OPINIÓN

Transición energética inclusiva, también en el mercado laboral

María Teresa Costa,

directora Cátedra de Sostenibilidad Energética de IEB-Universitat de Barcelona

María Teresa Costa

El sector energético se encuentra inmerso en una enorme y profunda transformación, con riesgos, pero también con muchas oportunidades que hay que aprovechar si se quiere alcanzar la consecución de la neutralidad climática propuesta por el Pacto Verde Europeo. Sin duda la generación de empleo en España se presenta como una gran oportunidad y para ello se debe investigar y reflexionar sobre los nuevos requisitos de formación, habilidades y capacidades que serán necesarios en el sector energético.

Así pues, resulta interesante conocer de primera mano los requisitos cambiantes de educación y las habilidades que exigen los nuevos empleos del sector energético, para así poder dotar a las generaciones actuales y futuras de una mejor oferta formativa, que dé respuesta rápidamente a las cambiantes exigencias de los puestos de trabajo. De lo contrario, la falta de capital humano adecuado en el sector podría traducirse en una ralentización de la consecución de los compromisos de transición energética y justa que persigue firmemente España.

cA partir de los datos recopilados de más de 12.000 ofertas de empleo mundiales extraídas de las propias páginas corporativas de las empresas del sector energético, el equipo de investigación de la Cátedra de Sostenibilidad Energética de la Universidad ha identificado cinco grandes perfiles profesionales que el sector va a demandar en los próximos años en el marco de la transición energética. Estos perfiles son: transformación tecnológica, energías renovables, eficiencia energética, finanzas verdes y sostenibilidad, y orientación al cliente. El trabajador del sector energético destaca especialmente por requerir una cualificación muy elevada. Más de tres cuartas partes tiene estudios superiores y apenas el 10% tiene un muy reducido nivel educativo. Se trata, de hecho, del sector de la economía española, tras los sectores de tecnologías de la información y comunicaciones, finanzas y seguros, actividades profesionales, científicas y técnicas, y educación, con un perfil formativo más elevado.

Ahora bien, todo proceso transformador conlleva a su vez una serie de riesgos. Que el nuevo modelo energético pueda ser considerado como inclusivo dependerá en buena medida de su capacidad para integrar a personas cuyo futuro profesional se ve comprometido por la automatización de los procesos productivos y la falta de las competencias genéricas o específicas necesarias para adaptarse de forma exitosa al nuevo mercado laboral. Entre estos colectivos vulnerables no debemos olvidar a los trabajadores con bajos niveles formativos y de competencias; trabajadores de tecnologías obsoletas dentro de la Agenda Verde 2050 –por ejemplo, centrales térmicas de carbón o petróleo-; y trabajadores de la industria energética afectados por la deslocalización de procesos, con limitaciones para la movilidad geográfica.

Cada vez son más los casos de éxito de prácticas nacionales e internacionales de inclusión social y empoderamiento de colectivos frágiles a través de la innovación social. En este sentido, iniciativas locales bien diseñadas contribuyen con éxito a conectar personas vulnerables y personas con perfiles de empleabilidad muy bajos con las oportunidades de empleo que ofrece el sector energético. De hecho, la efectividad de los programas de inserción laboral se ha observado que mejora cuando se tiene en consideración el desarrollo de habilidades y competencias de los individuos (intervención del lado de la oferta), junto al diseño de una estrategia de participación directa en el mercado laboral a través de las empresas (intervención del lado de la demanda). Otro factor detectado que contribuye positivamente al éxito de las iniciativas es la cooperación entre agentes claves –grupos vulnerables, administraciones locales, centros formativos, empresas privadas y entidades sociales–.

Las administraciones locales y entidades sociales poseen un conocimiento más cercano de los mercados laborales locales, teniendo identificados los principales grupos vulnerables. Estas instituciones juegan un papel clave como interlocutores y mediadores entre los otros grupos. Las instituciones educativas requieren apoyo para desarrollar planes formativos más inclusivos y acordes a las nuevas tendencias y necesidades del sector. Las empresas energéticas del sector requieren nuevo talento para hacer frente a la transición energética, al mismo tiempo que son buenos conocedores de las nuevas habilidades y competencias, pudiendo contribuir en la actualización de contenidos formativo. Sin duda, es necesario que todos los agentes sociales implicados, desde las administraciones, los centros educativos, las empresas y las organizaciones sociales, trabajen de forma coordinada para aprovechar las oportunidades de nuevos empleos que ofrece la transición energética.

María Teresa Costa es directora Cátedra de Sostenibilidad Energética del IEB-Universitat de Barcelona y del estudio “Empleos que demandará el sector energético: nuevas oportunidades sostenibles”, publicado por Fundación Naturgy

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