUM
“Alcanzamos cerca del 99% de reciclaje o valorización en nuestras plataformas logísticas.”

Borja Lafuente,
director de Asuntos Públicos y Sostenibilidad de DANONE IBERIA
“Trabajamos para mantener los materiales en uso durante más tiempo y reducir el consumo de recursos.”

David Casañ,
director corporativo de GALLETAS GULLÓN
“La optimización de procesos y materiales nos permite reducir costes y aumentar la competitividad.”

Rocío López Santuré,
responsable de Sostenibilidad y RSC de TENDAM
“Creemos en una moda de mayor calidad y durabilidad, diseñada para generar menos residuos y aprovechar mejor los recursos.”

Andrés Fernández,
Director de Sostenibilidad y Sourcing de MANGO
“El 30% de nuestras prendas ya incorporan criterios de diseño circular y más del 80% de las fibras utilizadas son de menor impacto.”

Gema Escudero Samaniego,
directora de Sostenibilidad, Gobierno, Riesgos y Cumplimiento de CANON ESPAÑA Y PORTUGAL
“Refabricamos equipos de impresión reutilizando hasta un 90% de sus componentes, reduciendo el consumo de recursos y emisiones.”

Natalia Latorre,
directora general de Transición Energética de ENAGÁS
“Hemos alcanzado niveles de valorización superiores al 90% y aprovechamos energía residual, como el frío de regasificación, para optimizar recursos.”

Núria Rodríguez Peinado,
directora de Medio Ambiente y Responsabilidad Social de NATURGY
“Impulsamos la producción de gases renovables a partir de residuos, como el biometano, para avanzar en un modelo energético más sostenible.”

Miguel Ángel Fernández,
director de Marketing de LG ELECTRONICS ESPAÑA
“Apostamos por productos más duraderos y reparables, porque el producto que más dura es también el más sostenible.”

Mercedes Puerta,
directora de Excelencia y Sostenibilidad de ILUNION
“Nuestras soluciones abarcan toda la cadena de valor del residuo, combinando eficiencia ambiental con generación de empleo inclusivo.”

Andreu Vilà,
director general de ECOTIC
“La economía circular ha evolucionado hacia un modelo que integra prevención, reutilización, reparación y trazabilidad de los materiales.”

DAMM
“Valorizamos más del 90% de los residuos de nuestras fábricas y reutilizamos subproductos como el bagazo o la levadura.”

Arianne Muñoz,
directora de Marketing y RSC de NACEX
“Reducimos residuos y alargamos la vida de los materiales integrando la circularidad en toda la operativa logística.”

Kenia Saldaña,
Sustainability and Quality Manager de ECCOFREIGHT
“El transporte más sostenible es aquel que se gestiona con la mayor precisión posible.”

Clara Hernández,
Environmental & Climate Change Director at SIGMA EUROPE
“Integramos la economía circular en toda la cadena de valor para mejorar la eficiencia y avanzar hacia un modelo más resiliente.”

Dolo Iniesta,
Head of Country Quality & Corporate Affairs SE de HERO
“Hemos adaptado todas nuestras líneas de producción para fabricar envases monomaterial reciclables, alcanzando el 89,2% de nuestros pouches vendidos en España.”

Iratxe Garay,
responsable de proyectos de Datos ESG y Capital Natural de BBVA
“Nos hemos marcado el objetivo de canalizar 700.000 millones de euros hacia negocio sostenible entre 2025 y 2029.”

EL CORTE INGLÉS
“El modelo Residuo Cero opera en más de 330 centros, con el objetivo de valorizar más del 90% de los residuos y minimizar el uso de vertedero.”

ELPOZO ALIMENTACIÓN
“Integramos nuestros subproductos en nuevos procesos para mejorar la eficiencia y avanzar hacia un modelo más circular.”

ENGIE
“Valorizamos 4.000 toneladas anuales de subproductos industriales para generar energía y reducir emisiones.”

NESTLÉ
“Revalorizamos el 100% de los posos de café como biocombustible en nuestra planta de Girona, evitando más de 36.000 toneladas de CO₂ al año.”