47 entrevista Mónica Gálvez / Eva Galli El 5 de enero entró en vigor en España la nueva Directiva Europea de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD, por sus siglas en inglés). ¿Cómo ayudará a mejorar el reporting en Sostenibilidad? La valoración es positiva porque era necesario estructurar una regulación sobre Sostenibilidad en un contexto de protección social, de dispersión e, incluso, de greenwashing en cier tas prácticas, etc. Durante años, ha habido también un reto profesional, puesto que existían diferentes marcos y estándares porque el proceso no estaba maduro, pero ahora la nueva directiva llega en un momento en el que todo ha madurado y existe una necesidad clara de vincular la Sostenibilidad con la actividad del negocio para que sea útil para los financiadores, a la hora de tomar decisiones de inversión, y para que los grupos de interés conozcan qué están haciendo cada una de las empresas. La claridad es bienvenida. El reto que supone la entrada en vigor de la directiva no afectará a las empresas líderes en Sostenibilidad, que ya llevan años trabajando, sino a esas 50.000 empresas que estarán obligadas a reportar en 2026. La adaptación a estos ámbitos para los reportes de los próximos años supondrá un reto para las empresas y los profesionales de Sostenibilidad y, ahí, tenemos que participar todos, las grandes empresas, los proveedores, la Administración Pública… En este contexto, la directiva europea es solo un elemento específico de todo el avance de la regulación, pero a ello se unen todos los paquetes regulatorios, principalmente en Europa, vinculados a Debida Diligencia, envases, economía circular, sostenibilidad urbana, salud… Estamos en un momento de transformación que está afectando a todo. Continuando con las novedades legislativas, a finales de 2022 entró en vigor la Directiva europea relativa a un mejor equilibrio de género entre los administradores de las sociedades cotizadas. Una normativa que llega a España sin haber cumplido la recomendación de la CMNV de alcanzar un 40% de representación femenina en los Consejos de Administración. ¿Cómo vislumbra la evolución en los próximos años? El foco está claro, lo vemos en las empresas y en las demandas regulatorias y de los inversores respecto a temas de igualdad de género, y es obvio que va a acabar sucediendo. Hay ámbitos que, motivados por la regulación, alcanzarán antes la paridad de género. Entonces, desde ahí, una vez que se puede empezar a ejercer una influencia desde arriba y hay una convicción y una comprensión de este ámbito, ya no hay excusa porque tenemos mujeres profesionales y muy formadas. No hay ninguna razón objetiva, salvo el contexto tanto de interés de las empresas en buscar talento, en captarlo, como la cultura o las políticas de conciliación que ofrezcan a toda la población las mismas opor tunidades de desarrollo. Hay que seguir trabajando en ese ámbito que ahora se une a una comprensión más amplia del concepto de diversidad. Creo que las empresas, a la hora de priorizar sus ámbitos de actuación, tienen que entender dónde y con quién generan más impacto, pero hay que trabajar en todos los ámbitos porque, desde luego, es un tema que hay que resolver de forma urgente. También está encima de la mesa la elaboración de la Taxonomía Social, de la que ya tenemos un segundo borrador presentado por expertos europeos. ¿Es optimista en cuanto a su aprobación? ¿Cuáles serán los próximos pasos? Del mismo modo que la Taxonomía Verde es una aliada de la transformación ambiental vinculada a la neutralidad climática, la Taxonomía Social busca reconducir las inversiones en empresas o proyectos con mayor impacto social. Esto es bienvenido, pero hay que ver cuáles son los otros elementos que marcan esa transformación y la Taxonomía no está avanzando a la velocidad que debería, por lo que, en mi opinión, no creo que en 2023 se apruebe. Tenemos la expectativa de que avanzaremos en todo aquello relacionado con el ámbito interno de la organización como la diversidad e igualdad, la formación y el desarrollo… pero todavía estamos en el proceso de regular las normativas alineadas con la Debida Diligencia como las relaciones con la cadena de valor y los Derechos Humanos, entre otras. Por otra par te, es interesante destacar que laTaxonomía Social incorpora el impacto en el consumidor, es decir, producir productos y servicios que estén alineados a los actuales estilos de vida sostenibles. En ese sentido, otra tendencia es que las empresas han visto que individualmente no lograrán los objetivos y que es necesario generar alianzas y partenariados… En las últimas dos décadas hemos aprendido mucho. Conocemos científicamente los Con la CSRD, 50.000 empresas que estarán obligadas a reportar en 2026 Sabemos qué va a ocurrir y tenemos que actuar
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