OPINIÓN

La ética como camino para el desarrollo financiero

Santiago Ramón Torres,

Director General de CIFF (Centro Internacional de Formación Financiera)

Santiago Ramón Torres

Desde que en el año 2012 el sistema financiero entrase a formar parte de la lista de las principales preocupaciones de los españoles -encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas- el sector no ha vuelto a salir de dicho ranking. Cabe destacar que esta percepción, como preocupación, se ha ido moderando con el paso de los meses, pero todavía sigue por delante de cuestiones como la vivienda, la justicia o incluso las pensiones.

Lograr recuperar la confianza de la sociedad en el sector financiero y en sus gestores no es tarea fácil si todavía nos encontramos en un momento de fragilidad económica que no permite hablar de recuperación en toda su amplitud. Mientras las sombras de la crisis persistan en España y en Europa, la sospechas sobre la responsabilidad del sector financiero en su generación se mantendrán en el imaginario de la sociedad española. Y para nada contribuye al cambio, además, el goteo constante de noticias que revelan ciertas prácticas que llevaron a cabo, presuntamente, algunos que se decían gestores financieros.

Muy probablemente, cuando las entidades financieras recuperen la total confianza de los inversores y de los mercados, -mediante de las pruebas de estrés y las nuevas regulaciones-, y contribuyan de nuevo, a través de su actividad principal, al desarrollo y a la prosperidad de la economía, vuelva también sobre ellas la confianza de la sociedad. Sin embargo de nada serviría una mejora de la confianza si esta sólo se sustenta en la solidez numérica de los indicadores bancarios y se olvida de la forma en la que se obtienen dichos indicadores. Sólo estaríamos hablando de una recuperación parcial de la confianza.

Esa ‘otra parte’ reside en quienes hacen, son y construyen las finanzas, en quienes dirigen los bancos, mueven las inversiones, captan el ahorro de los ciudadanos, analizan y gestionan los riesgos o lideran a otras personas en las que depositamos nuestro dinero. ¿Cómo podemos contribuir a recuperar la confianza en las personas que forman el sistema financiero, en mejorar la imagen que proyectan hacia la sociedad?.

Nelson Mandela fue quien dijo que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Por eso es fundamental el papel que juegan las Escuelas de Negocio, como formadoras de aquellos que dirigirán y cambiaran el mundo y es desde el momento en el que se instruyen los futuros ejecutivos de finanzas desde donde, nosotros, desde el Centro Internacional de Formación Financiera-CIFF consideramos que hay que empezar a trabajar.

Para ello creemos que no sólo hay que incorporar materias académicas que aborden la ética profesional en los diferentes programas que desarrollamos en esta Escuela (en Finanzas, Finance & Banking, Gestión de Riesgos o Análisis de Inversiones) sino que hay que implicar a los alumnos en su compromiso con la sociedad y la economía en la que se van a desempeñar dentro de unos meses.

La gran mayoría de los estudiantes -por no decir todos- que se han matriculado en CIFF aspiran a ocupar en el futuro puestos y cargos de responsabilidad en el sector financiero o en el ámbito empresarial y son conscientes de que entonces tomarán decisiones que afectarán a personas, a sociedades, a empresas y a países.

Si a estos pre-ejecutivos se les invita desde el minuto uno a comprometerse, como hemos impulsado a través del Compromiso de Conducta Profesional Ética y Sostenible de CIFF, -código al que pueden adherirse de forma voluntaria- estarían enfocando de una manera diferente su formación académica, en lo que se refiere al trabajo en equipo, compromiso y actitud, al tiempo que comenzarían a crear una nueva generación de ejecutivos financieros capaces de conmover las estructuras del sistema y la percepción que sobre ellos tiene la sociedad.

Las normas de conducta de los futuros directivos financieros recogidas en el Compromiso Ético y Sostenible implican que el firmante debe actuar con integridad en el desempeño de su trabajo, salvaguarde los intereses de la empresa, de sus clientes y de la sociedad en la que opera, que proteja a la institución de comportamientos ambiciosos que puedan dañarla, que defienda las leyes y contratos que rigen su conducta profesional, que asuma la responsabilidad de sus actos y de las decisiones que adopte, y que permita y contribuya al desarrollo de la sociedad y de las personas a las que dirige.

Pero cabe apuntar que esta acción de CIFF, que es pionera en el sector de las escuelas de negocio de España, responde a una demanda, no sólo de la sociedad, sino de los propios alumnos y ex alumnos, ahora ejecutivos financieros, por cambiar la percepción social sobre el sector y por dirigir organizaciones en las que prevalezca el bien común.

Recientemente, y también como consecuencia de la crisis, han surgido corrientes de pensamiento y gestión basadas en lo que se conoce como Finanzas Éticas. Lo que nosotros proponemos desde CIFF es que las finanzas contribuyan también al desarrollo social y de las personas -contando con ellas y no a su costa- y que la ética en las finanzas sea la que rige el comportamiento profesional de quienes las dirigen.