OPINIÓN

Cerrar el círculo de la transición energética

José Pérez,

consejero delegado de Recyclia

José Pérez

Lograr un futuro descarbonizado y sostenible está condicionando de una forma sin precedentes las cadenas de suministro globales de materias primas. Las bautizadas como transiciones gemelas -verde y digital- dependen cada vez más de recursos esenciales como el litio o el cobalto que, lejos de ser meros elementos de la tabla periódica, se han convertido en el pilar de tecnologías clave para la transición energética, desde las baterías de vehículos eléctricos hasta los paneles solares y los aerogeneradores.

Por poner un ejemplo, se estima que entre el 50% y el 60% de los materiales necesarios para fabricar un vehículo eléctrico pertenecen a esta categoría de materias primas críticas, lo que eleva la importancia de asegurar su disponibilidad y sostenibilidad en los próximos años.

El desarrollo tecnológico vinculado a la transición a una economía más verde, digital y resiliente tiene, por tanto, una doble cara. La que podríamos llamar cara A o más amable, más social y hasta ahora más visible, es todo ventajas, empezando por la prácticamente nula emisión de gases de efecto invernadero (GEI) y de otros contaminantes que contribuyen al cambio climático, sin olvidar que requieren de poca agua para su funcionamiento.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta su cara B. Aquella que constatan organismos como la Agencia Internacional de la Energía, según la cual el mercado global de minerales imprescindibles para la transición energética se ha duplicado en los últimos cinco años, alcanzando los 320.000 millones de dólares en 2022. De forma simultánea, la demanda global de litio se ha triplicado entre 2017 y 2022, mientras la de cobalto ha aumentado un 70% y la de níquel un 40%.

Además, según diversos escenarios analizados por este mismo organismo, la demanda de materiales críticos para tecnologías limpias se podría duplicar e incluso triplicar hasta 2030, siendo el incremento en la producción de vehículos eléctricos y el almacenamiento de baterías los principales impulsores.
Para evitar una ralentización en los procesos de transición verde y digital, la Unión Europea y sus países miembros están adoptando estrategias y políticas que mitiguen los cuellos de botella en el acceso a materias primas fundamentales y asegurar así la estabilidad de la cadena de suministro y garantizar la resiliencia de nuestro modelo productivo.

A escala comunitaria, la Ley Europea de Materias Primas pretende diversificar las importaciones de materias primas en la UE, de forma que ningún tercer país suministrador represente más del 65% del consumo anual de cada materia prima. Por su parte, en el ámbito nacional, cabe mencionar la Hoja de Ruta para la Gestión Sostenible de las Materias Primas Minerales (2021-2030), que incentiva asimismo la diversificación del abastecimiento desde terceros países, siempre bajo criterios de sostenibilidad y responsabilidad.

Dependencia española de materias primas críticas
En este contexto marcado por la necesidad de reforzar la autonomía de nuestro país en el suministro de materias primas fundamentales, hemos decidido que nuestro “V Informe Anual de Recyclia sobre Tendencias en la industria del reciclaje de RAEE y pilas en España” se centre en el rol estratégico de esta actividad -la nuestra, la de Recyclia- en dicho suministro.

El punto de partida de este análisis es nuestra alta dependencia del exterior en el suministro de dichas materias. En particular, destaca la total dependencia de materias primas como el níquel y el aluminio. También es elevada en otros casos, como los minerales metálicos (ratio de dependencia del 68%); el oro, la plata y el platino (49%); y los metales no férreos (33%). Y, en menor medida, respecto al cobre y el zinc (14%).

España no solo depende en gran medida de fuentes externas para obtener estas materias primas, sino que además las importaciones se concentran en un número reducido de países. Como indicaba, nuestra dependencia respecto al aluminio es total y además existe una concentración del 75,2% de las importaciones de este material provenientes de cinco países: Mozambique, Bahréin, Malasia, Emiratos Árabes Unidos e India. De manera similar, España depende completamente del exterior para el abastecimiento de níquel, con un 97% de las importaciones concentradas en cinco países, donde solo Brasil representa más de dos tercios de las compras totales.

En el caso del cobre, los cinco primeros proveedores suponen cerca del 84% de los aprovisionamientos, liderados por Perú e Indonesia. Y para el oro, la plata y el platino, un único país, Marruecos, representa más del 85% de los suministros.

Este análisis pone, por tanto, de manifiesto la concentración de las importaciones españolas de materias primas críticas en algunas economías con elevado riesgo país. Estas condiciones elevan el riesgo de potenciales interrupciones en las cadenas globales de suministro, sobre todo en un contexto donde la política comercial se utiliza cada vez con más frecuencia como herramienta geopolítica, como señala el Informe Draghi.

La minería urbana, piedra angular
En este contexto, el reciclaje emerge como un eslabón estratégico dentro de la cadena de suministro de materias primas. Con medidas como la prevista en la Ley Europea de Materias Primas Fundamentales, para que al menos un 25% del consumo anual de las materias primas estratégicas provenga del reciclaje interno se prevé avanzar en esa dirección.

En las próximas décadas, se espera que una parte cada vez mayor del consumo de materias primas estratégicas de la UE pueda cubrirse con materias primas secundarias, lo que no solo mejorará la seguridad del suministro, sino que también reforzará la sostenibilidad de la cadena de valor de las materias primas. En este sentido, los aparatos electrónicos y las baterías de vehículo eléctrico en desuso son un caso paradigmático de lo que se conoce como minería urbana.

Según nuestro estudio, en 2030, las toneladas de cobre resultantes del reciclaje de residuos electrónicos podrían equivaler al 5,5% de la demanda prevista de este material para la fabricación de aparatos electrónicos en nuestro país. En el caso del aluminio o el níquel ese porcentaje se elevaría al 7,4% y 9,5%, respectivamente.

Ese mismo año, el reciclaje de baterías de vehículo eléctrico proporcionará el 84,5% y el 60,2% del volumen de litio y cobalto, respectivamente, que necesitarán las nuevas baterías que se produzcan ese mismo año.  En concreto, el reciclaje de las baterías de estos vehículos recuperará ese año 9.400 toneladas de materias primas fundamentales que permitirían fabricar 33.000 baterías sin necesidad de su extracción.

En lo que se refiere a Recyclia, gracias a nuestra actividad de recogida de residuos electrónicos, pilas y baterías en 2023 hemos sido capaces de recuperar un total de 12.922 kilos de aluminio, 81.700 de zinc, 1.727 de cobalto y 2.303 de litio, lo que además permitió evitar la emisión de 55.474 toneladas de CO2.

En conclusión, recuperar los recursos valiosos contenidos en los aparatos electrónicos y baterías en desuso es esencial para cerrar el ciclo de las materias primas críticas en las transiciones gemelas hacia un futuro más sostenible y digital. En Recyclia, nos comprometemos a dar una segunda vida a cada batería, pila, panel solar o dispositivo electrónico, integrándolos en una cadena de suministro más sostenible y resiliente. Nuestro objetivo es claro: que cada residuo fortalezca nuestra autonomía estratégica, contribuyendo así nuestro bienestar y crecimiento socioeconómicos.