que existe en la actualidad, en el que, al menos, durante dos semanas se le da mucha repercusión comunicativa al cambio climático. No es deseable que estas conversaciones se lleven al G-20, porque en las COP hay representación de todo el mundo, la sociedad civil tiene presencia y, de momento, es el único mecanismo que tenemos. Está previsto que, en noviembre de 2025, Brasil organice la 30ª Conferencia de las Partes. ¿Qué expectativas tiene? Hay que poner rumbo hacia una COP30 en la que se integre biodiversidad y cambio climático, y en la que también alcemos la voz para reivindicar que estamos en la mitad de esa década decisiva. Se necesitan voces contundentes de líderes que realmente sean valientes. Por ejemplo, la intervención del presidente Pedro Sánchez en la COP29 estuvo muy bien a puerta cerrada, pero ¿por qué no la hace en público? Todavía existen muchos frenos, hay muchos intereses y lobbies detrás, y todo ello es muy complejo. La biodiversidad es un reto que no está en el imaginario de la sociedad. ¿Cómo es posible que no ocupe más portadas? Uno de los grandes males de este sistema y de este mundo es nuestra desconexión con la naturaleza. Me sorprende mucho porque nos proporciona el aire que respiramos, los alimentos que comemos y es el hogar de millones de personas… La naturaleza es nuestro seguro de vida y está siendo, a la vez, víctima y solución, pero efectivamente está costando mucho. En la COP16 de Biodiversidad se alcanzaron acuerdos importantes en protección, pero fracasó en términos de financiación porque la agroindustria y sus financiadores representan un gran lobby. La devastación de la Amazonía está ampliamente documentada, pero cuando tratas de sacar adelate un sistema de financiación alternativo en base a la protección nos cuesta mucho porque la destrucción puede llegar a ser negocio. La ciudadanía, los científicos y las comunidades indígenas tienen muy claro que hay que proteger y restaurar la biodiversidad, pero los efectos, por ejemplo, del declive de las abejas son invisibles. A largo plazo, perdemos cultivos porque sin floraciones los insectos no pueden polinizar, pero es un efecto lejano y es difícil entender el impacto en la vida de cada uno. Y, por último, el factor más importante es que las grandes potencias son petroleras o militares y no están conectadas con los recursos naturales. Los grandes ecosistemas, los servicios ecosistémicos que nos da la naturaleza, no son una cuestión de Estado. Para mí, este es el elemento clave que probablemente nos está impidiendo avanzar con una mayor velocidad en biodiversidad, lo cual es dramático. Un tribunal de Dakota del Norte, en Estados Unidos, dictó el pasado mes de marzo que Greenpeace Internacional deberá pagar 660 millones de dólares en daños y perjuicios a la petrolera Energy Transfer por unas protestas contra la construcción de un oleoducto, ¿cómo han encajado esta sentencia? Si quieren hacernos creer que luchar frente a la crisis ecosocial o la emergencia climática es un crimen, se han equivocado. El activismo, la desobediencia civil y el derecho a la protesta pacífica son más importantes que nunca. Vamos a apelar al Supremo de Estados Unidos y hemos demandado a la petrolera en Europa, utilizando por primera vez la Directiva anti-SLAPP. La historia no la van a escribir unos matones multimillonarios, sino la sociedad civil como un movimiento grande, diverso e inclusivo luchando porque las personas, el planeta y la democracia estén por encima de los beneficios económicos de unos pocos. La acción directa no violenta es una de las señas de identidad de Greenpeace. ¿Qué ventajas tiene esta dinámica con respecto a otras basadas en la colaboración con las empresas? La acción directa no violenta forma parte de nuestra esencia. Greenpeace nació en 1971, cuando un grupo de activistas antinucleares lleva a cabo una protesta para frenar las pruebas nucleares que Estados Unidos estaba llevando a cabo en el archipiélago de Amchitka, en Alaska. Como acción directa, la expedición a Amchitka no salió como se esperaba. Sin embargo, como estrategia de campaña, resultó un éxito extraordinario. Un año después, Estados Unidos se vio forzado a anunciar que detendría las pruebas nucleares en la zona. Amchitka es desde entonces una reserva ornitológica. Y así nació nuestra estrategia que denominamos "Mind Bombs", que permite en ocasiones tener un gran impacto en el imaginario de las personas y consigue mucha difusión de temas que, de otro modo, quedarían escondidos. No siempre se consigue, pero cuando lo hace, tiene un efecto exponencial para visibilizar algunos problemas. Por último, ¿qué representa para el planeta la presidencia de Donald Trump? Él es solo una persona, pero tiene detrás el lobby económico de las energías fósiles e intentará ralentizar al máximo la gran transformación ecológica que es imparable. La acción de los millones de personas que somos activistas ha resultado ganadora y ahora toca una etapa de resistencia ◆ Si con la multa a Greenpeace quieren hacernos creer que luchar contra la emergencia climática es un crimen, están equivocados 48
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