Reportaje

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La economía circular, el reto de la próxima década

27/02/2019 Economía circular es un concepto que este 2018 se ha puesto de moda y está en boca de administraciones públicas, empresas y sociedad civil. Pero ¿en qué consiste? ¿Las empresas están incorporando este concepto a sus estrategias de sostenibilidad de modo efectivo? Esta es la pregunta que hemos lanzado al Consejo Asesor de CompromisoRSE y que abordamos en este reportaje.

Según las previsiones de Naciones Unidas, en el año 2050 la población mundial llegará a los 9.100 millones de habitantes. Un crecimiento poblacional que se concentrará en Asia, África y Latinoamérica y el Caribe mientras que la población se estancará en América del Norte y disminuirá en Europa. Ante esta estimación, en el informe “Dos planetas para vivir en este”, el Banco Mundial apunta que serán necesarios casi tres planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los modos de vida actuales.

De hecho, en la actualidad ya disponemos de cifras sobre el “consumo” que hacemos de los recursos naturales que nos ofrece el planeta y las organizaciones ecologistas han acuñado el Earth Overshoot Day (Día de la Sobrecapacidad de la Tierra) o lo que es lo mismo, el día en el que el planeta entra en “números rojos”.

Tal y como explica WWF, “en 1997, la Tierra consumió los recursos naturales, que es capaz de regenerar en un año a finales del mes de septiembre, en 2016 fue el 8 de agosto... y el 1 de agosto de 2018 agotamos todos los recursos que la naturaleza puede regenerar en doce meses”. Así pues, a nivel global, el Earth Overshoot Day no ha parado de adelantarse desde que empezó a calcularse, en la década de los 70. Esto significa que, hoy en día, vivimos como si tuviéramos a nuestra disposición 1,7 planetas Tierra, algo que según la organización de defensa del medio ambiente se traduce en que “estamos viviendo a costa de los recursos naturales de las futuras generaciones. Una hipoteca natural que en algún momento nos pedirá cuentas”.

Ante esta situación, en los últimos años se han alcanzado importantes hitos a nivel medioambiental. En diciembre de 2015, 195 países firmaban el primer acuerdo vinculante sobre el clima que, con el objetivo de evitar un cambio climático peligroso, establece un plan de acción mundial que pone el límite al calentamiento global muy por debajo de los 2ºC. Es el conocido como Acuerdo de París.

Por otra parte, el 1 de enero de 2016 el mundo empezó a implementar oficialmente la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, aprobada unos meses antes por los países que forman parte de Naciones Unidas y cuyo plan de acción está basado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). También conocidos como Objetivos Mundiales, los ODS representan un llamamiento universal a la adopción de medidas con el objetivo de poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas disfruten de paz y prosperidad.

Para lograr estos hitos que se ha marcado la agenda internacional, la economía circular se convierte en un elemento clave. En lugar del actual modelo económico lineal, que basa su paradigma en el producir, usar y tirar, la economía circular apuesta por reducir, reutilizar y reciclar. Así pues, de acuerdo con el modelo de la naturaleza en el que no existe la basura ni los vertederos, sino que todos los recursos son reaprovechados, la economía circular se presenta como un sistema de aprovechamiento de recursos donde prima la reducción de recursos: minimizar la producción al mínimo indispensable y, cuando sea necesario hacer uso del producto, apostar por la reutilización de los elementos que por sus propiedades no pueden volver al medio ambiente. De hecho, según la Fundación para la Economía Circular, el objetivo de este ciclo productivo es “la producción de bienes y servicios al tiempo que reduce el consumo y el desperdicio de materias primas, agua y fuentes de energía”.


La legislación apunta a la circularidad

En este marco, la Comisión Europea presentó en 2015 un Plan de Acción para una economía circular en Europa que incluye 54 medidas sobre las que es necesario actuar en los próximos cinco años para avanzar hacia una economía circular. El objetivo es convertir a Europa en una sociedad más eficiente en el uso de los recursos, que produzca menos residuos, y que utilice como recurso aquellos que no puedan ser evitados, siempre que sea técnica y económicamente posible, con la máxima garantía para la salud y el medio ambiente.

En definitiva, se trata de sustituir una economía lineal basada en extraer, producir, consumir y tirar, por una economía circular en la que se reincorporen al proceso productivo los materiales que contienen los residuos para la producción de nuevos productos o materias primas. En este planteamiento, la reducción, la reutilización, el reciclaje o la valorización material de los residuos constituyen procesos esenciales. De esta forma se profundizan anteriores actuaciones de la Comisión Europea en su “Estrategia europea de crecimiento 2020” y en la iniciativa “Hoja de ruta hacia una Europa Eficiente en el uso de los recursos”, recoge los objetivos y los medios para transformar la economía actual, basada en el uso intensivo de los recursos, en un nuevo modelo de crecimiento basado en el uso eficiente de los recursos.

Por su parte, en nuestro país, el primer trimestre del año el Gobierno español sometió a información pública el borrador de la Estrategia Española de Economía Circular, alineada con los objetivos del Plan de Acción de la Comisión y que tiene en cuenta las características españolas y fija un marco nacional que permite desplegar las medidas necesarias para favorecer que nuestra economía sea circular y por tanto plenamente sostenible y competitiva en el marco internacional en 2030. No obstante, con el cambio de ejecutivo, esta tramitación parece haber quedado paralizada.


El papel de la empresa española

Ante esta situación, CompromisoRSE ha preguntado a los miembros de su Consejo Asesor de qué manera la empresa española está apostando por integrar la economía circular en su estrategia de negocio. De este modo, la directora de Marketing y Comunicación de Accenture, Paloma Cabrera, considera que “la apuesta de la empresa española por la economía circular crece cada año, si bien creo que hay un amplio margen de mejora por delante. Desde 2015, cuando la Comisión Europea aprobó el Plan de Actuación de la UE para una Economía Circular, hasta ahora es cierto que se han logrado avances muy positivos en políticas ambientales como la gestión de residuos. Sin embargo, tenemos que seguir evolucionando áreas clave para la economía española como la mejora de la ecoeficiencia y la sostenibilidad empresarial del turismo, entre otras”.

En la misma línea, el presidente de Villafañe & Asociados, Justo Villafañe, opina que “los líderes empresariales ya están contribuyendo a la economía circular y la integran en su estrategia de RSC. Las compañías están trabajando en impulsar políticas e iniciativas para que los productos, los materiales y los recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible, reduciendo así la generación de residuos. Para las empresas de nuestro entorno, este hecho ya se ha convertido en un imperativo porque, de no ser así, su modelo de negocio será insostenible en la sociedad actual”.

Mientras que Fernando Móner, presidente de la Confederación de Consumidores y Usuarios, apunta los motivos que han llevado a las empresas a empezar a realizar este cambio: “Sin duda, está probado que a corto y medio plazo es un claro ahorro de costes para la empresa. Además, los consumidores están apostando cada día más porque este tipo de apuestas sean uno de los factores motivantes a la hora de decidir el origen del producto/servicio que va a su cesta de la compra”.

En el ámbito de los retos pendientes, el director de Comunicación y Relaciones Externas de DKV, Miguel García Lamigueiro, apunta que “el principal reto que se debe afrontar es el desarrollo de nuevos modelos de producción y consumo para conseguir desligar la actividad económica del impacto ambiental, en base a la utilización eficaz de los recursos, evitando los residuos y la contaminación y, al mismo tiempo, mantener la calidad de los productos y servicios. Para ello, es imprescindible la implicación de los distintos actores para fomentar sinergias y colaboraciones”. Por su parte, para el profesor del Instituto de Empresa, Joaquín Garralda, el principal desafío que tiene la empresa es “empezar desde cero”. Es decir, “replantearse aspectos de diseño básico, de suministro específico y de seguimiento del impacto de su producto o servicio una vez que lo haya vendido”.

A pesar de todos los retos, Elisenda Ballester, directora de Comunicación de Henkel Ibérica se muestra optimista y considera que “las compañías irán integrando la economía circular como modelo de negocio y será su manera de contribuir a la mejora del planeta”

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