OPINIÓN

Las mujeres también roncan (mos)… o de la normalización de género

Julia Salsas,

creadora de Las ConSentidas - Whomen

Julia Salsas

Después de 5 años desde que decidí, me permití y escogí centrar mi trabajo como consultora en RSE en la mujer, aparcando la intención de abarcarla yo sola en su totalidad (¡qué mal tema el de la “superwoman” que todo lo puede y todo lo hace -super bien-!), me atrevo y animo a compartir algunas ideas acerca de esto que hemos querido llamar igualdad. Reflexiones fruto, no de la lectura de múltiples y diversos estudios, no de noticias que parece que van ganando terreno en los medios de comunicación (aunque lastimosamente la mayoría de ellas para hablar de algo negativo que sucede con o a las mujeres), sino de la escucha activa, la conversación participativa, la observación atenta con ellas. Y con ellos. Cada vez con más hombres que han “salido del armario” para demostrar que este tema nos interesa, afecta e implica a todos. Sin género.

Empecemos por el concepto (porque, ay, qué importante es el tema del lenguaje, las palabras que elegimos). Igualdad. Que levante la mano quien siendo hombre quiere ser igual que una mujer y quien siendo mujer quiere ser igual que un hombre. Yo no. Porqué me encanta ser mujer. Y sobre todo, porque iguales no podremos ser nunca. Nunca. Que debemos trabajar para que salarios (la mujer sigue cobrando un 29% menos que sus compañeros), oportunidades (la presencia femenina en cargos de dirección sigue siendo la asignatura pendiente de nuestro país) y derechos (temporalidad y precariedad siguen teniendo nombre de mujer en el mercado laboral) sean iguales. Sin duda. Ahí estamos.

El siguiente – quizás más evolucionado – concepto que se escucha con fuerza es el de la equidad. Parece que elimina todo lo que se asocia a lo antropológica y biológicamente implícito en cada género y se centra más en aquello por lo que muchas, y muchos, estamos trabajando. Pero tampoco acaba de convencerme. Porque con las cifras sobre la mesa (en el mundo somos el 51% mujeres y el 49% hombres; el mercado laboral se conforma de 45% de mujeres; el 83% de las familias monoparentales están compuestas por mujeres, …) lo normal sería que dejáramos de hablar de esto. De una vez.

No voy a hablar de la necesidad de romper el círculo vicioso en el que muchas mujeres se encuentran (trabajo + cuidados = precariedad laboral), de esos planes de igualdad que parecían ser la solución para garantizar esa igualdad laboral. Prefiero invitar a una reflexión a quien lea esto, dejar que se imponga el sentido común, escuchar la voz de las personas.

“Quiero tener más tiempo para compartir con mis hijos”, “ojalá pudiera tener a mi madre en casa en lugar de en una residencia”, “me encanta el verano para tener el tiempo de mi gran hobbie: cocinar”, “al próximo retiro de meditación que vayas, avísame que me organizo para acompañarte”. Cada vez convivo con más frases de este estilo. Frases que escucho en conversaciones que tengo con hombres. Y ya no me resultan sorprendentes. Es normal que quieran poder hacer eso que aparentemente es más femenino.

Del mismo modo en conversaciones con amigas, clientas o colaboradoras se cuelan frases como “voy a conseguir ese puesto porque he trabajado muy duro para lograrlo”, “ya no me siento culpable por salir a cenar con las amigas 2 veces al mes”, “si no fuera por él, la nevera de casa haría eco”.

Puede que suenen a estereotipos, clichés, pero paso a paso, día a día, se está convirtiendo en lo normal. Porque muchas quieren y pueden llegar más lejos laboralmente; porque muchos quieren y necesitan hablar más y “posturear menos”. Porque el concepto adecuado, el término que debemos interiorizar, hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas es el de la normalización de género.
Porque sí, las mujeres también roncamos. Porque es, incluso, normal.

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