compromiso_rse_68_diciembre_2023

32 nivencia de la comunidad internacional. Es una guerra con luz y taquígrafos donde lo que está ocurriendo se sabe y se ve y, aún así, hay un posicionamiento muy tibio de las grandes potencias, de la Unión Europea y de Naciones Unidas. Además, vemos la existencia de un doble rasero porque si lo comparamos con el conflicto en Ucrania, desde el principio se han impuesto al menos doce sanciones a Rusia y, en cambio, en el caso de Israel, no ha habido ni una sola sanción. Existe una cierta impunidad y, ahora mismo, la comunidad internacional es cómplice de un castigo colectivo a dos millones de personas que están viviendo en situación de privación, sin agua, sin alimentos, sin medicamentos, sin refugio, con unas movilidades forzosas y jugándose la vida cada día. ¿En qué situación se encuentra ahora la población palestina en la franja de Gaza? Las necesidades humanitarias son tan abrumadoras que no sé por dónde empezar. Prácticamente no entran alimentos y sólo llegan del orden del 3% o 4% de los alimentos necesarios para garantizar la seguridad alimentaria de la población. La gente está bebiendo agua sucia o agua salada porque las infraestructuras están dañadas o inoperativas porque la falta de combustible provoca que no se pueda bombear agua. No hay medicamentos ni combustible. La situación es francamente dramática. Y, al margen de la privación, lo más dramático es la sensación de que no hay refugio seguro. La gente vive con la desazón de jugarse la vida a diario y está en permanente movimiento por los bombardeos indiscriminados. Esta es la realidad de lo que está viviendo de la gente, con un cansancio físico, emocional y psicológico enorme. ¿Qué están haciendo desde Oxfam Intermón? Ahora mismo, nuestra capacidad de respuesta es muy limitada. Nuestro programa ordinario en Gaza llegaba prácticamente a 760.000 personas cada año y desde el principio del conflicto, estamos llegando a 75.000 personas con cosas muy básicas como distribución de efectivo, kits de higiene, alimentos. También estamos consiguiendo poner en marcha sistemas de bombeo de agua por energía solar y estamos negociando, junto con otras muchas organizaciones, la entrada de convoyes desde Rafah con alimentos, medicamentos, kits de higiene… pero está siendo muy complicado. Denunciamos esta situación de privación: se está utilizando el hambre como arma de guerra, algo prohibido por el Derecho Internacional Humanitario. La historia nos juzgará y las generaciones venideras se preguntarán por qué la comunidad internacional y las grandes potencias occidentales miraron hacia otro lado, permitiendo que unas vidas valgan más que otras, que la legalidad internacional se pisoteara sin consecuencias n En un país como República Democrática del Congo, que sólo puede garantizar la sanidad a la mitad de su población, el pago de deuda de cuatro meses equivale al salario anual de 141.000 enfermeras. O Uganda, que sólo tiene 55 camas de UCI para 43 millones de personas, paga cada mes 19 millones de dólares en deuda. Si lo traducimos en camas, podríamos multiplicarlas por cuatro o por cinco. Además de la condonación de deuda, ¿qué otros mecanismos pueden ponerse en marcha? Podríamos hablar también de elusión y evasión fiscal, porque en muchos países supone un coladero de millones y millones de dólares anuales. Estamos hablando de empresas transnacionales que, en muchos países también de renta baja y media, están exentas de tributar o no lo hacen en función de sus beneficios o tributan en refugios fiscales. A nivel global, se calcula que prácticamente un tercio de los beneficios de las grandes corporaciones está en guaridas fiscales y, por lo tanto, es dinero que no va a las arcas de los estados y que podría servir para construir carreteras, comprar respiradores artificiales y desfibriladores o pagar salarios de maestros. A nivel empresarial, se podría promover que las innovaciones y los avances tecnológicos lleguen a los más desfavorecidos, ¿qué cabría hacer para conseguirlo de forma masiva? El primer motivo por el cual no está sucediendo es por la propiedad intelectual de las innovaciones tecnológicas, porque las grandes corporaciones privadas priorizan el sistema de patentes y la generación de riqueza y beneficios antes que compartir conocimiento y tecnología. El segundo gran freno es el dinero. A nivel mundial se han invertido 1,7 billones de dólares en transición energética y energías renovables, pero ¿cuánto ha llegado a África? 10.000 millones. Y el tercer factor es preguntarnos al servicio de quién está la investigación y la revolución tecnológica.Y pienso en la malaria. Aunque, afortunadamente, ahora se está testando una vacuna, durante décadas la malaria ha matado a medio millón de personas al año, el 80% niños y niñas menores de cinco años, y la inversión en malaria durante los últimos diez años ha estado muy por debajo de lo necesario y comprometido porque la malaria es una enfermedad de pobres y se prefiere investigar en otros frentes con mayores recursos. En este momento es necesario hablar de la emergencia humanitaria por el ataque militar israelí en la franja de Gaza. ¿Cómo se explica que no se haya conseguido un alto el fuego? Estamos viendo una escalada de violencia y de sufrimiento que, ciertamente, sucede con la conUn tercio de los beneficios de las grandes corporaciones está en guaridas fiscales

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