OPINIÓN

La necesidad real de la Acción Social

Elena Galante Marcos,

especialista de Responsabilidad Social

Elena Galante Marcos

El 26 de junio, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) aprobó la revisión parcial del Código de Buen Gobierno de Sociedades Cotizadas de 2015. Con ello, sustituyó oficialmente el término de Responsabilidad Social Corporativa por el de Sostenibilidad ¨en relación con aspectos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG)”. Esto supone un gran paso para la madurez de la disciplina.

Cosas de la vida, esta noticia me llegó mientras analizaba decenas de datos recabados durante el confinamineto sobre las acciones realizadas por las empresas para contribuir al amortiguamiento de las consecuencias del COVID. Desde el 9 de marzo, día en el que se toman las primeras medidas oficiales para contener la crisis, hasta el 15 de mayo, inicio de la desescalada, he analizado diariamente las noticias sobre las acciones de responsabilidad corporativa publicadas en 9 medios de comunicación nacionales. En total más de 400 noticias.

Casi el 60%, son iniciativas de lo que denominaríamos ¨acción social¨, definiendo acción social como aquellas actividades puntuales y voluntarias en que la empresa se involucra, poniendo a disposición sus recursos humanos, técnicos y financieros en beneficio de colectivos desfavorecidos.

Los que nos dedicamos a esto, nos esforzamos por evangelizar sobre la importancia de pasar del desarrollo de iniciativas de acción social, a la gestión de la Responsabilidad Corporativa, promoviendo una identificación y gestión, estratégica e integral, de los impactos derivados de la operación y de las expectativas de sus grupos de interés. Sin embargo en este caso, yo, - que me considero una persona muy técnica en la gestión de las responsabilidad corporativa; de las que coge el análisis de materialidad al pie de la letra -, he asistido maravillada a la movilización empresarial, analizando y estudiando las acciones realizadas por las empresas para amortiguar los efectos negativos de la crisis y contribuir a paliar la pandemia.

Las empresas se han puesto a disposición de la sociedad donando sus productos y servicios y sus recursos financieros:

La industria de alimentación ha donado comida, la de bebidas litros de agua, la industria de higiene y perfumería productos de higiene personal y la del juguete ha fabricado pantallas de protección. Las empresas tecnológicas han donado sus servicios de internet a los centros sanitarios facilitando el contacto de los enfermos con sus familiares a través de la tecnología y las empresas energéticas han abastecido con electricidad gratuita los hospitales habilitados para la emergencia, los cuales han sido equipados con los camas, colchones y textiles donados por comercios especializados en hogar.

Las empresas de transporte terrestre y aéreo han donado equipos propios en stock como mantas y neceseres y las de distribución de mercancías han colaborado con el traslado gratuito de material sanitario y comida a los centros hospitalarios. Las marcas de coches y empresas de renting, han puesto a disposición de los sanitaros sus vehículos y las aseguradoras han donado sus servicios, ofreciendo atención psicológica a colectivos en riesgo, sobre todo a personas mayores y solas.

Cada empresa donante ha aportado según su negocio, generando un impacto positivo en su entorno gracias a la acción social. Contabilizando el aporte económico solamente de un grupo de las grandes empresas del Ibex para la compra de material sanitario, la cifra asciende a los 150 millones de euros. No obstante el aporte total del sector privado durante la pandemia no se ha cerrado.

Resulta paradójico que, cuando por fin logramos que el término Sostenibilidad se acuñe por el regulador, la acción social, situada en la génesis de la Responsabilidad Social, haya tenido un rol tan importante. Todos a una ante la emergencia.

Esta crisis ha puesto en evidencia la necesidad de la solidaridad y la generosidad, y eso es la acción social.

La experiencia del COVID es, desde mi punto de vista, una oportunidad para reflexionar sobre la necesidad social de la acción social (perdón por el trabalenguas) y a su vez, la necesidad de que evolucione hasta convertirse en una herramienta más estratégica para la empresa. Para ello, debería estar alineada con la estrategia empresarial y con las expectativas de los grupos de interés, regida por una política interna y medida a través de indicadores de impacto social, y de impacto en áreas como la reputación de la organización, entre otros.

Ahora que la Sostenibilidad adquiere nombre propio y nos espera al final del camino, y tras la experiencia que hemos vivido, las empresas están en un buen momento para revisar sus planes e incluir estratégicamente la acción social como un brazo más de la estrategia de Sostenibilidad.

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