ENTREVISTA

Nos está costando mantener las prestaciones empresariales


Juan Vicente Peral,

presidente de Federación Española de Bancos de Alimentos

Juan Vicente Peral 30/05/2019

Durante la celebración del XXIII Congreso Nacional de FESBAL, que tuvo lugar en Valencia a mediados del año pasado, Juan Vicente Peral fue nombrado presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos (FESBAL). Revolucionario en sus ideas, Peral quiere trasladar a la Federación el pragmatismo que ha caracterizado su gestión al frente del Banco de Alimentos de Alicante.

 

A mediados del año pasado asumió la presidencia de FESBAL. ¿Cómo asume su mandato?

Soy miembro del Comité Ejecutivo de la FESBAL desde 2010 y, como director del Banco de Alimentos de Alicante, procedo del nivel ejecutivo de los bancos, no del representativo. Por tanto, conozco el funcionamiento de los bancos desde abajo y ello hace que siempre aporte pragmatismo en la toma de decisiones porque sabes cuándo una decisión va a ser poco práctica o inviable.
En los últimos años, por circunstancias internas de la Federación, fui tomando determinadas responsabilidades, incluso más allá de las que me correspondían como vocal, y al final mis compañeros decidieron que asumiera responsabilidades más complicadas que estaba haciendo sin tener título. Mi nombramiento ha sido un proceso natural de selección.

 

Afirma que procede de un banco heterodoxo. ¿Por qué?

El Banco de Alimentos de Alicante es heterodoxo, pero eficaz en el sentido que, probablemente, con el menor número de voluntarios estables de toda España alcanzamos una cifra notable que nos sitúa entre los diez primeros bancos de alimentos.

 

¿Cómo lo consigue?

A base de mucha descentralización, mucha delegación y compartir determinadas tareas con las entidades benéficas con las que operamos como mayoristas, porque el Banco de Alimentos de Alicante realiza la función de mayorista en la provincia con una red de minoristas que son las entidades benéficas que atienden a las personas físicas. Nosotros hacemos un uso noble de esa red de minoristas para llegar adecuadamente a los supermercados en las grandes recolectas y retirar las mermas de las grandes superficies. Piensa en la red de personas que debes tener si, desde la central del banco, tienes que distribuir voluntarios en todo el ámbito provincial para recoger los alimentos, llevarlos al almacén del banco, clasificarlos y volverlos a entregar al lugar de origen porque las grandes superficies quieren que la ayuda se quede en beneficio en los municipios donde ejercen su actividad comercial. Con este sistema, evitamos el transporte de mercancía, la clasificación de la misma y cientos de voluntarios para hacer esa tarea, además de ahorrar en gastos como furgonetas, carburante o primas de seguros.

 

Entonces el Banco de Alimentos de Alicante hace la función de nexo entre el supermercado o hipermercado y las entidades sociales….

Efectivamente, nosotros encajamos los supermercados con las entidades benéficas del lugar y les damos todas las instrucciones, les facilitamos los materiales que nos hace llegar nuestra Federación (cajas, bañeras de cartón, bolsas, petos, carteles, etc.) y ellos mismos, que están emparejados con algún supermercado de su localidad, llevan los materiales, ponen los voluntarios, cubren el horario y recogen los alimentos para atender directamente a sus beneficiarios, puesto que ellos son los que preparan los lotes individuales.
Por otra parte, las entidades sociales también son las que recogen las mermas de los hipermercados, puesto que quieren que se les recojan los alimentos perecederos todos los días y los no perecederos una vez a la semana. Si yo tengo que hacer eso en toda la provincia,¿qué flota de vehículos tengo que tener con sus chóferes, primas de seguros, mantenimiento, carburante…? ¡Sería una locura!

 

¿Cuáles son las cifras que están consiguiendo en la actualidad?

Vamos manteniendo un nivel muy alto de recogida a pesar de que, a partir del 2013, ha descendido ligeramente el número de beneficiarios finales. En la actualidad, la FESBAL está recogiendo cerca de 150 millones de kilos de alimentos anuales y en el momento más álgido de la crisis teníamos unos dos millones de beneficiarios finales, que ahora se sitúan en cerca de un millón y medio. Esto significa que estamos dando más kilos de alimentos por persona y año que los que dábamos en el peor momento de la crisis, donde la sensación era de impotencia y desbordamiento absoluto. Ahora, aun manteniendo una situación que no es suficientemente buena, tenemos la sensación de que está controlada porque no han bajado las captaciones de alimentos de la Unión Europea, del Estado, de retirada de productos del mercado y de donaciones. No solo no ha disminuido, sino que incluso ha aumentado un poco.

 

Entonces es una buena noticia, ¿no?

Afortunadamente, tenemos una sensación de que, afortunadamente, la situación está controlada. La gran bolsa de beneficiarios que había se ha ido reduciendo. Pero el reducto que queda es el más duro porque son los crónicos, los parados de larga duración que, por falta de preparación o porque no han entrado en el mundo tecnológico, están totalmente fuera del mercado.  Entonces, probablemente, para reducir esa bolsa de pobreza, que ya cuesta reducir, habría que incorporar otras medidas de inclusión social como podría ser formación, preparación de curriculums y entrevistas personales o la mejora de la cualificación.

Estamos hablando de parados de larga duración que no hay manera de encajarlos en el esquema laboral, ni siquiera a niveles muy modestos.

 

A nivel corporativo, ¿la colaboración con las empresas se mantiene estable?

Nos está costando mantener las prestaciones empresariales porque, entre otras cosas, se está produciendo un cambio generacional en los departamentos de RSC que provoca la entrada de gente joven con otra mentalidad y otra visión del mundo. Además, los vaivenes de la economía y de la política están generando incertidumbre y provocando que las empresas ajusten sus presupuestos de acción social.

 

No obstante, la sociedad española continúa siendo generosa, tal y como muestran las cifras de la Gran Recogida…

Sí, sin duda la sociedad española es la que mejor responde de toda Europa y en la Gran Recogida somos los campeones en kilos donados por habitante. Hay una docena de países que organizan la Gran Recogida y, entre todos, sumos unos 45 millones de kilos, de los cuales 21 proceden de la FESBAL. Es decir, el 50% de lo que se recoge en toda Europa corresponde a España. Pero si además dividimos los millones de kilos recogidos entre el número de habitantes la distancia es todavía mayor. La sociedad española es muy solidaria, no hay nada que reprocharle.

 

¿El desafío continúa siendo la captación de voluntarios?

Reclutar voluntarios para acciones puntuales como la Gran Recogida no es difícil, pero en la medida que aumenta la posibilidad de encontrar empleo ya no es tan fácil encontrar voluntarios estables y la cantidad de alimentos que movemos no es para aficionados. Para que los bancos de alimentos funcionen de manera correcta, necesitamos contar con personas estables y comprometidas con un horario fijo porque, a modo de ejemplo, todos los días salen una media de 10.000 kilos de alimentos del Banco de Alicante.

 

¿Qué retos de futuro tiene la FESBAL encima de la mesa?

Ahora tenemos que pensar si, además de las ayudas alimentarias, nos iniciamos en cometidos de formación y preparación que permitan a las personas reinsertarse en el mercado laboral. Para ello tenemos que hacer, previamente, unos foros de debate, realizar cursos y preparar a nuestra gente para que pueda afrontar este reto.

En primer lugar, tenemos que empezar a trabajar con las entidades minoristas para saber en qué ámbitos pueden ayudar directamente y prepararlas para ello porque nosotros, de momento, no llegaremos directamente a los beneficiarios. Siempre pasaremos por entidades benéficas y tenemos que prepararlas para que sean capaces de hacer mucho más que la entrega de alimentos. Para ello, les debemos ayudar a tener una buena gestión, porque muchas de ellas no saben pedir ayudas o justificarlas, y, posteriormente, tenemos que formar a formadores para que ellos, a su vez, puedan enseñar a los beneficiaros. Este es el trabajo en el que tenemos que pensar para ayudar más y mejor al beneficiario final a través de la entidad.

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