28 presas, especialmente en un país formado mayoritariamente por pymes. Ofrecemos herramientas gratuitas, como Scope CO2, para calcular emisiones de forma autónoma, y acompañamos el proceso para resolver dudas e interpretar resultados. La clave es poner facilidades y demostrar que la sostenibilidad también mejora el negocio y reduce costes. Tras 10 años de Comunidad #PorElClima, ¿qué aprendizajes os ha dejado este proyecto sobre cómo acelerar la acción climática? Nos ha demostrado que es posible pasar a la acción. Hoy suma 23.000 actores, pero para nosotros el principal valor no es solo la dimensión, sino el método: medir, evaluar y contagiar. Cuando un establecimiento de Hostelería #PorElClima adopta una medida, se mide su impacto ambiental y económico. Cuando un hospital o centro de salud de Sanidad #PorElClima calcula su huella de carbono, obtiene datos para priorizar mejor sus planes de acción. Ese enfoque permite reducir costes, mejorar competitividad y generar efecto contagio. Cuando una medida funciona y la cuenta alguien del propio sector, su capacidad de movilización es infinitamente mayor. Hostelería #PorElClima demuestra que incluso sectores muy atomizados pueden activar medidas concretas. ¿Cómo se consigue que miles de pequeños negocios vean la sostenibilidad como una oportunidad y no como una obligación añadida? La clave está en presentar la sostenibilidad en el idioma del negocio. Si las medidas no aportan ahorro, diferenciación, financiación o mejora del producto, no funcionan. En un bar o restaurante, alrededor del 60% de las emisiones procede del consumo eléctrico y un 20% del gas natural. Por eso, muchas medidas de mayor impacto climático, como cambiar neveras, congeladores, climatización o lavavajillas, también reducen la factura. Así la conversación cambia: la sostenibilidad deja de verse como carga y se entiende como mejora del negocio. La alianza con Coca-Cola y Hostelería de España nos ha permitido llegar mejor al sector: 20.000 establecimientos adheridos y más de 290.000 acciones climáticas. Más allá de la energía, ECODES trabaja en ámbitos como la movilidad, el consumo responsable o el agua. En movilidad, ¿qué papel deberían asumir empresas y administraciones para convertirla en una palanca real de transformación? La movilidad y el transporte son hoy el principal emisor de gases de efecto invernadero y siguen creciendo tanto en emisiones como en contaminantes urbanos. Su inacción afecta al resto de sectores y frena parte del esfuerzo que otros sí están haciendo. Falta inversión real en transporte público metropolitano, bicicleta y electrificación del parque móvil. España está a la cola de Europa en electrificación, pese a tener condiciones para liderar: electricidad limpia, costes competitivos y un sector de automoción relevante. Seguimos lejos de donde deberíamos estar. Respecto al consumo responsable, ¿qué pueden hacer las empresas para que elegir de forma sostenible sea más fácil y no dependa solo de la voluntad individual? Las empresas han avanzado mucho en incorporar sostenibilidad a su cadena de valor, sus insumos y su forma de producir. Pero muchas veces el producto sostenible no encuentra una respuesta clara por parte del consumidor. Ahí está la siguiente gran batalla. Las compañías no pueden pensar que su función termina cuando el producto llega al mercado: deben generar implicación, conciencia y hábitos sostenibles e influir sobre comportamientos de consumo. La medición del alcance 3 está acelerando esta mirada y soy optimista: veremos empresas más activas en educar y poner en valor hábitos y productos sostenibles. El agua se está convirtiendo en un gran factor de riesgo climático, económico y territorial. ¿Qué deberían estar haciendo ya empresas y administraciones? En este ámbito hay que ser muy contundentes: no estamos haciendo lo suficiente. Y no hablo solo de empresas, también de administraciones. La presión sobre la contaminación del agua es elevadísima y en muchos territorios estamos en niveles inadmisibles. El primer paso debe ser cumplir la normativa, con rigor en el control de vertidos, las inversiones pendientes en depuración y el seguimiento real de esos procesos. A partir de ahí, las empresas deben integrar la biodiversidad y la gestión de los recursos en su cadena de valor. Hay más sensibilización, pero en contaminación hídrica no podemos quedarnos ahí: tenemos que ir al cumplimiento estricto de la normativa. Mirando a los próximos años, ¿qué necesita España para acelerar una transición ecológica justa y útil para todos? Señalaría tres cosas: convertir la ambición climática en política de Estado, financiarla de verdad y orientarla a mejorar la calidad de vida sin dejar a nadie atrás. En ECODES preferimos hablar de un pacto de país. Un reto de esta magnitud no puede abordarse desde la fragmentación, sino con consenso, estabilidad y visión de largo plazo. Las mayorías políticas deben estar a la altura de las mayorías sociales: entre el 75% y el 85% de la población sabe que esta cuestión es urgente y reclama políticas estables. Tenemos poco tiempo, pero también tenemos soluciones. Lo que necesitamos es determinación colectiva para aplicarlas a la velocidad que exige la emergencia. Y debemos cuidar mucho la comunicación: la transición no puede percibirse como un sacrificio, sino como una oportunidad para mejorar la vida de las personas y construir un futuro más justo, resiliente y competitivo ◆ Hostelería #PorElClima suma 20.000 establecimientos adheridos y más de 290.000 acciones climáticas
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