ENTREVISTA

La presión por los resultados a corto plazo es la gran enfermedad de nuestras empresas


Emilio Tortosa,

presidente de Fundación Etnor para la Ética de los Negocios y las Organizaciones

Emilio Tortosa 30/01/2012

La Fundación ÉTNOR para la Ética de los Negocios y las Organizaciones es una organización sin ánimo de lucro creada en 1991 que ha conseguido que las empresas hayan pasado del escepticismo al convencimiento en lo que respecta a la ética.

Emilio Tortosa, asegura que, a pesar de que la ética no asegure el futuro de las organizaciones, las que no actúen bajo esta premisa lo tendrán más complicado para ser apreciadas por sus grupos de interés, condición sine quanon para su perdurabilidad en el tiempo.

¿Qué papel juega la ética en el panorama empresarial y organizacional actual?

Desde mi punto de vista, juega un papel crucial. Oímos todos los días que necesitamos generar confianza y no podemos olvidar que la confianza es un valor que se genera gracias a un compromiso de las empresas con un comportamiento ético.
Además, en situaciones de gran incertidumbre como la que vivimos es más necesario que nunca que las empresas se forjen una identidad, una manera de ser y hacer las cosas, y en esto la ética es un elemento clave.
En ÉTNOR estamos tan convencidos de esto que este año nuestro Seminario Permanente lo dedicamos al tema: “La ética como un factor de supervivencia para la empresa”.

¿Qué evolución han observado en este sentido desde el inicio de su actividad en 1991?

Sé que es complicado decir que la evolución ha sido positiva si tenemos en cuenta el momento que estamos viviendo en la actualidad, pero creo que es una realidad que se ha avanzado en la consideración por parte de la empresa, y de la sociedad en general, del papel que juega la ética en la mejora de la gestión. Cuando empezamos con la Fundación el tejido empresarial nos miraba con cierto escepticismo, pero hoy en día hemos conseguido pasar de la idea de que la ética era algo que no tenía cabida en las empresas a un convencimiento, al menos en el discurso, de que difícilmente una empresa puede perdurar en el tiempo si no integra la ética en la forma en que se interrelaciona con los diferentes grupos de interés.

¿La ética en la gestión y en los negocios se puede “aprender” o es algo con lo que “se nace” y que forma parte de la personalidad individual de cada directivo?

Como hemos dicho muchas veces en ÉTNOR, la ética se forja. Uno se va forjando una manera de ser y hacer las cosas a partir de unos valores que son aprehendidos socialmente. Esto, que parece obvio en las personas, también podemos aplicarlo a las organizaciones. Éstas, como el resto de la sociedad, han desarrollado y mejorado respecto a su sensibilidad ante las actuaciones inmorales. Y también hay muchas organizaciones que han aprendido que incorporar la ética es una opción más inteligente que no hacerlo.

¿La causa de la crisis económica, política y de valores que existe a nivel mundial es resultado de una falta de ética?

No únicamente, pero es cierto que cuando se analizan todos estos factores siempre se acaban encontrando cuestiones que tienen una clara raíz ética. El problema es que, como dice el Premio Nobel de Economía Amartya Sen, “la ética es como el oxígeno. Nos acordamos de ella cuando nos falta”.
Pero, más allá de las causas, lo que sí parece obvio es que para salir del difícil momento que estamos viviendo se tendrá que poner en valor lo que aporta la ética, lo necesario que es para todos tener empresas y una sociedad en su conjunto que tengan en la ética una palanca para el desarrollo futuro.

¿Qué lleva a las organizaciones a no actuar éticamente?

En primer lugar, creo que es bueno que las organizaciones como ÉTNOR, que nos dedicamos a estas cuestiones, reconozcamos que incorporar la ética en la gestión empresarial no es fácil. La ética tiene una característica que la hace peculiar frente a otros elementos de gestión: es un intangible. Por tanto, tenemos que seguir haciendo esfuerzos por desarrollar herramientas que ayuden a la gestión de la ética en las empresas.
Pero creo que para que lo anterior funcione es importante señalar que en la forma de gestionar las empresas que habitualmente vemos hay determinados enfoques que son un freno a que actúen éticamente. En concreto, creo que el fundamental es la presión por los resultados a corto plazo, que yo creo que es la gran enfermedad de nuestras empresas en la actualidad. Desde luego, si los resultados de todo lo que hacemos en la empresa tienen que ser en el corto plazo, la ética lo va a tener muy difícil para llegar a incorporarse en las organizaciones.

¿Qué futuro le espera a una empresa que noactúe con ética?

Siendo honesto, tengo que decir que la ética no asegura el futuro. Sería mentir decir que todas las empresas éticas tendrán futuro como tales. Pero sí es cierto que la ética ayuda a anticipar el futuro y, por tanto, a prepararse para hacerle frente y ganarle la partida. Podríamos decir que ser una empresa ética es una condición necesaria, pero no suficiente.
Pero si entendemos la ética no como un añadido, sino como algo realmente estratégico,
la empresa que no actúe así lo tendrá mucho más difícil para ser una empresa apreciada por sus diferentes grupos de interés, lo cual es necesario para que el proyecto perdure en el largo plazo.

La puesta en marcha de la ética y del resto de valores que representan la RSE ¿es una cuestión de convicción o de cierta obligación como respuesta a presiones externas?

Pues yo creo que es una cosa a medio camino y, además, que no se trata de tener que elegir entre la convicción y la estrategia, entendida esta última como aquello que nos ayuda a dar respuesta a las demandas o presiones del entorno.
Muchas veces se ha puesto a la empresa ante el dilema de tener que responder si lo que hacía lo hacía por convicción ética o por “mera estrategia”, pero yo creo que es un falso dilema.
Es habitual pensar que cuando las empresas hacen algo por estrategia, para responder a una demanda, entonces ya no merece el calificativo de ético. También ocurre lo contrario, y cuando las empresas que actúan éticamente obtienen buenos resultados le restamos valor a su apuesta ética. Es decir, que si algo se hace por convicción parece que tiene que ser altruista y cuando algo se hace por obligación entonces ya no es ético.
En mi opinión, debemos romper con esta idea ya que es una mala interpretación de la ética. La ética es rentable y la rentabilidad de la empresa es consecuencia también de un comportamiento ético, en el largo plazo.
Además, en muchos trabajos y estudios que existen sobre RSE se percibe que es cierto que hay una tendencia por parte de la sociedad en general a exigir a las empresas ciertos comportamientos, pero creo que, por desgracia, estamos lejos de tener un mercado que presione fuertemente a las empresas en esta materia. Por tanto, en muchas ocasiones si las empresas están incorporando estas cuestiones es más porque les ayuda a mejorar la gestión que por presión del entorno.

¿Qué opinión le merece la nueva Comunicación para la promoción de la RSE de la Comisión Europea?

El apoyo de Europa en esta cuestión es fundamental y tiene que liderar el discurso en materia de RSE. En este sentido, es una alegría que desde la Comisión Europea se haya vuelto a lanzar una Comunicación pública.
Cuando se empezó a hablar de RSE, a raíz del conocido Libro Verde, se decía que la RSE era básica para construir una economía europea competitiva. Yo sigo estando convencido de esto. A pesar de la situación compleja que estamos viviendo, creo que la salida tiene que venir acompañada de más ética y responsabilidad social de la empresa y no de menos. Que los países europeos estamos cada vez más interconectados es obvio y tenemos que ser capaces de construir conjuntamente un discurso que nos facilite salir al mundo con un proyecto propio y una identidad que nos haga sentir orgullosos de ser europeos.

¿Cómo pueden las empresas recuperar la confianza de los consumidores?

En primer lugar, estableciendo compromisos claros y transparentes en su relación con los diferentes grupos de interés. Y, por supuesto, luego cumpliendo estos compromisos. También creo que la empresa debe ahora más que nunca construir un discurso, una narrativa, que le ayude a romper con determinados estereotipos y prejuicios que a veces aparecen en la sociedad. La empresa es parte de la solución a los problemas que tenemos y no parte del problema.
En definitiva, desde mi punto de vista, diálogo y transparencia son los dos elementos clave que ayudarán a recuperar la confianza en las empresas.

La ética, un intangible necesario para que el proyecto perdure en el largo plazo

• La ética se forja. Parece obvio en las personas y también es aplicable a las organizaciones, que también han desarrollado y mejorado respecto a su sensibilidad ante las actuaciones inmorales.
• Tenemos que seguir esforzándonos en desarrollar herramientas que ayuden a la gestión de la ética en las empresas.
• La ética es rentable y la rentabilidad de la empresa es consecuencia de un comportamiento ético en el largo plazo.
• Es una alegría que desde la Comisión Europea se haya vuelto a lanzar una Comunicación pública.

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