OPINIÓN

El coworking de impacto, creación de valor a través del trabajo

Antonio González,

director general de Impact Hub Madrid

Antonio González

Toda nuestra visión sobre el trabajo está en proceso de transformación como consecuencia del impacto de la IV Revolución Industrial y las implicaciones que conlleva: movilidad, big data, modelos de negocios disruptivos y, en definitiva, el cambio de modelo productivo en el que predomina la figura del emprendedor. Para atraer el talento se necesitan valores más flexibles y abiertos.

El coworking nace de la creatividad y también como nueva industria de la mano de los cambios sociales y tecnológicos. Además de facilitar un espacio de trabajo, los espacios de coworking actúan como conectores con otros ecosistemas emprendedores y de innovación, así como con las comunidades locales donde operan.

En los comienzos del coworking, se mezclaban grandes espacios abiertos, junto con emprendedores, freelance y pequeñas start-ups, que contribuían a crear ambientes muy creativos e innovadores. Desde entonces, el sector de las oficinas flexibles ha cambiado mucho, apropiándose del concepto de coworking para cualquier tipo de espacio abierto. A pesar de ello, hay un elemento diferenciador propio de los espacios de trabajo colaborativos: poner el foco sobre la comunidad, el emprendimiento y la creación de impacto, en lugar de ponerlo sobre las facilities.

Actualmente los espacios de coworking albergan a cuatro generaciones, así como a empresas de sectores y tamaños variados que comparten el mismo espacio y tienen necesidades muy diferentes. Esta función vertebradora intergeneracional y sectorialmente transversal contribuye a favorecer que surjan proyectos innovadores. Para poder acoger propuestas diferentes y dar servicio y apoyo en cada caso, es necesario combinar en un mismo lugar los espacios abiertos y comunes para compartir e inspirarse, con espacios cerrados para profundizar y trabajar en equipos más pequeños. Pero sobre todo es necesario fomentar la flexibilidad para atender necesidades diversas y funcionar como catalizador del cambio a través de programas de innovación e impacto, contenidos de valor y una comunidad viva que aprende junta y suma talento.

La atmósfera, el diseño, el ambiente en los espacios son elementos que pueden y deben estar orientados a la creación y consolidación de una comunidad. Pero no únicamente. Es imprescindible que exista un sentido de pertenencia al grupo y un propósito compartido que se traslada en una programación variada y relaciones de valor. Son estas coordenadas las que los espacios de coworking deben seguir al dibujar su hoja de ruta para crear comunidad, que es una forma de generar impacto.

La apuesta de Impact Hub Madrid por integrar la filosofía B Corp ha marcado la diferencia en el sector, ya que contar con un compromiso por la sostenibilidad y formar parte de la comunidad que está pensando en cómo generar cambios positivos en la sociedad va más allá del uso del espacio físico. Nuestra forma de trabajar influye de manera en nuestra sociedad y estilo de vida. Los valores que representa el coworking constituyen verdaderas herramientas de transformación social: flexibilidad, diversidad, conexión y, sobre todo, experiencia colectiva. Ante los retos que plantea el futuro del trabajo, el coworking se presenta como un modelo de innovación de los procesos de trabajo y creación de valor económico, social y ambiental que puede dar respuesta a estos retos

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