El mundo no lo cambian nuestras declaraciones sino nuestras acciones
Víctor Viñuales,
presidente de Fundación Ecología y Desarrollo
15/07/2010
La Fundación Ecología y Desarrollo apuesta por un modelo de transformación de la realidad en el que ensalzar las buenas prácticas empresariales no lleve a renunciar a criticar las malas. “Las ONG somos los mejores diseñando los sueños de nuestra sociedad, pero para hacerlos realidad es imprescindible contar con empresas y Administraciones”, asegura Víctor Viñuales, quien está convencido de que a las palabras hay que sumar las actuaciones, porque “una declaración ha de ser siempre la antesala de una acción, no un sucedáneo de ésta”.
En ocasiones, las empresas ven a las ONG como “esos señores hippies” y las ONG a las empresas como “dilapidadoras de la naturaleza”, decía usted en su ponencia en el marco del Congreso Nacional de la RSE celebrado en Zaragoza el pasado mes de mayo. ¿Cuál es la visión de la realidad de la Fundación Ecología y Desarrollo?
Bajo nuestro punto de vista nos encontramos en una triple crisis –económica, social y medio ambiental– muy complicada que exige cambios importantes y urgentes. Debido al cambio climático, sería necesario que en menos de diez años cambiásemos nuestro modelo productivo, y eso es extraordinariamente difícil. Con la convicción de que nos encontramos ante una emergencia planetaria, nuestra visión es que, si hay solución, pasa por “el arrimar el hombro”’ de los principales actores del cambio social: empresas, Administraciones y ONG.
Es fundamental que estos tres actores se muevan, colaboren y se impliquen. Nos parece irreal pensar que podemos transformar el mundo con la masividad y rapidez que se necesita sin la participación de alguno de los tres. Pensamos en la colaboración, en la construcción de alianzas, que no quiere decir que renunciemos a las diferencias, pero por una vez en este país podríamos aprender a hacer dos cosas a la vez: debatir y colaborar.
Que podamos ensalzar algunas buenas acciones de algunas empresas no significa que nos parezca maravilloso todo lo que hacen, pero tampoco hay que hacer una descalificación apriorística, todo depende… Dentro de nuestra propia conducta hay acciones de las que nos sentimos orgullosos y otras de las que nos sentimos avergonzados. Y por eso a la empresa que hace algo negativo hay que criticarla, y a la que hace algo positivo, aplaudirla. Hay que hacer un análisis concreto de la empresa concreta y de la acción concreta.
¿ A qué se refiere con la colaboración de empresas, Administraciones y ONG?
Allí donde se han producido cambios rápidos es porque se ha producido una convergencia colaborativa de los tres actores. Por ejemplo, el bicing de Barcelona. ¿Por qué se ha producido? Porque coincidieron las reivindicaciones de movimientos ecologistas a favor del uso de la bicicleta, con una acción gubernamental que creó las infraestructuras y sacó una concesión y la gestión de una empresa que la ganó. La conjunción de estas tres cosas ha creado un cambio social y de cultura cívica.
Si continuamos con ese divorcio es muy difícil que las cosas cambien. Las ONG somos muy buenas en diseñar los nuevos sueños sociales, pero para hacerlos posibles las empresas y las administraciones son imprescindibles.
Hablando de proyectos concretos, el Cero CO2 es uno de los puestos en marcha por la fundación. ¿Cuáles son sus objetivos y qué acciones destacaría?
Cero CO2 pretende ofrecer una visión a medida del hombre del problema del cambio climático. A menudo, los problemas globales, y no hay uno más global que el cambio climático, tienen un efecto depresivo porque se perciben de grandes dimensiones (y si a la vez se contrasta con las posibilidades de acción que tiene uno), se deduce que no hay nada que hacer.
Con los problemas ambientales planetarios es necesario bajar la escala y también hablar de corresponsabilidad. La responsabilidad del presidente chino es mayor que la de un ciudadano anónimo pero éste también tiene también una responsabilidad, aunque pequeña. Por eso quisimos desarrollar una herramienta operativa para devolver poder y responsabilidad a las entidades, los ciudadanos, las empresas, las universidades…
Otra idea sustantiva del proyecto es la del cambio dual: para solucionarlo, cambia el norte y compensa en el sur. Reduzcamos nuestras emisiones en el norte y a la vez compensemos y ayudemos al desarrollo tecnológico en el sur, de manera que ese campesino chino que ahora quiere desplazarse de un lugar a otro, no tenga que hacer todas las estupideces que hicimos nosotros haciéndolo en un coche por persona, sino que disponga de una red de transporte público por la que pueda desplazarse. ¡Pero tendrá que moverse! ¡El desarrollo es necesario!
La propuesta de Cero CO2 pretende que se conozca la cuota, la parte de responsabilidad de cada uno. Ayudamos a que las empresas y organizaciones conozcan sus emisiones y por tanto su aportación al cambio climático y las cuantificamos, porque no se puede reducir lo que no se cuenta y finalmente que las puedan compensar con proyectos de compensación de emisiones que se desarrollan en el sur.
Es decir, que las empresas y organizaciones tienen que hacer un esfuerzo y “rascarse el bolsillo”, ¿qué opina, por el contrario, de las acciones que se limitan a solicitar una adhesión a algunos principios?
Nuestro planteamiento es diferente. En caso de Cero CO2 es necesario que las empresas actúen. Hay quien hace cosas sencillas, como una memoria de emisiones, y otros, además, reducen y compensan. Hay distintos grados de compromiso. Aunque lo importante es empezar. Un camino largo se empieza con un paso pequeño.
Lo importante es que se hagan cosas, porque el mundo no lo cambian nuestras declaraciones, sino nuestras acciones y lo que hay que reivindicar es que tenemos que actuar, que las palabras sirven, claro, pero sólo como preámbulo de la acción, no como una maniobra de distracción para no actuar. Muchas veces se utilizan como sucedáneo de la acción y no deben serlo, tiene que ser un preámbulo de la acción.
A menudo las empresas ven en el tema medio ambiental la oportunidad de hacer las cosas bien y ahorra costes. Eso no sucede con otros ámbitos de su responsabilidad que pueden requerir de inversiones. ¿Es el tema social el ‘herhermano pobre’ de la responsabilidad en estos tiempos de crisis?
Esta crisis nos revela que se ha hecho un crack en lo económico, al pretender maximizar los beneficios a costa de cualquier cosa; en lo medio ambiental, con lo urgente del cambio climático; y en lo social con la situación de pobreza y hambre en el mundo. Tenemos la convicción de que, para salir de la crisis, tenemos que reconciliar el desarrollo económico, social y medioambiental. Como en un sudoku, tenemos que solucionarlo todo a la vez no vale con resolver sólo las verticales o las horizontales, pues tampoco vale con salir de la crisis económica, si no lo hacemos de la medio ambiental o de la social.
La crisis nos ha dado suficientes datos de que el desarrollo económico, si no está bien sustentado, si no integra bien lo ambiental y lo socialo, no tiene futuro.
Tenemos que encontrar un modelo de desarrollo que reconcilie a la vez los tres ámbitos. No vale la esquizofrenia, no vale ser una empresa de melocotón ecológico, con sello medio ambiental, pero con verdaderos esclavos para su recolección. Ni lo contrario, que tenga unos magníficos contratos y que, sin embargo, esté contaminando un acuífero. Los planteamientos unilaterales ya no valen.
¿Qué opina de la RSP, la responsabilidad social personal?
Estamos hablando de lo mismo. Quizá al principio esa idea era básicamente corporativa. La RSC se
refería, básicamente, a las grandes corporaciones, pero en realidad estamos hablando de las empresas, las microempresas, las personas, las ONG, las Administraciones públicas… y su responsabilidad. El otro día estaba en una universidad que enseña acerca de energía renovable y yo pregunté, pero, ¿Cuánta energía renovable utiliza la universidad? No vale que se enseñe sobre energías renovables y no se aplique nada.
La responsabilidad social es la responsable de las consecuencias de nuestras acciones, y eso vale para las personas, para la parroquia, para el taxista, para todo. Y, por tanto, no hay que circunscribirlo a las grandes empresas. La idea de trasparencia empresarial, ¿no vale también para las Administraciones Públicas? Pues claro, ¿es que no cabe pensar que, gual que los altos directivos de las grandes cotizadas tienen que declarar sus salarios tenga que hacerlo también el Gobernador del Banco de España? Estamos ante las mismas obligaciones, en el mismo enfoque, en responder a las expectativas que los demás tienen sobre nosotros. Y, efectivamente la RSP, de las personas, la RSO de las organizaciones, la RSE de las empresas.
En definitiva, estamos en un mundo en que una de las palabras clave es la de la corresponsabilidad, responsabilizarse de su trozo de acera. La calle estaría limpia si cada uno barriera siempre su acera. Cada cual se responsabiliza de su trozo, el trozo de Endesa es muy grande y el de un bedel de la universidad es más pequeño, sí, pero cada uno tiene su trozo.
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