OPINIÓN

Claves para diseñar programas de valor compartido

Mª Jesús Pérez,

subdirectora general de CODESPA y responsable de Observatorio Empresarial contra la Pobreza

Mª Jesús Pérez

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible brindan una oportunidad histórica para avanzar en la integración de las empresas en la solución de los principales desafíos sociales. El concepto de “valor compartido” pretende integrar en la práctica empresarial una búsqueda más proactiva de iniciativas o formas de hacer negocio que generen más valor social. Shared Value Initiative define el valor compartido como “una estrategia de gestión en la que las empresas encuentran oportunidades de negocios en problemas sociales”.

Este concepto puede resultar atractivo, pero ponerlo en práctica no es fácil. Desde una perspectiva de gestión, la identificación de oportunidades de valor compartido está influenciada por el tipo de negocio y la cadena de valor, la comprensión de la propia corporación de su papel en la sociedad y la asimilación de los ODS, o no, como una oportunidad para el propio negocio. Más allá, su puesta en práctica se ve también afectada por factores culturales internos y externos, así como por la agenda predominante de la RSE en un determinado país o sector empresarial.

Es evidente que cualquier avance requiere de un esfuerzo proactivo de las empresas para identificar qué objetivos sociales específicos le son relevantes y cómo abordarlos. Es en este punto donde resulta clave que las empresas se abran a un diálogo profundo con los grupos de interés que se ven afectados por determinados retos sociales, empezando de forma prioritaria por aquellos grupos vulnerables más cercanos a su cadena de valor.

Un mayor conocimiento de esos grupos y de sus problemas sienta una base más sólida para el diseño de una adecuada acción de valor compartido. Cuanto más detallado sea el conocimiento de los retos, sus causas y posibles soluciones, más fácil será la identificación de cómo los activos y/o actividad de la empresa pueden contribuir a generar más valor para ellos y de forma más sostenible en el tiempo. Sólo así se construirá un verdadero social case.

Otra clave, ubicada en el otro lado de la moneda, es identificar por qué tiene sentido empresarial atender un determinado reto social. Encontrar ese sentido empresarial, el business case hace que estas iniciativas se anclen más fuertemente a la estrategia corporativa y adquieran mayor adhesión por parte de la empresa y la alta dirección. La dificultad se encuentra en que, en ocasiones, sólo tras desarrollar una iniciativa se descubre en el proceso dónde están esos beneficios reales y concretos para la empresa. Una alternativa para identificar potenciales beneficios es precisamente hablar con otras empresas y entidades que hayan desarrollado iniciativas en ese ámbito y que tengan una experiencia demostrable de la que obtener lecciones aprendidas.

El Observatorio Empresarial contra la Pobreza quiere servir de puente para esas empresas que quieren acercarse a conocer los retos sociales de su entorno para identificar mejor cómo contribuir a su superación. Tras analizar el problema del empleo juvenil en España en el informe “El camino hacia el empleo juvenil. Qué puede hacer la empresa”, lanzamos el Laboratorio de Acción Empresarial en este sector. Un programa de formación y asesoría que pretende precisamente facilitar a las empresas que participen, un conocimiento profundo de lo que supone este reto, un análisis de cómo puede afectar y condicionar su cadena de valor y, por último, diseñar soluciones ad hoc, ancladas en un sólido social y business case.

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