OPINIÓN

Hacia el progreso de la infancia

Consuelo Crespo,

presidenta de UNICEF-Comité Español

Consuelo Crespo

Organizaciones y empresas españolas están aportando conocimiento, experiencia y recursos para que los derechos de la infancia sean realidad alrededor del mundo.

Algunas empresas y entidades están asumiendo un compromiso efectivo con la sociedad. Y aunque parezca una contradicción, en estos momentos de crisis que afecta con gran dureza también al sector empresarial, este compromiso lejos de diluirse, se está afianzando en muchas de ellas. No debemos olvidar que las causas que han provocado esta crisis que ahora nos afecta no son muy distintas a las que provocan desde hace lustros una crisis permanente, y más o menos silenciada, en las zonas del mundo en las que vive el 80% de la población mundial, de la cual, aproximadamente, la mitad son niños.

La CRISIS, con mayúsculas, es la forma de vida, desde hace décadas, de millones de personas con las que compartimos el planeta, y los cambios necesarios para evitarla no pueden realizarlos las organizaciones humanitarias en solitario UNICEF tiene la responsabilidad de trabajar por los derechos de la infancia más allá de atender sus necesidades básicas. Su objetivo global es lograr el desarrollo de todos los niños en igualdad de oportunidades, y trabaja con el convencimiento de que el cumplimiento de sus derechos garantiza el progreso de la humanidad.

Con esta misión, UNICEF propone a sus aliados invertir en un modelo que logra resultados que cambian realmente la vida de las personas, que transforman las comunidades y los países y que son el pilar del verdadero desarrollo humano sostenible. A estos resultados contribuye la RSE cuando busca no sólo solucionar problemas de los grupos más vulnerables y excluidos en esta sociedad del siglo XXI, sino atajar sus causas. Las empresas, aportando conocimiento, experiencia y recursos, pueden ser destacados actores de una transformación que persigue erradicar las causas de la pobreza y construir las bases para el progreso de todos, sin exclusión.

Es un objetivo tremendamente ambicioso, porque supone recomponer muchas de las claves y las estrategias utilizadas hasta ahora, pero los grandes cambios parten de las grandes utopías. No dejemos de creer en ello.

Muchos países han progresado hasta mejorar las condiciones de vida de los niños y garantizar sus oportunidades de desarrollo, pero ahora es necesario mantener estos logros y evitar cualquier retroceso que pudiera acentuar las carencias que producen en los niños consecuencias irreversibles.

Lamentablemente, los niños forman parte de la población más vulnerable en cualquier país, y hemos comprobado en otras ocasiones el tremendo impacto que causa en su bienestar una situación económica como la que atravesamos en la actualidad. Recor tar ahora la inversión en la infancia sería un grave error que supondría sin duda agravar la situación actual y perpetuarla en el futuro.

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