Reportaje > 08/05/2022

Europa camina hacia las cero emisiones

Europa se ha fijado el ambicioso objetivo de convertirse en el primer continente climáticamente neutro en emisiones en 2050. Así pues, para enfrentarse a los retos que suponen el cambio climático y la degradación del medio ambiente ha aprobado el Pacto Verde Europeo que transformará a la Unión Europea en una economía moderna, eficiente en el uso de los recursos y competitiva, garantizando que hayan dejado de producirse emisiones netas de gases de efecto invernadero en 2050; el crecimiento económico esté disociado del uso de recursos y, finalmente, que no haya personas ni lugares que se queden atrás.

Para alcanzar este importante hito, la Comisión Europea adoptó un conjunto de propuestas para adaptar las políticas de la Unión Europea en materia de clima, energía, transporte y fiscalidad con el fin de reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% de aquí a 2030, en comparación con los niveles de 1990. 


Tal y como explica la directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE, Cristina Rivero, “es un objetivo tremendamente ambicioso que requiere una transformación profunda de nuestra economía y, por tanto, con importante impacto en la sociedad. Significa cambiar muchos de los procesos y comportamientos actuales, lo que entraña numerosas dificultades en todos los ámbitos. Creemos, por tanto, que la única manera de acometerlo con éxito es hacer de él una apuesta colectiva, un proyecto país y un proyecto europeo en el que nos podamos volcar todos. Esto requiere coherencia y flexibilidad, así como una colaboración público-privada y una implicación de la sociedad que no hemos vivido hasta ahora. Tendremos que estar todos a la altura”.


La situación actual


El informe de situación de la Comisión Europea, publicado el pasado octubre, señala que ha habido una reducción de las emisiones de Gases de Efecto invernadero (GEI) en el conjunto de la Unión Europea de un 31% en el periodo 2020-1990. La UE actualizó su objetivo presentado en el Acuerdo de París que era de reducir al menos un 40% las emisiones en 2030 respecto a 1990. “El incremento del objetivo a un 55% de reducción es un paso importante, aunque desde las organizaciones sociales consideramos que debería aspirarse a una reducción del 65% teniendo en cuenta la responsabilidad histórica de Europa en la contribución al cambio climático, así como su capacidad económica y tecnológica. Si a nivel mundial se necesita una reducción del 45% de las emisiones para 2030 respecto 2010, tal como señala el IPCC y recoge el Pacto del Clima de Glasgow, los países industrializados necesitamos hacer un esfuerzo mucho mayor para dejar espacio a los países en desarrollo, cuya responsabilidad ha sido históricamente mucho menor y que, además, se encuentran en pleno crecimiento y con población creciente, por lo que no pueden reducir sus emisiones al mismo ritmo que los países industrializados”, asegura la responsable de Clima y Energía de WWF España, Mar Asunción.


Europa se ha fijado el objetivo de reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en, al menos, un 55% en 2030


Por su parte, el responsable de la Unidad Técnica de Cambio Climático de Greenpeace, José Luis García Ortega, considera que el ritmo de crucero alcanzado no es el necesario. “El hecho es que no vamos a la velocidad que necesitamos para evitar los peores impactos del cambio climático y las concentraciones de CO2 en la atmósfera no dejan de crecer: están a un nivel nunca registrado en la historia de la humanidad. Con las políticas actuales vamos a un calentamiento global de 2,7ºC y los gobiernos, incluido el nuestro, no están haciendo lo suficiente. El único compromiso de reducción de emisiones aceptable será aquel que esté alineado con lo que la ciencia indica que es necesario para evitar un calentamiento global de 1,5ºC”.


Por su parte, el experto investigador en cambio climático, el Doctor Sérgio Henrique Faria, profesor Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change y autor del IPCC, piensa, a nivel personal, que “para frenar el cambio climático necesitamos cambios sociales profundos y permanentes, que no se pueden realizar de la noche a la mañana. Así, concluimos que nos encontramos con mucho retraso a todos los niveles: personal, local, regional, nacional, europeo, mundial”. En su opinión, añade que”es un retraso generalizado y no justificable, ya que somos conscientes y estamos informados de los impactos humanos sobre el clima y el medio ambiente desde hace más de 50 años (documentado en incontables menciones al tema en la literatura, las artes, los documentales, etc., de las últimas cinco décadas). El problema de tanto retraso es que las soluciones que ahora estamos intentando implementar frenéticamente son mucho más costosas que las que podríamos haber ejecutado hace décadas y su implementación a toda prisa causa una variedad de imprevistos y errores”.


Para alcanzar este importante reto, la directiva de la CEOE, Cristina Rivero, considera que “sin duda, la empresa española está preparada. O, más que preparada, yo diría que alineada con el objetivo. No olvidemos que nuestra Ley de Cambio Climático y Transición Energética nos marca unas metas más exigentes que las europeas y que ese es un objetivo vinculante que aceptan todas las empresas y sectores. Pero tenemos que ser realistas y acompasar estos objetivos con la realidad de nuestras empresas”.


Es por ello que puntualiza que, para cumplir con lo previsto, “hay que emplear distintas herramientas tanto por parte de las Administraciones Públicas como por parte de la empresa y, también, del consumidor. Estas herramientas son de muy diversa naturaleza y van desde agilizar trámites administrativos, que hoy en día retrasan hasta una década la implantación de proyectos industriales, energéticos o de infraestructuras, hasta reconocer los esfuerzos de las empresas en las hojas de ruta hacia la descarbonización de sus procesos, apoyar la I+D+i o velar por que se preserve o, mejor aún, se refuerce la competitividad de nuestras empresas. Los consumidores tendrán que ser también responsables de sus decisiones y esto implica una apuesta fuerte por la educación y la información que reciben”. 


Los objetivos españoles


“Si bien en los últimos años se ha puesto toda la estructura estratégica y normativa en marcha, España ha perdido mucho tiempo en activar una decidida política climática”, opina el director de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), Sergio Martín Serrano. En primer lugar, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030, elaborado por el MITECO bajo demanda de la Unión Europea, identifica los retos y oportunidades de España a lo largo de las cinco dimensiones de la Unión de la Energía: la descarbonización, incluidas las energías renovables, la eficiencia energética, la seguridad energética, el mercado interior de la energía y la investigación, innovación y competitividad. Con esto, “el Plan marca las bases para consolidar la trayectoria de neutralidad climática de la economía y la sociedad en el horizonte 2050. Sin embargo, el Plan es poco ambicioso. Si bien el objetivo que marca del 23% de reducción de gases de efecto invernadero parece estar alineado con la reducción de emisiones que prevé la Comisión Europea (55% para 2030), España podría apostar por una mayor ambición, que es posible además gracias a las ayudas previstas en el Plan de Recuperación Económica de la Unión Europea asociadas al Pacto Verde Europeo”, asegura Sergio Martín Serrano.


El PNIEC y la Estrategia de Descarbonización a 2050 de la Economía Española constituyen los instrumentos de planificación para abordar los objetivos de transición energética declarados en la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de Cambio Climático y Transición Energética. Esta Ley determina alcanzar la neutralidad climática no más tarde de 2050, contar con un sistema eléctrico 100% renovable para mitad de siglo y con esto reducir el consumo de energía primaria en, al menos, un 35%. En este sentido, “la ambición española mostrada no es la más alta a nivel europeo y sería vital centrarse en aumentar la ambición que se ha establecido en 23% ‘como mínimo’. ¿Con el 23% de reducción en 2030, se puede llegar a las metas de 2050? Si bien España no es de los países con mayor huella de carbono en Europa, estos objetivos se centran en la reducción de emisiones para no superar una temperatura de 2ºC en 2050, en vez de 1,5ºC que plantea la Unión Europea. Los modelos del IPCC explican la necesidad de reducción de entre un 40% y 60% a nivel mundial de aquí a 2030 para no superar los 1,5ºC. En cambio, para el objetivo de 2ºC, la reducción indicada está entre un 10% y un 30%. Es un reto importante encontrar el reparto más justo de las reducciones entre países, pero la adecuación de estrategias con el objetivo de no superar los 1,5ºC conllevaría a menos daños ambientales y menores pérdidas económicas y humanas. Ahí es donde el ‘como mínimo’ de reducción debe tomarse seriamente y con mayor ambición”, comenta el director de ACA.


La Ley de Cambio Climático y Transición Ecológica determina alcanzar la neutralidad climática en 2050


Más pesimista se muestra el experto en cambio climático, Dr. Sérgio Henrique Faria, al explicar que “en la actual situación, ya no es más posible hablar de ‘revertir’ el cambio climático o sus efectos: muchos de los cambios que ya estamos viviendo hoy son irreversibles, mientras otros seguirán su actual tendencia de cambio por muchos siglos. Sin embargo, lo que aún podemos hacer es frenar varios de esos cambios, minimizando así los riesgos e impactos al medio ambiente y a la humanidad. Por eso, no existe una situación de ‘no logramos’: eso significaría desistir y pasar a ignorar el cambio climático, lo que no tiene sentido. O sea, independiente de ser muy o poco exitosos en nuestras acciones, no hay otra opción que seguir definiendo metas y buscando medios de cumplirlas. La ciencia y nuestras recientes experiencias con el cambio climático dejan claro que el mensaje principal es: cada medio grado de calentamiento global que consigamos evitar cuenta: un calentamiento global de 1,5 grados es mejor que uno de 2,0 grados, que es mejor que uno de 2,5 grados y así por delante”.


El papel de la financiación


En el año 2019, la Comisión Europea ya estableció que el Pacto Verde Europeo, que debe ser el eje sobre el que giren las políticas europeas. En este sentido, se debe intensificar la acción contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad fortaleciendo y manteniendo la implementación de los objetivos, estrategias y leyes anunciados. En la actualidad, también contamos con los fondos para la recuperación económica, que son una herramienta muy potente para reorientar el sector productivo hacia una economía descarbonizada. Y es que un tercio de los 1,8 billones de euros de inversiones previstos en el plan de recuperación Next Generation EU y el presupuesto de siete años de la UE financiarán el Pacto Verde Europeo.


Tal y como recuerda Cristina Rivero, directora de Industria, Energía, Medio Ambiente y Clima de CEOE, “junto la digitalización, la transición ecológica es una prioridad clara para la ejecución de los fondos europeos Next Generation EU: los Estados miembros tienen que destinar a este ámbito, al menos, el 37% de los fondos. El Plan de España va más allá y dedica más del 40% de los fondos a la sostenibilidad”. En consecuencia, “las empresas deben diseñar proyectos con una importante dimensión de transición ecológica si quieren aspirar a recibir fondos en las distintas licitaciones de contratos públicos y convocatorias de subvenciones. Además, en la ejecución del Plan, todas las reformas e inversiones que se incluyen deben cumplir con el principio de no causar un perjuicio significativo al medio ambiente (DNSH, por sus siglas en inglés), lo que garantiza un pleno respeto de las actuaciones empresariales con el medio ambiente y su entorno”.


Los fondos Next Generation EU supondrán un impulso a la descarbonización


De este modo la experta de WWF, Mar Asunción, opina que “las finanzas son claves para este fin y, por ello, se estableció la taxonomía para guiar la inversión pública y privada hacia activos sostenibles y contribuir a acelerar la transición ecológica. Sin embargo, en la actualidad estamos contemplando cómo el intento de incluir el gas natural y la nuclear como inversiones verdes en la taxonomía europea pone en peligro el liderazgo climático y de finanzas sostenibles de la Unión Europea. De salir adelante la propuesta presentada por la Comisión Europea sería un freno a la transición energética en la que Europa lleva trabajando años”.


El papel de la empresa


La acción del sector productivo en la lucha contra el cambio climático es fundamental. Tal como recuerda Mar Asunción, de WWF, “necesitamos empresas que lideren el camino hacia una economía sin emisiones de carbono, impulsen la innovación y el desarrollo sostenible mediante el establecimiento de objetivos de reducción de emisiones ambiciosos y basados ​​en la ciencia. Para facilitar a las empresas este camino, WWF promueve junto con Climate Disclosure Project (CDP), el Pacto Mundial de las Naciones Unidas y el Instituto de Recursos Mundiales (WRI), la iniciativa Science Based Targets (SBT). Ya hay más de 1.000 empresas que han establecido objetivos basados en la ciencia, y recientemente también se ha establecido SBT para instituciones financieras”.


Por su parte, Sergio Martín Serrano, de ACA, apunta que entre las hojas de ruta necesarias entra la gestión del biogás, el hidrógeno o las energías marinas. Entre las energías renovables, la ley pone énfasis en potenciar la hidroeléctrica, una alternativa coherente para complementar a las solar y eólica, por ejemplo. También la ley apuesta por el crecimiento de gases renovables como el biogás, el biometano, el hidrógeno y otros renovables. Sin embargo, “aún no se ponen medidas específicas y, con los instrumentos de planificación derivados de esta ley, es aún necesario mayor trabajo. Trabajo de las administraciones, pero también de empresas”.


Más pesimista se muestra el portavoz de Greenpeace, José Luis García Ortega, al afirmar que “las empresas deben ser obligadas a reducir emisiones en los mismos objetivos basados en la ciencia, ser incentivadas a acometer las transformaciones económicas y tecnológicas necesarias y ser penalizadas si no lo cumplen. Solo son aceptables medidas que realmente reduzcan sus propias emisiones, no falsas soluciones como transferir su responsabilidad a terceros o técnicas de lavado de imagen. Como primer paso, se debe prohibir la publicidad y el patrocinio por parte de empresas cuyo negocio descansa en los combustibles fósiles”.


La empresa española debe tomar medidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero


Y añade que “los compromisos voluntarios no tienen validez, porque no hay garantía de verificación ni cumplimiento. Deben ser obligatorios. Alcanzar la neutralidad es imprescindible y lo antes posible, pero de verdad. Es decir, reduciendo sus propias emisiones a cero. Eso es factible en la mayoría de las actividades industriales y, desde luego, en todas las que conllevan consumo de energía. Lo que es inaceptable es autocalificarse de ‘neutras’ en emisiones a base de ‘compensar’, con fábulas como la captura y almacenamiento de carbono o las plantaciones masivas, las emisiones reales que producen, en vez de dejar de producirlas”, puntualiza el dirigente de Greenpeace.

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