32 La primera es el cálculo y reducción de la huella de carbono. Entre 2019 y 2024 hemos logrado reducir nuestras emisiones de alcance 1 y 2 en un 75%. La segunda es el plan de ahorro y eficiencia energética, aprobado en diciembre de 2022. Desde entonces hemos reducido un 7% el consumo eléctrico y hasta un 30% el consumo de papel. Y la tercera es el autoconsumo fotovoltaico. Contamos con una planta de 1,7 MW en la fábrica de Juzbado, que cubre aproximadamente una cuarta parte del consumo de la instalación, y otra de 500 kW pico en el centro minero de Saelices el Chico, con sistema de almacenamiento. En el sector nuclear, la gestión de materiales y residuos es especialmente sensible. ¿Cómo se integra esta cuestión dentro de vuestra estrategia de sostenibilidad? Forma parte de una estrategia más amplia de sostenibilidad y creación de valor. Trabajamos para hacer un uso responsable y eficiente de los materiales vinculados a nuestra actividad, garantizando siempre seguridad, trazabilidad y cumplimiento regulatorio. En nuestro sector, esos marcos son muy exigentes, como no podía ser de otra forma. Además, aplicamos criterios de economía circular, reutilización y valorización de residuos tanto en nuestros propios procesos como en la relación con proveedores, reforzando una gestión ambiental alineada con el ciclo de vida de los materiales. ¿Esa experiencia os ha permitido desarrollar nuevas capacidades medioambientales más allá de la actividad nuclear? Sí. Esa experiencia nos ha llevado a diversificar nuestras líneas de actividad y a crear una Dirección de Negocios Medioambientales, centrada en caracterización radiológica y ambiental, diagnóstico y recuperación de espacios degradados. Un ejemplo claro es el desmantelamiento de centrales nucleares. En España ya estamos colaborando en trabajos vinculados a instalaciones como Zorita o Garoña, para que esos espacios puedan quedar recuperados y reutilizables para otras actividades. También contamos con ENGRISA, nuestra filial especializada en gestión de residuos industriales, tratamiento y caracterización de suelos y aguas, asistencia técnica a la Administración y consultoría ambiental. Entre otros trabajos, colabora con ADIF en la recuperación de antiguas vías con restos de contaminación. En un sector con esa exigencia regulatoria y de seguridad tan alta, ¿cómo se construye una cultura corporativa alineada con la sostenibilidad? En los últimos diez años hemos invertido aproximadamente 15 millones de euros en la mejora de los sistemas de seguridad de nuestras instalaciones. Pero la seguridad no depende solo de la inversión, sino de cómo se trabaja cada día. En ENUSA fomentamos una cultura en la que el rigor y el cumplimiento de los procedimientos forman parte del trabajo bien hecho. Cada decisión y cada actuación individual tienen impacto en el conjunto de la organización. También es esencial la transparencia interna. Una cultura alineada con altos niveles de exigencia en seguridad necesita espacios donde se puedan comunicar incidencias, dudas o mejoras sin miedo y con un enfoque de aprendizaje. Esa cultura preventiva es clave en una actividad como la nuestra. Ahora entramos en la “S” del ESG, ¿qué peso tienen las políticas sociales dentro de ENUSA? En ENUSA la dimensión social se traduce, en primer lugar, en empleo estable, de calidad y altamente cualificado. Actualmente, el 91% de la plantilla tiene contrato fijo, un dato especialmente relevante en una actividad industrial y tecnológica como la nuestra. En materia de diversidad, fuimos la primera empresa pública en adherirnos al programa EMIDIS, Empresas por la Diversidad, promovido por la Federación Estatal LGTBI+, con el objetivo de generar espacios de trabajo seguros, sensibilizar y formar a las personas de la compañía. Además, entendemos la dimensión social desde nuestra relación con los territorios donde operamos. Generamos empleo, actividad económica y conocimiento, especialmente en Salamanca, donde se concentra una parte muy relevante de nuestra actividad. ¿Qué implica desarrollar una actividad industrial tan especializada en ese contexto rural? ENUSA mantiene una relación muy estrecha con la provincia de Salamanca. De nuestros tres centros de trabajo, dos están allí: la fábrica de combustible nuclear de Juzbado y el centro minero de Saelices el Chico. Son zonas rurales, con poblaciones pequeñas, que necesitan actividad económica, empleo y proyectos industriales capaces de aportar valor añadido. En ese contexto, nuestra presencia supone incorporar una actividad tecnológica y altamente especializada en un territorio donde este tipo de oportunidades no siempre son habituales. Además, entre ambos centros de trabajo suman aproximadamente el 70% de la plantilla de ENUSA. Nuestra actividad genera empleo directo, empleo indirecto y una demanda cualificada que impulsa también un tejido industrial de apoyo en el entorno. ¿Hasta qué punto impacta la actividad de ENUSA en el tejido económico de la provincia? ENUSA aporta aproximadamente el 30% de las exportaciones de Salamanca. Año tras año, la compañía encabeza las exportaciones salmantinas y prácticamente uno de cada tres bienes que salen de la provincia con destino a otros países procede de nuestra actividad. Ese impacto va más allá del dato económico. Nuestra actividad genera empleo cualificado, refuerza el tejido productivo y posiciona a Salamanca en una industria tecnológica de alto valor, vinculada al ciclo del combustible nuclear y a la seguridad energética. Por eso creemos que Salamanca y ENUSA forman un binomio que debemos seguir cuidando. En muchas zonas rurales, atraer y retener talento es uno de los grandes desafíos. ¿Cómo lo abordáis desde ENUSA? ENUSA aporta aproximadamente el 30% de las exportaciones de Salamanca
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