OPINIÓN

El auge de los intangibles: un cambio que hay que reportar

Ángel Alloza,

CEO de Corporate Excellence - Centre for Reputation Leadership

Ángel Alloza

En los últimos años hemos atendido a un cambio muy positivo en materia de intangibles y, concretamente, en la reputación. Si bien llevamos años adelantando la importancia que estos activos tienen en el valor total de las empresas, en el último ejercicio observamos un incremento de la conversación global sobre este tema a través de la publicación de diversos estudios, en el comportamiento de algunos líderes o en la implantación de nuevas normativas.

El estudio “Global Intangible Finance Tracker (GIFT™)”, elaborado por Brand Finance, afirma que por primera vez en la historia el valor global de los intangibles ha alcanzado los 57,3 billones a principios de 2018. Este dato remite al 52% del valor global de todas las empresas que mundialmente cotizan en bolsa. No es de extrañar que Larry Fink, CEO de BlackRock, hiciera un llamamiento a los inversores y líderes empresariales para que pusieran foco en los intangibles.

Ya el informe “Tomorrow’s Investor Rules: Is your non-financial performance revealing the true value of your business to investors?”, elaborado por EY en 2017, aseguraba que para más del 80% de los inversores la información no financiera era esencial para identificar riegos a largo plazo. Además, aseguraba que el 68% de los encuestados tenía muy en cuenta factores ASG a la hora de tomar decisiones de inversión. A esto se debe sumar la reputación, activo cuya gestión preocupa cada vez más a los CEO. Los altos directivos comienzan a ser conscientes del valor de la reputación y del papel de la comunicación en la construcción de valor, como asegura el informe “2018 CEO and Board Risk Management Survey” de Deloitte.

Estas acciones ya no son parte de una decisión opcional de las empresas. Desde la aprobación de la Directiva 2014/95 de la Unión Europea sobre divulgación de información no financiera y diversidad, que España traspuso a través del Real Decreto-Ley 28/2017, la rendición de cuentas llama a la puerta de las compañías para que presenten los datos relativos a su actividad en RSE y buen gobierno. Esta nueva regulación da paso a un nuevo modelo de trabajo donde la sociedad está más presente que nunca en el sector económico y el impacto de las empresas, como actores fundamentales de los procesos sociales, es mirado con lupa para evaluar si se merecen o no pertenecer a esta nueva realidad.

Sin embargo, queda mucho trabajo por hacer. El informe de EY afirma que más del 60% de los encuestados pensaba que las empresas deberían reportar mejor la información relativa a sus riesgos medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo. A su vez, el “Global Intangible Finance Tracker” asegura que el 76% del valor intangible global -43,7 billones- sigue sin contabilizarse en los balances financieros. Para hacernos una idea: el valor de los intangibles ocultos durante 2017 alcanzó los 35 billones; un dato que ha aumentado un 25% año tras año.

Por todo ello, desde aquí me gustaría hacer un llamamiento a las empresas para que presten atención al reporting sobre intangibles y se preocupen por gestionar de manera excelente su reputación. Solo de esta manera obtendrán el pasaporte hacia el futuro y podrán ocupar un lugar distintivo en la sociedad. No hay opción: si se quiere perdurar en el tiempo, se tiene que replantear la relación con los intangibles. Y solo desde el buen reporting se podrá demostrar su impacto. Y ya lo advierto: es inmenso

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