ENTREVISTA

La gran diferencia de MSF es que salva vidas cuando realmente es fundamental hacerlo


Elena Martínez,

responsable de Colaboraciones Estratégicas de Médicos Sin Fronteras

Elena Martínez 11/02/2014

Asistencia y testimonio son las dos palabras que definen la acción médico-humanitaria que Médicos Sin Fronteras lleva a cabo en cualquier parte del mundo. El objetivo prioritario de la organización es contribuir a la supervivencia y aliviar el sufrimiento de las poblaciones en situaciones de crisis. Pero además de esta labor médica, MSF es a la vez un testimonio y denuncia de aquello que sucede.

¿Cuál es el principal objetivo de Médicos Sin Fronteras?
La misión de MSF es salvar vidas. Somos una organización de ayuda humanitaria que existe porque cuando hay conflictos, epidemias, crisis olvidadas…, hay muchísima gente atrapada que sufre, que no tiene la posibilidad de resolver su situación y que necesita un apoyo extra. MSF aporta esa ayuda necesaria y vital en un momento muy crucial. Es la organización que les da una segunda oportunidad. Somos muy conscientes de que ponemos tiritas, pero es que si no pones la tirita la gente se muere. En ese sentido no somos una organización de desarrollo, sino una organización que cree en la atención y en la ayuda sin importarle quién es el culpable. La gran diferencia de MSF es que salva vidas cuando realmente es fundamental hacerlo.

¿Cuáles son las principales características que debe cumplir una emergencia para que acuda MSF?
Somos una organización independiente y, por ello, toda nuestra acción se planifica y se orienta siempre en base a criterios médicos ya sea por el número de personas que fallecen o por la cantidad de personas que muestran determinados síntomas de una enfermedad. A partir de ahí se movilizan todos los protocolos de urgencia, basados en exploratorias que identifican estas necesidades médicas en el terreno, y se moviliza toda la maquinaria necesaria para estar cuanto antes. El principal problema es que hay demasiados sitios en los que urge estar y nosotros no podemos llegar a todos, con lo que lo más difícil siempre es elegir dónde podemos estar o dónde tiene un valor añadido que MSF esté.

Lamentablemente, hoy en día hay muchas situaciones críticas olvidadas en el mundo…
Cuando hay catástrofes naturales como un terremoto, un tifón, un huracán… los medios de comunicación ayudan a dar visibilidad a las crisis y hacen que la gente se vuelque y aflore toda su solidaridad. Pero lamentablemente hay muchos conflictos y emergencias que requieren nuestra atención y lo más difícil es elegir. Por ejemplo, en Siria, más de 120.000 personas han perdido la vida por un conflicto y es muy difícil recaudar fondos porque ha desparecido de los medios de comunicación, en cambio hay una emergencia como Filipinas, con una estimación de 10.000 personas fallecidas, y todo el mundo se vuelca por la repercusión mediática que tiene la catástrofe natural. En ambos casos estamos hablando de barbaridades, pero si lo pones en una balanza quizás es más pertinente la ayuda en Siria. Tenemos mucho que hacer para lograr recaudar fondos.

Precisamente estos criterios médicos por los que se guía MSF hacen que la organización tenga una elevada credibilidad…
MSF está presente en todas las crisis ya sean causadas por catástrofes naturales, conflictos, epidemias, desnutrición… Somos una organización médica y obviamente tenemos que estar ahí. Pero también existen situaciones de cuarto mundo, de marginalidad y de vulnerabilidad como los casos de migración en diferentes países de Europa o en México en las que MSF tiene una misión médica y de testimonio, de hacer visible lo invisible. Muchos de los proyectos de MSF tienen, en su origen, denunciar lo que está pasando. Por ejemplo, la India es un país con unos índices de desarrollo increíbles, pero también es el país del mundo donde hay más niños desnutridos. Por este motivo ahí tenemos un proyecto de nutrición mediante el cual no sólo tratamos la desnutrición sino que señalamos que el gobierno indio tiene un problema que debe solucionar. Esto hace que MSF sea una organización muy creíble. Una muestra de ello es cuando en agosto de 2013 MSF confirmó que había recibido 3.000 casos de personas en Siria con síntomas de armas químicas. Al final, que MSF confirmara algo que todo el mundo sospechaba hizo que la política se moviera. En este sentido somos muy conscientes de que el testimonio no es un fin en sí mismo, pero es una herramienta que bien utilizada puede ayudar a las personas a tener una segunda oportunidad. Ya no es una tirita.

¿Cómo se establece la relación entre MSF y las empresas?
La relación con las grandes cuentas, ya sean empresas o grandes colaboradores particulares, se basa en la proximidad y en la transparencia. Son dos claves que hacen que seamos muy próximos y que se involucren en los retos que tenemos. Cuando hablas con un director de RSC de una compañía que quiere hacer una aportación, por ejemplo para Filipinas, y le cuentas que es mejor destinarla al “Fondo de Emergencias”, si le implicas en la decisión y entiende lo frustrante que es tener tanto dinero para un sitio donde las operaciones están limitadas y tan poco dinero para otro en el que las necesidades son tan enormes, le haces partícipe de esa decisión y que se sienta parte de MSF. Ese es el objetivo que tenemos: hacerles partícipes de nuestros retos y de nuestros dilemas. Ahora estamos recolectando los frutos que hemos sembrado durante mucho tiempo, y tanto las empresas como los grandes particulares al final tienen una relación muy vinculada con nuestro día a día nuestro y son parte de esto.

¿Qué tipo de colaboración establecen con las empresas?
Tenemos diferentes formas de trabajar con empresas, ya sea por una donación específica o bien implicando a su ámbito de influencia en el sentido amplio, desde empleados a clientes, proveedores, etc. Finalmente un tercer ámbito de colaboración son las donaciones en especie. Dentro de estos tres ámbitos hacemos colaboraciones ad hoc.

¿Cuáles son los requisitos?
Cuando una empresa nos plantea que quiere colaborar con MSF, analizamos muy bien la propuesta y vemos si realmente vamos a ser el partner adecuado, porque no trabajamos con voluntariado sino con personal profesional. Cuando vemos que no hay matching no seguimos adelante porque genera mucha frustración tanto para ellos como para nosotros. Para MSF, el requisito indispensable es que sea una relación honesta desde el principio donde haya un win-win para ambas partes.
Somos muy honestos y cuando una propuesta no nos encaja lo decimos claramente, porque tenemos una base social de 600.000 personas en España que justamente quiere que sigamos en esta línea porque es lo que nos hace diferentes y lo que hace que no tengamos que rendir pleitesía a ningún interés.

¿Habéis notado un descenso de las colaboraciones a raíz de la crisis?
No hemos notado la crisis en los ingresos procedentes de empresas, porque de hecho sólo un 6,6% de los ingresos de MSF España proceden de empresas. No hemos perdido ni un ápice porque son empresas que están tan fidelizadas que son parte de la organización. Es una situación que nos hace sentir muy orgullosos: demuestra que el gran esfuerzo que hemos realizado durante tantos años por hacerlas próximas y partícipes de este trabajo, que es suyo, ha hecho que realmente lo entiendan y se sientan parte de él. Este cultivarles es clave y pasa por compartir el día a día, pero también los retos para que ellos nos ayuden a resolverlos con su expertise. La relación con la empresa es mucho más que una donación por una emergencia, es como un matrimonio.

¿Y a nivel público?
Obviamente nos afecta, pero sólo un 8% de los ingresos de MSF proviene de la administración pública y precisamente éste es uno de los dilemas que tenemos en la organización. Hay un grupo de personas que cree que no deberíamos tener nada de fondos públicos, otro que piensa que deberíamos tener más y un tercero que apuesta por el equilibrio porque no puedes pretender influir en las políticas del Gobierno si no tienes una relación fluida con él.

Cuatro décadas haciendo “visible lo invisible”


A principios de la década de los setenta dos grupos de médicos coincidieron en Francia. Unos habían sido testigos del genocidio de la minoría ibo durante la guerra de secesión de Biafra (Nigeria, 1968) y se sentían frustrados ante la obligación de guardar silencio que exigía la organización con la que trabajaban. Otros acababan de comprobar sobre el terreno la descoordinación e ineficacia logística con que se atendió a las víctimas de las inundaciones de 1970 en Pakistán Oriental (actual Bangladesh). Del inconformismo de ambos, nació Médicos Sin Fronteras.
Hoy en día Médicos Sin Fronteras es una de las principales organizaciones humanitarias independientes del mundo. Su objetivo es asistir a poblaciones a las que nadie puede o quiere llegar: víctimas de conflictos olvidados, de enfermedades que no afectan a los países desarrollados, pero que se cobran millones de vidas en otras partes del mundo, personas excluidas e invisibles para una amplia mayoría y que la organización no está dispuesta a ignorar.

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