ENTREVISTA

Los mercados financieros pueden inducir a mejorar ciertos comportamientos


Óscar Sierra Martín,

responsable del Área de RSC e Inversiones Éticas de Economistas sin Fronteras

Óscar Sierra Martín 06/03/2020

Economistas sin Fronteras es una ONGD fundada en 1997 por un grupo de profesores universitarios, activamente comprometidos y preocupados por la desigualdad y la pobreza. Desde su creación ocupa un espacio propio, trabajando sobre un área concreta de la realidad, la economía y sus relaciones con la pobreza y las desigualdades. Su principal objetivo es contribuir a generar cambios que permitan alcanzar unas estructuras económicas y sociales justas y solidarias, basadas en los derechos humanos.

 

 

Economistas sin Fronteras trabaja por una economía justa. ¿Cómo alcanzarla?

Una economía más justa tiene que abogar por una reducción de la desigualdad, porque una economía mejor distribuida y que no deje a nadie en la estacada es más justa que otra que sí lo hace. Para lograrlo trabajamos en diferentes líneas desde un ámbito económico global, a nivel de política económica y educación para el desarrollo, en el ámbito del emprendimiento desde el área de Economía Social y desde el área de RSC e Inversiones Éticas trabajamos con empresas y entidades del tercer sector ya establecidas para que los mecanismos de RSC que se han implantado en las últimas décadas se vayan asumiendo en el contexto empresarial y socioeconómico. Abogamos porque en un plazo determinado vayan mejorando su comportamiento, su responsabilidad con la sociedad y dejen de tener los impactos negativos que hemos visto en los últimos años y décadas.

 

Al final la responsabilidad de la empresa también pasa por su sostenibilidad …

Efectivamente, para una empresa es fundamental su supervivencia. Una empresa que quiebra por cualquier motivo no es responsable por el impacto negativo que genera, por ejemplo, a nivel social. El plano económico es importante, pero el problema llega cuando este es mucho más importante que el social y el medioambiental. No se trata de abandonar el plano económico, sino de equilibrar los tres ámbitos.

 

¿Cómo ayudan a las empresas a implantar políticas de RSC en su estrategia?

Nuestra visión de la RSC es más crítica que la del resto de actores y agentes empresariales. Desde Economistas sin Fronteras abogamos por una aplicación de la RSC más transversal e integral y no somos tan entusiastas con las típicas frases de que “la RSC está en el ADN de la empresa”. Creemos que, en general, queda mucho camino por recorrer para que esto sea una realidad. Entonces, trabajamos en asesoramiento y formación a empresas y, desde el punto de vista de sociedad, también trabajamos en el ámbito de la sensibilización. Pensamos que existen varias palancas que motivan a las empresas a tener un comportamiento más responsable. La legalidad es la primera de ellas, pero también está la sociedad y los consumidores, así como los mercados financieros o la reputación, porque cuanto más grande es la empresa, más riesgos tiene.

 

¿Cómo se trabaja con estos estamentos?

Desde el punto de vista del consumo responsable, trabajamos en formación en institutos y universidades porque si solo enseñamos a los estudiantes a maximizar el beneficio por encima de cualquier cosa, el día de mañana, cuando vayan a la empresa, replicarán aquello que han aprendido y no van a integrar los aspectos no económicos en la gestión empresarial. Es una forma de empujar a que la RSC vaya permeando, no solo a nivel empresarial sino también a nivel social Y también trabajamos desde el punto de vista de la Inversión Socialmente Responsable (ISR) y el análisis de las empresas, tanto a nivel de memorias no financieras como de proyectos, de cara a ver si una empresa se comporta mejor o peor, tiene una mejor rendición de cuentas, es más transparente, etc.

 

¿La ISR es una palanca importante que impulsa la responsabilidad de las empresas?

La ISR es una palanca de la RSC porque impulsa un mejor comportamiento de las empresas a través de los mercados financieros. En gran parte, la supervivencia de las grandes empresas depende mucho de la valoración que tienen en los mercados financieros y, lógicamente, son un grupo de interés importante que pueden inducir a mejorar ciertos comportamientos. Si los mercados financieros piden resultados, beneficios y rendimientos a corto plazo, la empresa no se preocupará de lo que pasará el año que viene o dentro de 50 años, se preocupará del corto plazo y de dar ese beneficio y ese rendimiento. Si, en cambio, exigen una sostenibilidad y unos rendimientos constantes en el largo plazo, entonces, la empresa se preocupará de establecer políticas y gestión en el largo plazo.

 

En los últimos años la ISR ha adquirido una mayor relevancia. ¿A qué cree que se debe?

Desde hace dos o tres años se ha producido un punto de inflexión que ha supuesto que, en el mercado comercial, los bancos españoles empiecen a apostar e invertir en líneas de productos ISR, aunque como todo hay que diferenciar entre cantidad y calidad. Creemos que ello se debe a distintos factores. Por un lado, por la influencia de la generación millennial, que tiene una mayor preocupación por la sostenibilidad y por los criterios no financieros, pero también por la parte de la oferta ha influido la publicación del Plan de Acción sobre Finanzas Sostenibles de la Unión Europea, hace un par de años, que supone la hoja de ruta que marca por dónde va a ir la legislación. Todo ello ha provocado un crecimiento del volumen de activos de inversión en ISR y que en la actualidad se sitúe en torno a los 200.000 millones de euros.

 

¿Qué establece este Plan de Acción?

Igual que sucede en la RSC, en el ámbito de las finanzas sostenibles existe un problema de falta de estandarización. Es decir, cuando las gestoras se ponen a analizar qué criterios eligen para decidir sus inversiones no hay un marco legal en el que basarse. Sabemos qué es ISR, pero no cuál es mejor. Hay un cierto consenso en el paraguas global, pero a la hora de aplicar los criterios a la realidad de las empresas es muy difícil el establecer parámetros homogéneos y estandarizar, y eso dificulta mucho diseñar los productos de inversión. Ahora, con el Plan de Acción, la Unión Europea está elaborando la taxonomía que desgranará qué es “verde” y qué no, pero aún tardará un tiempo en estar lista.

 

<b>¿Y qué pasa con los aspectos sociales?</b>

Efectivamente, con estas acciones tenemos una base, pero no hablamos de la parte social, porque resulta muy complicado medir el impacto social que tiene una organización. Puedes decir que es positivo, pero con las metodologías de medición actuales, es difícil establecer cuán positivo es el impacto social de una empresa y por qué. Además, ahora hay una mayor conciencia medioambiental y ya no se habla de cambio climático sino de emergencia climática. Es sencillo medir el rendimiento y la inversión de una empresa, y también es fácil calcular su impacto ambiental a nivel de consumos y de insumos, de recursos utilizados, la eficiencia del agua o las emisiones. Lo complicado es medir el impacto social que una empresa puede tener en la comunidad local.

 

¿Por dónde pasa el futuro?

No debemos perder de vista que hay aspectos ASG que se legislan o difícilmente la empresa va a encontrar factores positivos para justificar una inversión y, precisamente, ahí es donde la empresa puede demostrar si es o no responsable. Es difícil implantar medidas con las que la empresa no ve un retorno a corto plazo, por este motivo el sistema financiero y la inversión se están centrando más en la parte ambiental y en la gestión empresarial. Creemos que es imposible reducir a cero el impacto negativo de una empresa porque su propia relación con el entorno genera impactos negativos y positivos, pero sí es posible reducir al máximo los negativos.

 

Ley de Información no Financiera, necesaria pero insuficiente

Desde Economistas sin Fronteras consideran que la Ley de Información no Financiera y Diversidad, aprobada en 2018, es la más avanzada de Europa, pero lamentan su falta de concreción. Tal y como afirma Óscar Sierra, se trata de “una ley de transparencia porque no exige que una empresa sea mejor, sino únicamente que rinda cuentas sobre determinados aspectos”. Y añade: “La problemática surge cuando no estandarizas y no obligas a reportar indicadores concretos puesto que das libertad a la empresa para elegir los indicadores y eso tiene un riesgo. Eso es un ámbito de mejora. Ahora bien, es un avance importante que llevamos muchos años esperando”. Ahora, el siguiente paso para Economistas sin Fronteras será que en el desarrollo del reglamento de la ley, todavía pendiente, y en futuras revisiones se establezca un estándar de reporte.

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