OPINIÓN

Conciliar el trabajo y la familia, un asunto pendiente

Ignacio Buqueras y Bach,

presidente de Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles (ARHOE)

Ignacio Buqueras y Bach

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles lucha por hacer que los horarios laborales en nuestros país sean mucho más humanos, permitiendo que los trabajadores puedan conciliar su empleo con su vida privada.

Muchos españoles tienen hoy grandes dificultades para compatibilizar el trabajo remunerado con su vida privada, lo cual da lugar a unas situaciones personales ciertamente lamentables: hombres y mujeres que no pueden ver a sus hijos en toda la semana, y que tampoco logran encontrar la manera de hacerlo; menores desatendidos; mujeres que postergan la maternidad ante el temor a perder su cargo o a descarrilar completamente el tren de su carrera profesional; abuelos estresados por cuidar de sus nietos, etc.

Para favorecer la conciliación considero imprescindible cambiar nuestros horarios, haciéndolos más humanos. Con este propósito constituimos en junio de 2003 la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles y su normalización con los de los demás países de la UE.
Lo hicimos al constatar que en nuestro país las prolongadas jornadas de trabajo nos obligan a llegar a casa muy tarde y, en muchos casos, estresados; a cenar a horas intempestivas y a dormir poco y mal, lo cual repercute en un mayor riesgo de sufrir accidentes laborales y de tráfico; no nos dejan tiempo para compartirlo con nuestra pareja y nuestros hijos; menos aún para relacionarnos con otras personas... En otras naciones europeas, los ciudadanos terminan de trabajar a primera hora de la tarde y les queda tiempo para todo ello.

Los horarios rígidos, en los que se “calienta la silla” (aunque no se esté haciendo nada realmente útil), han de dar paso a unos horarios más flexibles y que permitan equilibrar la vida profesional y la personal. Es un tema muy urgente.

Lo necesitan las empresas para reducir el absentismo de sus empleados, para, a su vez, mejorar el rendimiento de los trabajadores, para propiciar un buen clima laboral y rebajar la tasa de rotación, etc. Los trabajadores quieren estar motivados, identificarse con la empresa y mimar un trabajo en el que se les considere personas; y la institución familiar saldrá for talecida si todos le dedicamos más tiempo.

Por suerte, son cada vez más las entidades que aplican ciertas medidas de conciliación y racionalización de horarios (apagar los ordenadores o las luces a partir de una hora determinada, establecer la jornada continua no sólo en los meses de verano, reducir la pausa de la comida, no convocar reuniones a últimas horas de la tarde...), pero son todavía una minoría las que así actúan.

La falta de conciliación es, sin duda, uno de los más graves problemas de nuestra sociedad y, desafortunadamente, la solución se abre camino con demasiada lentitud en España. Reflexionemos y procuremos encontrar cuanto antes soluciones efectivas. Tiene que haber tiempo para todo y para todos.

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