financiación sostenible
Los bonos verdes, una forma de financiación sostenible al alza
28/10/2016 Después de los acuerdos alcanzados el año pasado en París, en el marco de la COP21, existe un consenso internacional para evolucionar hacia una nueva economía baja en emisiones de efecto invernadero y basada en estructuras de alta eficiencia. En este sentido, el Foro Económico Mundial calcula que en el año 2020 será necesaria una inversión de 5,7 billones de dólares para poder llevar a cabo esta transformación.
En este escenario aumenta la atención sobre la financiación climática, así como el interés por nuevos instrumentos financieros como los bonos verdes. Una clara muestra del aumento del interés que suscitan es que en el año 2015 las emisiones de bonos verdes alcanzaron los 41.300 millones de dólares, un 15% más que el volumen emitido en 2014. Pero además, BBVA Global Markets Research calcula que en 2016 estas emisiones alcanzarán al menos los 50.000 millones de dólares a nivel global.
¿Qué son los bonos verdes?
Existe un universo de bonos referenciados a clima y medio ambiente, diferenciados entre ellos por el nivel en que sus actividades contribuyen a la sostenibilidad medioambiental. Dentro de ese universo, ‘bono verde’ es la etiqueta que se le da al instrumento de deuda emitido en los mercados de capitales que permite obtener una financiación para proyectos medioambientales concretos como inversiones en energía renovable, eficiencia energética o proyectos de sostenibilidad. En palabras de Ángel Tejada Calvo, en el equipo de originación de renta fija y financiación sostenible de BBVA, “un bono verde es un instrumento de financiación, de renta fija, para que empresas o instituciones públicas puedan financiar proyectos que tienen beneficios medioambientales positivos en el futuro, es decir que van encaminados a la lucha contra el cambio climático”. Un claro ejemplo de este tipo de financiación en España lo encontramos en Iberdrola que ya ha emitido tres bonos verdes para captar financiación entre la comunidad inversora que le permita realizar inversiones relacionadas con energía renovables.
En la actualidad el mercado de bonos verdes todavía representa un pequeño porcentaje sobre el mercado global de la renta fija. A pesar de que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) fue la primera institución en emitir bonos verdes en el año 2007, no ha sido hasta el año 2013 cuando el sector corporativo ha empezado a acudir a los mercados para emitir este tipo de títulos de deuda. “Con este crecimiento exponencial de empresas e instituciones gubernamentales que han decidido financiar sus proyectos medioambientales con este tipo de instrumento, la base inversora institucional ha ido incrementando su interés. De hecho, hoy en día, vemos que el mundo inversor cada vez habla más positivamente de este tipo de inversiones y sostiene que, dentro de sus carteras de inversión, invertir en proyectos que buscan ese beneficio sostenible a largo plazo minimiza el riesgo de las inversiones, lo que se traduce en unos mayores beneficios a futuro”, comenta Ángel Tejada Calvo.
Una mayor transparencia
El emisor de bonos verdes se compromete a ofrecer información a los inversores sobre las inversiones durante toda la vida del bono, al menos una vez al año. Una característica que tal y como explica el miembro del equipo de originación de renta fija y financiación sostenible de BBVA, “dota a este instrumento financiero de una información y transparencia adicional que permite tomar las decisiones de manera más adecuada”.
La comparabilidad y transparencia de estos instrumentos han mejorado gradualmente a lo largo del tiempo gracias, entre otros, a la publicación de unos estándares voluntarios en 2014, los “Principios de los Bonos Verdes” (GBP por sus siglas en inglés), así como a los estándares técnicos ambientales lanzados por la Iniciativa de “Bonos Climáticos” (“Climate Bonds Iniciative”). Los primeros detallan la arquitectura que se requiere para asegurar que un bono verde es creado y gestionado de acuerdo a una serie de estándares comparables, mientras que los segundos se ocupan de la comparabilidad del impacto medioambiental real de los proyectos financiados por dichos bonos.
Así, un bono verde tendrá que responder a alguna de las categorías que los ‘Principios de los Bonos Verdes’ establecen como por ejemplo energía renovable, eficiencia energética, uso sostenible de la tierra, conservación de la biodiversidad, transporte limpio o adaptación al cambio climático, entre otros. A continuación, se llevará a cabo un proceso de evaluación del proyecto para determinar cómo encaja en la categoría, analizar los criterios que hacen que sea un buen candidato para usar la financiación y sus objetivos en términos de sostenibilidad medioambiental.
“A pesar de que en Europa y en Estados Unidos este mercado se basa en una autorregulación por parte de los bancos, de las empresas que emiten renta fija y de los inversores, la tendencia es que los gobiernos de los diferentes países desarrollen políticas que puedan acompañar o impulsar el mercado de los bonos verdes”, afirma Tejada Calvo. De este modo, mercados como la China o India, han realizado movimientos regulatorios verticales para reconocer las finanzas climáticas y especialmente los bonos verdes. “El hecho que, a día de hoy, no exista una regulación específica está relacionado con la necesidad de que el mercado crezca. No obstante, el camino es establecer reglas cada vez más claras y políticas gubernamentales de medio ambiente que apoyen este interés privado, tanto de inversores como de emisores, para favorecer una transición hacia una economía baja en carbono”.
Principales sectores emisores
Aunque el sector eléctrico es uno de los principales sectores susceptibles de emitir bonos verdes por su apuesta por las energías renovables, no es el único. Sectores como las telecomunicaciones, energía o transportes también pueden poner en marcha proyectos encaminados a luchar contra el cambio climático y, por tanto, ser susceptibles de optar a este tipo de financiación. En este sentido Ángel Tejada Calvo recuerda que sectores como el real estate o el automovilístico también son muy importantes en el mercado de los bonos verdes. “Hoy en día la mayoría de los edificios que construimos son inteligentes y sostenibles y ello es posible porque hay una inversión detrás. O las reformas de edificios antiguos para hacerlos más sostenibles también pueden financiarse con un bono verde”, comenta.
Y es que tal y como explica el experto de BBVA, al final es una cuestión de oferta y demanda. “La demanda viene motivada por parte de los inversores que solicitan este tipo de activos porque son rentables, beneficiosos para un desarrollo sostenible y generan valor a largo plazo de sus inversiones”. Y los principales beneficios para la companías se centran en el acceso a una mayor base inversora y una ventaja reputacional. “Aunque en la actualidad las compañías no obtienen un ahorro de costes al emitir bonos verdes, sí obtienen una ventaja reputacional muy importante porque en el ADN de mayoría de las empresas que optan por este tipo de financiación ecológica existe esta preocupación por la RSE encaminada a la lucha contra el cambio climático, la sostenibilidad de las generaciones futuras, etc.”
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